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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Controvertidas luces en el centro porteño

Buenos Aires ya cuenta con la pantalla de LED más grande de América.

Por patricia-carini
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Las impactantes y gi­gantescas marquesinas de LEDrecientemente instaladas en la aveni­da 9 de Julio, frente al Obelisco, proyectan tanta luz como som­bras sobre la legalidad del proce­dimiento mediante el cual el Go­bierno de la Ciudad las autorizó.
Pasadas las primeras horas de sorpresa, gusto o disgusto, depen­de quien opine, ante el televisor de 567 metros cuadrados montado por la marca Coca-Cola, florecie­ron preguntas sobre la aplicación de la Ley de Publicidad Exterior, Nº 2.936. En la Legislatura porte­ña tienen preparados, hasta aho­ra, dos proyectos de resolución solicitando la suspensión de los permisos porque consideran que violan el artí­culo 13, inciso b, que protege la calidad am­biental.
Según sostienen los legislado­res Juan Cabandié, del Encuentro Popular para la Victoria, y Eduar­do Epszteyn, de Diálogo por Bue­nos Aires, en dos diferentes pro­puestas, las nuevas pantallas, que forman parte de un proyecto más amplio, el de transformar la ave­nida en una Times Square, al esti­lo Nueva York, violan la normativa existente en varios puntos. El bri­llo de las luces o frecuencia de su encendido, producir ruidos mo­lestos, emitir radiaciones nocivas, y contravenir disposiciones con­tenidas en las normas de tránsito que perjudican la visibilidad de la nomenclatura de las calles y seña­les de tránsito son algunos de los ítems conflictivos.
La decisión de permitir un cam­bio drástico en el paisaje del Cen­tro fue del ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli. Pero, indican voceros del gobierno local, los ejecutores de poner en marcha las marquesi­nas son el in­geniero Jorge Zalabeite, sub­secretario de Espacio Público, y Juan Carlos Poli, director general de Público. Zalabeite cuenta con una discutida gestión en Pilar como secretario de Obras Públicas, cargo al que renun­ció en 2006. El arquitecto Juan Car­los Poli, de reconocida trayectoria, fue funcionario del ex jefe de Go­bierno Aníbal Ibarra en 2000.
El diseño arquitectónico, lumí­nico y circulatorio de las grandes ciudades siempre está cambiando, y Buenos Aires no es la excepción. El entramado de opiniones, fun­damentos e ideas provoca deba­te entre urbanistas, funcionarios, ciudadanos y empresas. Cada uno tiene algo que aportar.
n este caso una pregunta cen­tral es ¿se cumple la ley? texto de la Ley 2.936 establece la inter­vención de la Comisión de Paisa­je Urbano. ¿Intervino y dictaminó esta comisión? Está en duda.
Gran duda porque forman parte de ella, en teoría, varias de­pendencias del gobierno porte­ño: la Dirección de Ordenamiento de Espacio Público, la de Fiscaliza­ción de Obras y Catastro, el Con­sejo de Plan Urbano Ambiental, la Dirección Legal y Técnica, y también bién con voz, sin voto, la Cámara Argentina de Anunciantes, la Cá­mara Argentina de la Industria del Letrero y Afines, la Asociación Ar­gentina de Empresas de Publicidad Exterior, la de Vía Pública y la Fede­ración de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires.
El arquitecto Rodolfo Livings­ton, reconocido por sus viviendas «más humanas» y también por su carácter polémico, aseguró que las pantallas gigantes en la 9 de Julio «agravan la contaminación visual de nuestras calles». «Son carteles más grandes que los edi­ficios, generalmente de mujeres en ropa interior. Eso tiene otro riesgo y es que a fuerza de ver­las así ya no nos atraigan las muje­res desnudas y nos exciten las mu­jeres vestidas», ironizó Livingston en declaraciones a Diario Z.
Un poco más serio, dijo: «Va a pasar lo mismo que con los tele­visores en los bares. Los pusieron para un Mundial y después que­daron para siempre».
«Todo en la Ciudad son adver­tencias y avisos, hasta los colectivos están repletos de publicidad. Una vez me preguntaron qué opinaba de la arquitectura de Buenos Aires, y la verdad es que no puedo opinar mucho porque está tapada por los carteles», agregó.
Al explicársele que la iniciati­va del gobierno porteño es que ocho cuadras de la 9 de Julio pue­dan tener este tipo de pantallas, su respuesta fue: «Todo puede ser empeorado. Es la ley del em­peoramiento».
Por su parte, el presidente de la Comisión de Tránsito y Transporte de la Legislatura porteña, diputado Claudio Palmeyro (PJ), expresó su temor de que los dispositivos pu­blicitarios causen choques y otros accidentes: «Hay dos cuestiones bien claras. La primera es medir el impacto visual, ya que las pan­tallas podrían afectar la seguridad vial debido al encandilamiento. Y la otra es la distracción que podrían ocasionar en los conductores que circulan tanto por la avenida Co­rrientes como por la 9 de Julio».
Tanto espíritu patriótico en el marco del Bicentenario apuró a al­gunos a mostrar los mejores es­cenarios en territorio porteño, po­cos escaparon a la tentación de luminarias reflejadas en el Obe­lisco. Luego, cuando se abrieron paso la reflexión y el análisis, apa­recieron los bordes difusos de las leyes vigentes. Y si los gobernan­tes las cumplen. Quizá podemos soñar con Times Square o Picadilly Circus; es prometedor siempre y cuando observemos cómo y quié­nes somos a la hora de conducir, elegir y ser responsables en nues­tras calles y nuestro cielo.

Fuente Redacción Z
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