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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Costanera Sur: lista para recibir la primavera

A minutos del centro, ceibos, garbancillos, enredaderas de nombres caprichosos, colibríes, garzas y tortugas abren la puerta al Río de la Plata.

Por Juan Carlos Antón
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Y la naturaleza le ganó al cemento. La historia de la Reserva Ecológica, donde se planeaba construir un centro administrativo con rascacielos y avenidas, podría contarse como la del verde que logró imponerse, tal vez por prepotencia. Así lo piensan y lo viven muchos ecologistas, ciclistas y deportistas que la visitan cada día. Así muchos disfrutarán de ella en la primavera que comienza.

Al ingresar por la entrada de Brasil –la principal–, lo primero que se observa, además de la vegetación imponente, es gente limpiando. En efecto, el lugar está muy bien mantenido y para ver alguna bolsa tirada habrá que caminar varias cuadras. A unos pocos metros de la entrada, aparece Pascual, guardaparque.

Vigila, atiende a los visitantes y le gusta hacer de guía. “Éste es el paraíso de la gente que viene a correr, los ciclistas y turistas, durante los días hábiles. Los fines de semana viene todo tipo de gente. Se traen el mate, hacen picnic. Todo bien mientras que no quieran hacer asado. Siempre tenemos que recordar que es un lugar donde eso que nos gusta tanto a los argentinos no está permitido. Sería muy peligroso”, advierte.

Cruzando un puente de madera, hacia la derecha, se ingresa en el espigón Plus Ultra, un hermoso parque que estuvo 12 años inhabilitado pero se reabrió en 2014 y se convirtió en otro atractivo de la Reserva. “Fue construido en 1918. Diez años después lo bautizaron Plus Ultra en honor al hidroavión de la Aeronáutica española que en 1926 unió por primera vez España con Buenos Aires. Es ideal para descansar y tomar mate”, explica Pascual.

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Los porteños hicieron propio un lugar donde el asfalto retrocede y la naturaleza se ofrece al alcance de la mano.

Los plumerillos

Existen cuatro circuitos posibles para recorrer la Reserva, pero quizá el más conocido sea el que conecta la entrada por Brasil con el río a través del Camino de los Plumerillos. A medida que se avanza por el sendero, aparecen más guardaparques, gente en bicicleta, parejas o solitarios observando los pájaros, uno de los principales atractivos del lugar. Sucede que en sus 350 hectáreas, la Reserva concentra uno de los mayores índices de biodiversidad de la ciudad: 575 especies de plantas y 42 de hongos, 307 especies de aves y 60 de mariposas.

“Muchos vienen con la fantasía de que van a ver plantas y animales de ‘alta alcurnia’ –explica el guardaparque–. Pero esto en realidad es un humedal sobre el río, se hizo con un relleno. Tiene su belleza particular pero no se ven grandes animales. Fundamentalmente, lo que se observa son aves, patos y garzas. También hay muchas tortugas”. De hecho, en la entrada, hay un estanque con algunos de esos animalitos muy bien cuidados.

“El gran tema acá son los incendios –advierte el guardaparque–. La gente a veces piensa que son todos intencionales, pero no hay que prejuzgar. La mayoría ocurre en verano, cuando hace mucho calor y entonces se prende fuego la vegetación”.

El sitio también es conocido como un lugar de encuentro, incluso sexual, de gente gay. Nicolás y Rubén van de la mano por el Camino de los Plumerillos pero aseguran que ésta es su primera vez en la Reserva: “Vinimos a comer a un restaurante de por acá y ahora estamos haciendo un recorrido para conocer y bajar la comida”, explica Nicolás. Y Rubén, que no le suelta la mano, agrega: “Es la primera vez y está hermoso el lugar, ideal para disfrutar el sol. En el ambiente gay se sabe que acá se viene a tener sexo a veces. Pero nosotros venimos a pasear”.

Unos metros más adelante, Alejandro y Evelyn, otra pareja, leen uno de los tantos carteles indicadores. También es la primera vez que visitan el lugar. “Teníamos la tarde libre y decidimos venir a recorrer. A mí me encantan las plantas”, afirma Evelyn.

“No alimente a la fauna”, dice el cartel al que todos en la Reserva parecen hacerle caso. Incluso es difícil encontrar graffitis o leyendas en los indicadores. “La gente respeta el lugar”, dice Alejandro.

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La reserva es un pulmón verde de 350 hectáreas, que incluye 60 especies de mariposas.

Al final, la playa

Justo en el que podría ser el punto de encuentro, donde confluyen el Camino de los Plumerillos, el de los Sauces, el del Medio y el de los Alisios, se divisa la playa de la reserva, ubicada a 2.300 metros de la entrada de Viamonte y a 1.400 de la de Brasil. Allí, sentado en uno de los bancos con vista al río se encuentra Agustín con su hermana Micaela y su hijita Martina. Tienen bicicletas y disfrutan del sol. “Vengo siempre a pedalear y a ver pájaros. Me encanta la naturaleza y trato de transmitir ese sentimiento a toda mi familia”, explica el hombre mientras prepara el mate. Al rato, señala el nido de un picaflor en uno de los pocos árboles que dan hacia la costa. Martina junta piedras de la playa. Micaela ceba mate.

En el lugar no hay casi arena, pero sí muchas algas, piedras y algo de basura que trae el río. La gente recostada en los bancos, sentada entre las piedras o tirada en el pasto, disfruta del río. La playa pinta ideal para el relax después de hacer ejercicio.

Volviendo por el Camino del medio, se ven las mejores imágenes de los enormes edificios de Puerto Madero. Naturaleza y ciudad se contraponen. Este sendero lleva directo al Camino de los Lagartos, el que corre paralelo a la avenida Tristán Achával Rodríguez donde estaban los viejos balnearios. Allí, desde uno de los diez miradores inaugurados el año pasado –sumados a los 18 preexistentes– puede observarse a las tortugas, patos y garzas. Solange está sentada sola, contemplando la naturaleza. “Estaba en un break y viene a disfrutar del paisaje. Me conecta con el verde, con la paz. Amo este lugar.”

Avanzando por el Camino de los Lagartos se llega a la entrada de la calle Viamonte, recién refaccionada. “Este acceso es utilizado por la gente que viene del microcentro. Por Brasil, suelen entrar los deportistas. Ahora se facilitó la circulación con rampas. Quedó muy bonita”, señala Pascual.

La nueva entrada tiene 15 metros de ancho y una escalera para acceder al predio. En dos nuevas cabañas de madera funcionan las oficinas del personal de atención al visitante y de seguridad privada.

El circuito total de la reserva tiene casi ocho kilómetros de extensión. Algunos hacen menos, otros más. David, vecino de Puerto Madero, explica que viene a correr siempre que puede. “A veces corro por la parte de adelante, el Camino de los Lagartos, otras voy por la costa. Depende del día. Lo hago para relajarme”, cuenta, mientras hace flexiones cerca de la reja que da a la entrada de Viamonte. A un costado se observa un enorme piletón utilizado por los bomberos para apagar los frecuentes incendios. También hay un pequeño vivero y cabañas de administración. “Es mi cable a tierra, vengo acá para escapar del ruido y no ver edificios”, agrega David.

Ideal para disfrutar de la primavera y apaciguar los calores del verano, la Reserva está a pasos del centro y ayuda a descubrir cómo era Buenos Aires antes de que el cemento lo cubriera casi todo.

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Hay una amplia gama de flora y fauna en el enorme espacio de la Reserva.

Historia y datos

A comienzos de la década de 1970, un nuevo proyecto se sumó a los ya existentes para “ganar” tierras al río frente al antiguo Balneario de la Costanera Sur. El relleno comenzó en 1978, empleando un sistema similar al de los polders holandeses. El agua encerrada fue desagotada parcialmente a medida que el área fue rellenándose con sedimento extraído en el dragado del Río de la Plata. El proyecto fue desestimado, aunque los trabajos de relleno y descarga de escombros continuaron hasta 1984.

A partir de entonces, y en forma espontánea, comenzaron a desarrollarse diferentes comunidades vegetales. Al proporcionar refugio y alimento, las plantas favorecieron que llegaran poblaciones animales. El 5 de junio de 1986 el Concejo Deliberante la declaró Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica.

La Reserva abre de martes a domingo. De 8 a 19 entre noviembre y marzo, y de 8 a 18, entre abril y octubre. La entrada principal, Brasil, está ubicada en el cruce de Padre M. L. Migone y la avenida Achával Rodríguez, frente a la Fuente de las Nereidas de Lola Mora. El otro acceso está en Mariquita Sánchez de Thompson (continuación de Viamonte) y la avenida Giralt. Visitas guiadas a las 10.30 y a las 15.30. La entrada es libre y gratuita.

Fotos: Gabriel Palmioli

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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