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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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Cuando lo que vale es el espacio

Por Miguel Grinberg. El sur de la Ciudad concentra hoy la mayor parte de los espacios verdes. Históricamente postergada, esta zona concentra gran cantidad de proyectos para aprovechar las áreas sin edificar.

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Reserva Costanera Norte. Reserva Costanera Norte.

El actual afán cementificador del gobierno de la CABA revela su fa­voritismo hacia expansivos inte­reses de expansión inmobiliaria, bajo el pretexto de brindar “viviendas socia­les”, más un vago discurso sobre la consolida­ción de una “ciudad verde” (premisa honora­ble que no se verifica en la vida cotidiana de los porteños). Basta observar la suciedad que impera en la ciudad de Buenos Aires y la de­crepitud creciente de sus veredas, adornadas habitualmente con caca de perros. 

La mira municipal “civilizadora” apunta ahora sobre zonas donde todavía pueden verificarse remanentes de vida silvestre, tanto hacia el sur de la capital (el Parque Al­mirante Brown) como hacia el norte (un hu­medal situado junto a la Ciudad Universita­ria). Se trata de dos áreas estratégicas que estimulan la imaginación de todo inversor inmobiliario.

En esa región sur de la urbe porteña, el mencionado parque remite a una superfi­cie de 1.400 hectáreas que abarcan las de­nominadas Villa Lugano y Villa Riachuelo. Un estudio de investigadores del Conicet nos cuenta que a principios de la década de 1940, la instalación allí del basurero mu­nicipal (o la Quema) —donde se vertían los residuos del resto de los barrios de la ciu­dad— desalentó el proceso de poblamien­to del barrio y el atractivo del área para el desarrollo inmobiliario privado. Hasta la im­plementación del sistema de tratamien­to de basura por parte de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), en 1977, el 70% de los residuos de la ciudad se depositaba en los bañados de Flores, de los que Villa Lugano formaba parte. Y se agrega:

“Los grandes y medianos complejos de vivienda social existentes en el barrio reve­lan, por un lado, la poca importancia que el mercado inmobiliario le asignó a la cons­trucción residencial. El desarrollo de las vi­llas reconoce orígenes y dinámicas específi­cas. El barrio Villa Lugano tiene dentro de sus límites cuatro de las 23 villas existen­tes en la ciudad: Villa 15 (Ciudad Oculta y Núcleo Habitacional Transitorio Avenida del Trabajo), Villa 17 (barrio Pirelli), Villa 19 (ba­rrio Inta) y Villa 20. Las primeras urbaniza­ciones informales comenzaron a desarro­llarse durante la década de los cuarenta: la Villa 20 es la segunda en importancia en la ciudad de Buenos Aires.” La llamada “pro­ducción social de hábitat” plantea desafíos de primera magnitud.

Los relevamientos zonales indican que en el borde de Villa Lugano, que linda con el barrio Villa Soldati y compartidos con éste, se localizan el Parque de la Ciudad (de entretenimientos, clausurado en la actua­lidad) y el conocido como Indoamericano. Este último es el segundo espacio verde pú­blico de mayor tamaño de la ciudad y cuen­ta con unas 130 hectáreas de paseos y ar­boledas de distintas especies.

La intención de construir dos lagos arti­ficiales no ha sido acompañada por un re­levamiento de la flora y fauna silvestre to­davía presente en tal región, y podría estar enmascarando planes laterales para el de­sarrollo habitacional y recreativo, altamen­te tentador para los emprendedores ce­mentistas, con la eventual implantación de supermercados, torres de departamentos y centros de compras. Y, claro está, la poten­cial implantación de distritos industriales.

A su vez, la hipótesis de convertir los bañados de la Costanera Norte en una “re­serva ecológica” no ha definido políticas específicas naturalistas sobre el bosque y el humedal allí existentes, que hasta aquí –a diferencia de la ya urbanizada Villa Lu­gano– han sido inaccesibles. Un inventario del relevamiento realizado por la UBA indi­ca la existencia de más de doscientas espe­cies vegetales y un número similar de ani­males vertebrados.

El objetivo de esta iniciativa sería “trans­formarlas en un espacio público para el uso de los vecinos”. En nuestra ciudad, el peli­gro de la intervención mejoradora munici­pal suele empezar con la construcción de senderos de cemento. Basta visitar el veci­no “parque” de la Memoria, para ver las desafortunadas manifestaciones del pa­roxismo cementista.

Fuente Especial para Diario Z
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