Tiempo en Capital Federal

16° Max 12° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 66%
Viento: Sureste 38km/h
  • Miércoles 21 de Octubre
    Cubierto13°   17°
  • Jueves 22 de Octubre
    Cubierto con lluvias14°   17°
  • Viernes 23 de Octubre
    Muy nuboso17°   21°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Cristian Alarcón, cronista de la belleza que hay en el lodazal

Una investigación sobre los pequeños narcos de las barriadas confirma la maestría del autor.

Por nahuel-mercado-diaz
Email This Page

Cristian Alarcón sonríe sentado al sol en un banco del parque Lezama: «Esto es para que no crean que soy un escritor sufrido y marginal», dice, y posa ante la cámara. Su primer libro fue Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, una crónica sobre los pibes chorros y la cultura tumbera. Esa tarea de cronista de las márgenes lo llevó nuevamente a los rincones periféricos de la ciudad, al submundo donde se desarrolla la trama de su nuevo libro: Si me querés, quereme transa.

Alcira es transa, una suerte de comerciante minorista de droga en la villa. Se la compra a los capos que manejan el negocio del narcotráfico a gran escala: «Los clanes pequeños son matriarcales y la madre es castradora. Te castiga pero luego te abraza, no expulsa. He visto más de una vez cómo hacen reducción de daño con los consumidores, les venden hasta determinado punto, cuando ven que el daño es mucho dejan de venderles y les vuelven a vender cuando se recuperaron», cuenta Alarcón. Durante los seis años que duró la investigación, el autor se sumergió en un mundo marcado por la violencia, la droga y la miseria. Compartió sus celebraciones, escuchó a los protagonistas por los pasillos de la villa y hasta apadrinó a un hijo de Alcira: «Resistí al tipo que se negó durante mucho tiempo a concretar ese compromiso y a revelar esta especie de mal paso para el periodista que es acceder a crear y sostener un vínculo afectivo, amistoso, con alguien como Alcira. Y no me arrepiento, creo que muchas veces lo literario no sólo se escribe sino que se experimenta, me considero un escritor de experiencias. A veces siento que hay otra literatura no escrita que está ocurriendo cuando vuelvo a ver al niño, a su madre, o tengo que intervenir de alguna manera casi siempre quirúrgica en esos avatares», dice Alarcón. El clan de Alcira, de los Reyes, de los Valdivia, entre otros, se disputan el negocio del narcotráfico en plena ciudad conformando una trama a sangre, fuego y ambición, junto a la fe en el Señor de los Milagros, el Cristo negro que acompaña a los peruanos allí donde se encuentren.

«El esfuerzo está puesto en que el lector acompañe la intensidad de la vida de estas personas desde el comienzo hasta el final como en una crónica. Pero el libro es producto de una investigación periodística. Lo único que se cambió son las identidades para proteger la seguridad de los testigos, de los que hablaron conmigo, y la mía propia», afirma Alarcón. El autor llegó hasta el Perú, para buscar en la selva de Caja de Agua, en San Juan de Lurigancho, las huellas de los personajes y su relación con Sendero Luminoso. Alarcón hurgó en los expedientes judiciales que condenaron a cientos de senderistas. Los que lograron escapar de la justicia y lograron migrar, hoy se encuentran en las antípodas del sueño guerrillero.

Hay un párrafo que dice: «La verdad está lejos de las comisarías y los tribunales. La verdad sólo está en la calle».
Es así: en algún momento pretendieron que colaborara con la justicia, y por supuesto que me negué. Me sentí tremendamente ofendido, pretendieron que les presentara fuentes, algo que un periodista no tiene que hacer excepto en casos de violación de derechos humanos. Cuando uno está trabajando en la investigación e intentando comprender su complejidad, tiene que defender lo que le permite hacerlo. En el momento en que se declina esa ética por alguna oferta de información, está poniendo en riesgo a otras personas y sobre todo a su investigación.

Martín Caparrós dice que tu libro no es ni novela, ni crónica, ni investigación.
Para mí es interesante esa ambigüedad, ser inscripto en esta frontera. Creo que lo puedo definir como una novela de no ficción de largo aliento, un esfuerzo en mi compromiso con el periodismo.

¿Volviste a ver a tus personajes?
No pude hablar con los capos, no considero elegante aproximarme sin tener alguna señal. Pero tengo cierta tranquilidad sobre el respeto con el que abordé hasta lo más abyecto de sus acciones. Me sorprendieron los investigadores judiciales, que se negaron a darme expedientes, y ahora se muestran sorprendidos y satisfechos de la lectura. Suelen decirme que finalmente comprendieron, aunque antes habían leído cientos de páginas de expedientes sin entender realmente qué pasaba.

¿En qué estás trabajando?
Voy a profundizar el camino a lo rural, pero voy a mantener una investigación que nace de este libro, y tiene que ver con la transnacionalidad en el narcotráfico. Quiero profundizar la relación entre transnacionalidad y subjetividad. Pero estoy necesitando cierta belleza evidente y obvia porque la he buscado en el lodazal y la miseria, que la hay. Quizás necesito algo más directo, más a la vena.

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario