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TEMAS DE LA SEMANA

Crossfit: secretos de una moda que crece

En los gym está de moda el crossfit. ¿Es peligroso? ¿Quiénes lo pueden practicar? Opinan los especialistas.

Por Ayelén Iñigo
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Son las 9 am de un sábado en el barrio de Caballito. La temperatura no supera los 12° pero eso parece no importarles a las 300 personas que esperan en la calle que comience la competencia de crossfit (esa nueva práctica deportiva que muchos llaman “entrenamiento militar” y que ya es moda en todo el mundo). A pesar del frío –y de que sea sábado– todos estos porteños están dispuestos a pasar el día entero levantando peso y haciendo ejercicios intensos que los van a dejar con la lengua afuera. Y esto no es una excepción: el boom de prácticas deportivas como el crossfit o el running crece año tras año. En la Argentina hay más de 400.000 personas que practican crossfit y mientras que en 2008 los inscriptos en las carreras de 21 km rondaban las 2.000 personas hoy ya superan los 19.000.

“El deporte es vida”, dicen muchos. ¿Pero acaso existe un momento en el que ya no lo es? ¿Cuál es el punto en el que el entrenamiento puede ser tan intenso y obsesivo que deja de ser una práctica saludable?

“Nuestro cuerpo está preparado para hacer actividades de altísima intensidad, porque si no no hubiésemos sobrevivido desde la prehistoria hasta hoy. Nadie se muere por hacer ejercicio”, dice Alberto Ricart, médico deportólogo y ex presidente de la Federación Argentina de Medicina del Deporte.

Sin embargo, el experto explica que hay muchos parámetros en juego para poder hablar de prácticas saludables.
Para empezar a entender hay que saber que la actividad física se mide en FITTT: frecuencia (cuántas veces por semana se realiza), intensidad (de leve a máxima), tiempo (cuánto dura la actividad), temporalidad (durante cuántos meses o años se practica) y tipo (aeróbica, de fuerza). Frente a todos estos parámetros, Ricart detalla que “el problema comienza cuando hay frecuencia alta, intensidad alta y poco tiempo de recuperación. Una práctica con alta intensidad tiene que tener una base de descanso, alimentación y entrenamiento, en ese orden. Está muy mal entrenar y recién después preocuparse por si se duerme o se alimenta bien”.

Cuando alguno de estos parámetros falla se empieza a producir el daño. Al principio es mínimo y casi imperceptible, pero si el desequilibrio continúa se produce el llamado “síndrome de saturación deportiva”, en el cual los órganos comienzan a cansarse y la persona siente un desgano general que lo lleva a la fatiga y la somnolencia. Si se practica una actividad de fuerza, este cansancio general puede derivar en una mala práctica del deporte, con sus consecuentes lesiones, hernias y desgarros.

Sin embargo, la actividad física es esencial en nuestra vida y sus beneficios son indiscutibles. Ayuda a bajar de peso, a disminuir la presión y el colesterol, a prevenir el cáncer y a aumentar la circulación sanguínea de todos los tejidos del cuerpo. Además, tiene un componente altamente adictivo porque libera endorfinas (la “hormona de la felicidad”), que te ponen alegre y optimista.

Cuidarse es lo primero

Entonces, ¿cómo sé que estoy realizando una actividad física saludable? ¿No es peligroso que se convierta en una obsesión? “Hacer deporte nunca es un riesgo en sí mismo, aunque lo practiquemos seis veces por semana”, responde el deportólogo Ricart. “De hecho, estudios recientes demuestran que estamos subutilizando nuestro cuerpo. Lo estimulamos sólo un 5% de su capacidad.”

De acuerdo con el experto, lo esencial es realizar una actividad acorde con nuestras capacidades y por eso son muy importantes los chequeos médicos. “En cuanto al descanso, lo que importa no es la cantidad de horas que se duerme sino la regularidad en el horario de levantarte y acostarte. Si lo cambiás una hora más o menos ya afecta el reloj interno del ser humano y eso disminuye nuestras capacidades y nuestra energía.”

Si hablamos de chequeos, es obligatorio el control básico anual de nuestro médico clínico y un electrocardiograma en la edad de la primaria y uno en la secundaria, que es suficiente hasta los 35 años. Ricart explica que “ese primer estudio sirve para detectar problemas congénitos en el corazón. Los problemas adquiridos necesitan más de 20 años para aparecer y son producto de la mala alimentación y el sedentarismo, entre otros factores”.

Después de los 35 cada persona tendrá que hacerse más o menos estudios según las afecciones que le encuentre su médico.

Por último, la aptitud para practicar determinada actividad física debe estar dada por el entrenador y no por el profesional de la salud. “El profesor es quien conoce el deporte y sabe cuánto puede hacer cada persona. El médico sólo puede dar el visto bueno en cuanto a la salud o la enfermedad, pero está mal pedirle el apto médico”, detalla el deportólogo.

¿Esto es para mí?

Una duda que preocupa a muchos amateurs de la actividad física es cuánto son capaces de soportar. Maratones, carreras de 21 km, clases de crossfit. ¿Qué sí y qué no?

“El crossfit es para todos”, asegura Mariano Stamati, coach de Aquila, uno de los boxes (gimnasios exclusivos de esta actividad) de Capital Federal. Y agrega: “Entre un atleta de elite y una persona común sólo difiere el grado y la intensidad de la práctica, pero no el tipo de necesidades. Los beneficios que te da son igual de importantes en los atletas como en nuestros abuelos”.

El crossfit fue creado en primera instancia como una técnica de entrenamiento para militares de Estados Unidos, hasta que se descubrió que gracias a sus movimientos funcionales y variados ayudaba a mejorar muchos aspectos del cuerpo: potencia, fuerza, resistencia, coordinación, flexibilidad, agilidad y equilibrio. Entonces comenzó a practicarse en el mundo entero para todo el que quisiera probarlo.

Cualquiera puede practicarlo, lo importante es ir a un lugar que cumpla con los requisitos de habilitación y de buenas prácticas (ver recuadro) y que el entrenador haga los controles necesarios con cada persona que quiere acercarse a esta práctica.

“Se debe evaluar qué actividad venía haciendo, si tiene algún tipo de lesión, cómo la trató. Y en base a eso se le arma una rutina diferente en el caso de que no pueda hacer algunos ejercicios”, detalla Mariano Stamati. Lo mismo sucede con el running y con cualquier tipo de actividad: lo importante es hacerse los chequeos básicos y que el entrenador diga qué intensidad puede soportar cada individuo.

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La clave es realizar una rutina acorde a las capacidades de cada uno.

Fuerza de superhombre

No se puede hablar de deportes sin abordar el tema de los suplementos y los anabólicos. Los suplementos (de vitaminas, hierro, proteínas) son moneda corriente y se venden en muchas dietéticas o gimnasios. Si bien son legales y no implican ningún riesgo para la salud, el deportólogo Alberto Ricart recomienda tener cuidado con su consumo ya que pueden generar adicción: “Es incorrecto que los gimnasios vendan suplementos, porque eso le corresponde al nutricionista o al médico. La suplementación puede ser natural por medio de la ingesta de determinados alimentos, aunque también pueden tomarse comprimidos o preparados. Pero es importante tener en cuenta que para medicar tiene que haber diagnóstico de una patología. Si no en esos casos es cuando empieza el problema y la adicción innecesaria”.

Los anabólicos son un mundo aparte. A pesar de ser ilegales y de estar prohibidos en la Argentina, muchos los siguen consumiendo para aumentar su capacidad de rendimiento y mejorar estéticamente la musculatura. Según un estudio realizado por el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos, en los últimos años el consumo de anabólicos esteroides representó el 90% de este tipo de productos.

“En estos medicamentos reside el verdadero riesgo del deporte”, advierte Alberto Ricart. “Los anabólicos son peligrosos porque generan daños en el hígado y los riñones, que son los tejidos más complicados de los adultos”, finaliza.

DZ/nc

Fuente Redacción Z
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