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TEMAS DE LA SEMANA

Copa Libertadores: Gallardo marca el camino

Pareciera que lleva mucho más tiempo como entrenador de River Plate. Sin embargo, Marcelo Gallardo apenas ha cumplido un año en el cargo que tomó en a fines de julio de 2014 y con su trabajo y capacidad ha llevado al cuadro de Núñez al borde de ganar por tercera vez la Copa Libertadores de América.

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Marcelo_Gallardo
11-12-2014_marcelo_gallardo_festeja_los_goles
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Quizá no sea lo más importante, suena complicado resaltar el esfuerzo, la dedicación y el conocimiento aplicado a un plantel de alto nivel competitivo cuando no se consigue que el equipo gane torneos, pero Gallardo lo hizo. Demoró muchísimo menos que otros colegas y se puso en la línea de los técnicos que han marcado un punto de inflexión en un club o en un seleccionado. El Muñeco tiene 39 años y su prédica a favor del buen fútbol, su consecuencia con un estilo de juego, su decisión de responder preguntas sin esconder defectos o problemas, lo han emparentado con lo mejor del fútbol del nuevo siglo.
Cuando llegó, Gallardo explicó a quien quisiera oírlo que iría por la pelea mayor, a pesar de contar –en aquel momento- con un plantel repleto de jóvenes y demasiado corto, si tomamos en cuenta la larguísima historia de River. Claro, recién se consolidaba la nueva dirigencia encabezada por la dupla D’Onofrio-Patanián y la presencia indiscutible de Enzo Francescoli, el gran impulsor de la llegada del joven entrenador.
River peleó el título hasta donde pudo, buscó y consiguió ganar la Copa Sudamericana y dejó afuera a un Boca que iniciaba la recuperación tras el negativo paso de Bianchi, marcando diferencias con el resto. Aquel River se fue recomponiendo y Gallardo gozó de la tolerancia que todo ídolo del club necesita para desarrollar su trabajo en el tiempo. Su equipo, aunque se quedara sin el torneo local, pudo volver a tener presencia internacional y lo hizo de la mejor forma, con propuestas audaces, un intento permanente por el buen fútbol y un ánimo por las nubes, producto del estímulo del entrenador y su equipo.
Los dirigentes cumplieron la palabra empeñada y fueron agregando jugadores valiosos a un plantel que quería más desafíos. Así llegaron Gonzalo Martínez y Pisculichi para el primer torneo local y se logró el retorno del uruguayo Carlos Sánchez y del uruguayo Rodrigo Mora. Se sumó en 2015 el oriental Mayada, coronando el esfuerzo con Alario, Bertolo, Lucho González, Saviola y el mimado del técnico, Tabaré Viudez.
Le dieron los gustos, entendieron que la mirada de Gallardo hacia las inferiores es vital para el proyecto futuro y así respaldaron el ascenso de Driussi, Mammana y las necesarias ventas y alejamientos de Pezzella, Rojas y el préstamo de Gio Simeone a Banfield. Todo parece haber sido planificado con suma habilidad, con ese conocimiento del paño que no todos los dirigentes de River tuvieron en los últimos tiempos ni tampoco sus entrenadores.
Con la suerte a favor en la Copa –increíble empate arrancado en Monterrey ante el mismo rival finalista e insólita victoria 5-4 de los mexicanos en Chiclayo que lo clasificó- River siguió adelante y salió airoso del durísimo choque contra Boca, gracias a la locura de algunos hinchas xeneizes. Sin embargo, en el partido y medio que se había jugado, demostró Gallardo sus conocimientos e intuiciones y evidenció superioridad táctica sobre su clásico rival, aunque el resultado no lo mostrara.
Después vino lo mejor: la humillación ante Cruzeiro en el Monumental, pero la devolución de la ofensa con un baile para el recuerdo en Belo Horizonte, que lo puso en semifinales y le permitió, teniendo que trabajar mucho, superar a un duro Guaraní paraguayo que hizo más de lo previsto en el torneo. Tras el empate conseguido en tierra azteca, la ocasión se presenta inmejorable. A definir en casa, como en 1986 y 1996, con la multitud de su lado, la certeza de tener las cosas claras en la manera de jugar y la posibilidad de devolverle a tanto esfuerzo la tercera Copa Libertadores, que suena a poco en función de los 55 años de existencia del campeonato más importante del continente.
Seguramente que la manera que tiene Gallardo de meterse en la mente y en el corazón de sus dirigidos es positiva, hay un mensaje claro, sencillo, pero al mismo tiempo con la suficiente inteligencia para motivar y hacerse entender de cómo hay que jugar y qué significa cargar con tanto peso histórico. Los jugadores ya lo han captado, por más que a veces se les vaya la pierna y sean más duros de lo que deberían con sus rivales, como pasó con Boca en el primer choque del Monumental. Tigres tiene un buen equipo, es difícil, pero no es más que River, que parece haber encontrado el entrenador a su medida.
El que lo ha reconciliado con su estilo histórico, demostrando una energía, un talento y un don de mando que lo ponen en carrera para enormes desafíos en el futuro cercano. Y pensar que todavía Gallardo no cumplió 40 años.

Fuente Especial para Diario Z
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