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Actualizado: 06/10/2022 04:34:34
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TEMAS DE LA SEMANA

Contaminación: cuando nadie recuerda el sonido del silencio

Los mapas de contaminación acústica son de 2005 y el transporte no está controlado.

Por Diego Jemio
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Frecuentes, incorporados en nuestras vidas, lentamente pueden llegar a enfermarnos. El motor de un colectivo encendido, la alarma del estacionamiento que anuncia la salida de un vehículo, la frenada que acaba de dar aquel auto, el escape de esta moto, el ruido que hace el muchacho del gimnasio cada vez que tira las pesas al suelo, las máquinas del taller que está al lado de casa. Algunos fijos, otros móviles, todos esos ruidos forman parte de la contaminación que está en el aire, flotando, que llega y se va. Es, quizás, una de las menos combatidas por los organismos gubernamentales de medio ambiente del país.

La contaminación acústica es, según define la Organización Mundial de la Salud, el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona. La OMS, justamente, considera los 50 decibeles como el límite superior deseable de lo que se denomina «nivel de confort acústico». Por encima de ese nivel, la comunicación y el descanso comienzan a alterarse. ¿Cuán ruidosa es Buenos Aires? ¿Qué se hace para disminuir la emisión de ruidos? Aquí va un ejemplo. Una persona que vive en la ciudad de Buenos Aires y necesita pasar por algunas calles de Barracas -lugar clave en el recorrido de vehículos pesados- o por Cabildo y Juramento, en Belgrano, debe soportar más de 80 decibeles en horas pico. La actualización de los mapas de ruido no es frecuente y comienzan a aparecer nuevas zonas críticas en la ciudad.

Recientemente, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público anunció que trabaja en la confección de un mapa del ruido en la Capital. El ministro Diego Santilli explicó al respecto: «El primer paso es diagnosticar la situación acústica de la Ciudad para seguir priorizando los planes de acción. Comenzamos por las comunas 4 (Barracas, La Boca, Nueva Pompeya y Parque Patricios) y 13 (Núñez, Colegiales y Belgrano). Y por primera vez lo elaboramos con técnicos de la Ciudad. La Agencia de Protección Ambiental hizo un gran trabajo técnico cuyos resultados empezamos a ver y que nos va a permitir realizar políticas públicas a más largo plazo». Además, anunció que la medición se hará con un software alemán de última generación. «Actualmente, contamos con un total de 20 TMI (Terminales de monitoreo inteligente) en toda la Ciudad. Doce estaciones ya están en pleno funcionamiento y las ocho restantes se encuentran en estado de calibración», amplió.

Lo cierto es que los últimos mapas se habían realizado en 2005 y el Gobierno porteño no tiene poder para controlar los medios de transporte, una de las fuentes móviles más ruidosas. Silvia Cabeza, presidente de la ONG Oír Mejor, nombró algunas zonas críticas de la capital y aseguró que el transporte es la principal causa de la contaminación acústica. «Por orden de importancia, diría que son camiones, motos y, según la zona, trenes y aviones». «Hay varios sectores críticos, donde el nivel de ruido es muy elevado. Barracas es uno de los barrios más ruidosos, por la presencia de camiones. La intersección de Cabildo y Juramento, en Belgrano; Acoyte y Rivadavia; Corrientes y 9 de Julio y Córdoba y Pueyrredón, por dar algunos ejemplos. Un ejemplo claro de que el transporte es la principal causa de contaminación acústica es el cambio que sintieron los vecinos de Charcas y Marcelo T. de Alvear a raíz de la modificación en el recorrido de los colectivos, que ahora van por Santa Fe».

En la ciudad de Buenos Aires, la ley 1.540, de 2004, tiene como objeto «prevenir, controlar y corregir la contaminación acústica que afecta tanto la salud de las personas como el ambiente, protegiéndolos contra ruidos y vibraciones provenientes de fuentes fijas y móviles, así como regular las actuaciones específicas en materia de ruido y vibraciones». Lo cierto es que, desde que la ley se promulgó, sólo se hizo un mapeo de ruido y Buenos Aires sigue estando entre las cinco ciudades más ruidosas del mundo, junto a Tokio, Nagasaki, Nueva York y San Pablo.

«La encargada de hacer aplicar la ley es la Agencia de Protección Ambiental, que depende del Ministerio de Ambiente y Espacio Público. Ellos deberían solicitar estudios de impacto acústico y de medir el nivel de ruido, en el caso de recibir denuncias de vecinos. El Gobierno solicita algunos estudios, pero no abarca toda la Ciudad y no tiene gente suficiente para inspeccionar como corresponde», agregó Cabeza.

Los controles a los que hace referencia caen sobre las fuentes fijas, como gimnasios, boliches, teatros, lavaderos y talleres mecánicos, entre otros agentes que emiten ruidos. Sin embargo, señaló que el gran problema pendiente es el de las fuentes móviles, es decir, el transporte. «El control del transporte depende del gobierno nacional y, si bien existe la ley 1.540, no hay una normativa a nivel nacional. Por lo tanto, no hay un control del nivel de ruido que emite un motor, un caño de escape o la carrocería de un colectivo. El control debería caer sobre la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, pero no hay una acción conjunta», finalizó Cabeza.

La interferencia en la comunicación, la pérdida de la audición, la perturbación del sueño y el estrés son sólo algunos de los males causados por contaminación acústica.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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