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Copa Argentina: La vuelta al pasado

Boca le ganó a Central la final de la Copa Argentina y se quedó con el título en un partido con arbitraje polémico.

Por Alejandro Fabbri
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En medio de la batalla política para elegir al sucesor de CFK, los argumentos son variados, pero sobresalen dos: el oficialismo nucleado detrás de Scioli explica que la alianza conservadora opositora pretende regresar al pasado más nefasto de la Argentina, cuando la desocupación trepó al 25% y no había horizonte venturoso para casi nadie. La derecha que tiene vergüenza de ser derecha, dice que terminará con la corrupción y el clientelismo. Y se supone que generará una devaluación que tirará los precios cuidados por la borda.

Eso sería, realmente, una vuelta al pasado, aunque todavía no está claro quién ganará el balotaje del próximo 22. En cambio, el fútbol argentino ha protagonizado, deportivamente, la vuelta al pasado más explícita que todos los otros hechos que ha vivido el país. River ganó la Copa Libertadores, Boca ganó el campeonato local y la Copa Argentina. Como en otros tiempos, cuando eran dueños y señores del fútbol y conseguían un nivel de complicidad muy grande en los escritorios y lo que es peor, en los arbitrajes.

Boca tuvo ayuda del referato. Ganó el torneo de 30 equipos liderándolo en 22 de las 29 fechas jugadas, pero en el momento clave, cuando se produjo un hecho decisivo, la suerte o la mala decisión arbitral le tendió una mano grande. Fue en el partido que Boca le ganó a Argentinos Juniors en La Paternal. La lesión que le produjo Carlos Tevez al chico Ezequiel Ham debió ser sancionada por el juez Luis Álvarez con la expulsión del astro boquense. Eso hubiese provocado, como ocurrió cuando Agustín Orión en una violenta e imprudente acción fracturó al delantero uruguayo Carlos Bueno, con una suspensión de 3 a 5 partidos para la estrella del fútbol argentino, Tevez. Sin Tevez, quizá la suerte de Boca hubiese sido otra. Y lo decimos en potencial, porque nunca se puede estar seguro en el fútbol.

Al margen de este hecho, Boca hizo los méritos, mano a mano con Rosario Central, para quedarse con el campeonato, porque armó con su gigantesco aparato de poder y dinero, un plantel numeroso y equilibrado. Los rosarinos jugaron algo mejor, tuvieron al goleador del torneo (Marco Ruben) y un nivel de regularidad asombroso. Igualmente, no será muy largo el recuerdo que dejen estos equipos en un torneo largo que se pareció al de los viejos tiempos.

Es sencillo: los clubes manejados por millonarios, cumplieron las mejores campañas. Angelici en Boca, D’Onofrio en River, Moyano en Independiente, Blanco en Racing y Tinelli en San Lorenzo. Los Canallas fueron los únicos que se colaron en la fiesta sin pedir permiso, a partir de la audacia y buen gusto del debutando técnico Eduardo Coudet y el acierto en las contrataciones. Tevez mostró que su corazón es más grande que su cuenta bancaria, al venirse a Boca para guiarlo al título, algo que lo emparenta con ese bastardeado “amor por la camiseta” y lo hace subir muchos puntos en la escalera del elogio profundo, lo mismo que el propio Ruben, más Delgado y Villagra que regresaron al Canalla, tanto como Lucho González o Aimar a River. Y Milito a Racing, claro está.

Ese fútbol manejado por los clubes grandes en su totalidad, era previo al ciclo de Julio Grondona, que pergeñó hacia 1989 los campeonatos cortos, porque los años 80 marcaron el deterioro de los poderosos –descensos incluidos de San Lorenzo, Racing y Huracán- además de señalar el crecimiento de Vélez, Ferro, Estudiantes, Argentinos y los cuadros rosarinos. Esos torneos cortos se hicieron para que los ganaron Boca, Racing y San Lorenzo, que se coronaron después de 11, 35 y 21 años respectivamente.

Lo que ocurrió en Córdoba llevó a preguntarse si valía la pena que Rosario Central siguiera jugando. Los horrores que sancionó el juez Diego Ceballos y la suma de desaciertos del asistente Marcelo Aumente, definieron el partido. Hacía bastante tiempo que no se veía una suma de disparates en un partido tan importante, que definía un campeonato. Y en este caso, todos los fallos perjudicaron al mismo equipo: Rosario Central.

Central había sido superior a Boca en el primer tiempo y amenazaba con extender ese juego audaz y vistoso en la segunda parte, pero se quedó sin su DT por las protestas e insultos desmedidos hacia el juez tras el gol mal anulado y en el inicio del complemento llegó el insólito penal que le cobraron a Ferrari. El cuadro rosarino hizo lo que pudo, con sus jugadores alterados y un Boca que fue aumentando su tranquilidad inversamente a lo que pasó con Central. El segundo tanto en offside de Chávez coronó el robo.

Boca hizo mucho mérito para llegar a la final de la Copa Argentina y Central también. Ninguno merecía semejante bochorno. La queja pública de los dirigentes de Boca –amplificada por los medios que quieren un país dividido exclusivamente en xeneizes y millonarios- sobre los antecedentes de Ceballos, quizá haya pesado en el ánimo del juez. Hizo todo mal, pero para un solo lado. La justicia fue un chiste. Y el partido quedará en el recuerdo como un robo con silbato. Apenas eso. Lamentablemente. Como pasaba más seguido en los primeros años del profesionalismo. Aunque nos pese y nos moleste.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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