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Cristóbal Jodorowsky: Un Juego de amor y sanación

Presenta una obra colectiva, creada por 18 artistas de diferentes países, que resulta una experiencia teatral especialmente intensa.

Por Diego Oscar Ramos
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cristobal_jodorowsky

No es exagerado decir que la obra Amor de mis amores, anuncia­da como “una tragicomedia que une psicomagia, teatro, música y danza como un “camino de sa­nación”, es una experiencia escénica única. Y es que, si bien puede ser visto como un musical que habla, canta y baila al amor en múltiples manifestaciones, los 18 artistas en escena entregan una especie de ritual sanador de antiguas heridas emocionales, esas que terminan definiendo la manera en que se van desarrollando nuestros vínculos afectivos. Como heredero de la unión de arte y espiritualidad hiciera su padre Ale­jandro Jodorowsky, verdadero referente es­piritual global actual, Cristóbal Jodorowsky usó con los actores que dirigió unas cuan­tas herramientas de la psicomagia, discipli­na que busca sanar viejos traumas a través del contacto intenso con contenidos poéti­co simbólicos que tocan directamente al in­consciente. El teatro que impulsa este artis­ta chileno-mexicano, reconocido tanto por sus acciones teatrales como por su traba­jo con el cine o la pintura, presenta un jue­go en tiempo real, con imágenes que pue­den ser shock, pero también caricia, para impulsar al espectador a vivir las relaciones de manera constructiva y ya no más como depósito de viejas frustraciones o dolores de la infancia.

¿Podría decirse que al crear colectiva­mente esta obra puso en juego mucho amor?

Sí, pues me siento enamorado de este pro­yecto, del proceso que hemos hecho. He cre­cido mucho y me he desarrollado, he apren­dido, he descubierto, he llorado, he reído, he transformado algo en mí. Eso ha amplificado el amor que existe en mí y también en la gen­te con la que estoy trabajando. Ellos son ge­nios, con quienes nos conocimos en audicio­nes de tres días, donde elegí a 18 personas de países, fisonomía y sensibilidad diferente.

¿Buscaba algo en particular?

Una sensibilidad y una capacidad intuitiva de escucha y transformación de sí mismo. Y también lo histriónico, por supuesto, por­que son actores. La particularidad que tiene esto es que es una búsqueda estética de ex­presar lo que he desarrollado como proce­so terapéutico, pero a través de la emoción y la sensibilidad, es decir, quie­ro expresar la vida a través de la emoción. Hice traba­jar a los actores con situa­ciones personales, los puse en situación emocional, más que representar están vivien­do cosas delante de la gente, no trabajan con emociones representadas, sino que las viven. El proce­so es ritual. Tuvimos una larga preparación, donde vivimos una forma de posesión gru­pal por una dimensión más amplia de noso­tros mismos. Invocamos dentro de nosotros una energía de amor, para poder transmitirla y quizás, hacer que por contagio el especta­dor se abra. Estamos tratando de crear todas las condiciones necesarias para que eso su­ceda, a nivel de rigor, de claridad, de lectu­ra, en lo visual y musical, para poner a todo el mundo en condición de percibir con no­sotros y entrar en la piscina amorosa en la que nos estamos bañando. Esto no sólo es una obra de teatro, sino que estamos traba­jando juntos, pasándola bien y creando algo que queremos compartir. Esta obra es pro­ducto del amor.

El teatro contemporáneo ha trabajado muchas formas de que­brar la distancia con el espectador, en todo tipo de happenings.

Eso ya se hizo. Entonces por qué lo voy a hacer. Ya no quiero quebrar, no estoy haciendo ninguna rotura. Todo es delicadito, hecho con amor. No hago teatro contestatario ni de rebel­día o de provocación. Ya se terminó aque­llo de andar provocando al mundo. Creo que es una época de proponer, de llevar a las personas algo positivo. Pienso que es­tamos en la era de la autorresponsabiliza­ción de nuestros propios estados de con­ciencia, de alma, de emociones. Ya somos conscientes de que hay neurosis y de que cada quien tiene que sanar la suya, para no estar como niños gritando y chillando, por­que eso es infantil.

¿Estamos en época de proporcionar ri­tuales de integración?

Sí, de madurez y amor, eso es lo que pro­pongo al final del espectáculo, donde ha­cemos un ritual consciente de maduración. Los actores empiezan en estado de cons­ciencia infantil y terminan en estado de conciencia de adulto.

Da la sensación que es muy placentero trabajar con este tipo de arte.

Sí, nos divertimos mucho. Hemos reído y llorado mucho. En la obra mostramos si­tuaciones fuertes pero de una forma que nunca va a destruir a alguien, sino que lo abrazamos.

• Amor de mis amores. Lunes a las 21 en el Teatro Apolo, Corrientes 1372. Entradas: $150.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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