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Copa Libertadores: Un lugar en la historia

River es un merecido campeón de América. Se superó a sí mismo en un rendimiento que creció durante el desarrollo del partido y terminó demoliendo a los mexicanos. Una vez más, el fútbol demostró por qué es el deporte más popular y arrasa con cualquier comentario previo.

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Habían jugado tres partidos y ninguno de los dos prevaleció. Fueron tres empates y por eso, los pronósticos eran cautelosos. Ni favoritismo de River por la localía y la multitud que lo acompañaría en el Monumental, ni la dureza de Tigres porque tenía varios jugadores con mucha experiencia sobre sus espaldas. Una vez más, el fútbol demostró por qué es el deporte más popular y arrasa con cualquier comentario previo.
River es un merecido campeón de América. Se superó a sí mismo en un rendimiento que creció durante el desarrollo del partido y terminó demoliendo a los mexicanos con fervor, despliegue y dinámica. Tuvo lo que debe tener un equipo de alto nivel: arquero sólido y atento, que responde habitualmente bien, una defensa áspera y pegajosa, mediocampistas de gran recorrido y buen pie, un buen circuito de juego y mucha actitud para ganar el partido.
El hermoso cabezazo de Alario selló el primer tiempo, quizá dentro de un panorama más parejo que lo que terminó siendo. Tigres luchó y perdió en el medio, no tuvo profundidad y su defensa dejó bastante que desear, un poco lo que ya le había pasado ante Emelec y frente a Internacional de Porto Alegre como visitante.
La segunda parte lo tuvo a River como dominador, con el coraje que significaba ir a buscar el segundo gol que definiera todo. Así lo había entendido el técnico Marcelo Gallardo, porque no es un equipo acostumbrado a cuidar una ventaja y mucho menos en su estadio. Fue cuestión de minutos, de esperar para verificar si los muchachos podían armar una jugada que sellara el resultado. Hubo infracción al uruguayo Carlos Sánchez –acompañada por una excelsa manera de caer para impresionar más al árbitro- y el propio jugador concretó el penal engañando a Nahuel Guzmán, el buen arquero visitante.
Después empezó el festejo y pasaron muy pocos momentos hasta que Ramiros Funes Mori ratificó su condición de formidable cabeceador ofensivo para establecer el resultado final. Sin Gallardo en el banco, pero con las instrucciones y consejos del técnico bien aprendidas, el juego se fue consumiendo en medio de la locura generalizada. Fueron 19 años para poder apropiarse de la Copa Libertadores. Demasiado tiempo para River, tomando en cuenta todo lo que consiguió en el fútbol argentino.
Estaba claro que la presión emocional del plantel no era la peor posible antes del juego, porque ganaran o perdiesen igualmente jugarían en diciembre el Mundial de Clubes, un tema que desvelaba a muchos y se resolvió al llegar Tigres a la finalísima. Sin embargo, no iba a ser de ninguna manera lo mismo si ocurría una derrota ante la multitud propia en Núñez. Por eso, el equipo dio lo máximo que podía y consiguió superar a un rival al que le debe su primera clasificación, en la fase inicial. Buen telón para un sueño concretado.
Con los años, seguramente se agigantarán las figuras de Gallardo y su grupo de jugadores. Un plantel que empezó siendo mucho más reducido que lo que se aconsejaba para planear éxitos continentales y que poco a poco, con la impronta del entrenador, la seriedad y experiencia del manager Enzo Francéscoli y la dirigencia empezando por Rodolfo D’Onofrio, le permitieron ampliarlo, nutrirlo con incorporaciones que están rindiendo bien en su mayoría, para terminar dándole opciones al técnico.
Muy distinto al Boca mayorista, que trajo futbolistas en docenas y armó tres equipos pero aun no pudo afirmarse en un cuadro estable y padeció la irracionalidad de algunos hinchas que le provocaron su temprana eliminación, más allá de que en los dos choques, River se había plantado mejor: claro está que no se habían sacado diferencias en el resultado.
La fiesta no terminó. Con la Copa Libertadores en el bolsillo, River buscará el módico éxito de la Suruga Cup en Japón ante los simpáticos muchachos de Osaka y después sí, a pelearle el torneo local a boquenses y sanlorencistas, esperando el momento indicado para jugar lo más apetecible, el Mundial de Clubes. ¿Habrá final contra el Barsa? En la imaginación y el deseo de los millones de hinchas, es lo más solicitado. ¿Messi contra River en Tokio? ¿Por qué no?
En realidad, ahora vale la pena que los hinchas, plantel y dirigencia festejen. Fue un inicio muy flojo y finalmente, todo se revirtió. La Copa Libertadores y su mística vigente pese a los 55 años de competencia ya lo tienen anotado de nuevo a River. Y es tiempo de disfrute, ya quedará espacio –muy pronto- para preocuparse por otras competencias. Felicitaciones, campeón.

Fuente Especial para Diario Z
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