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TEMAS DE LA SEMANA

Conflictos: Yo también puedo ser una traumadita

Vera Killer supera un problemita mientras escribe su columna y el Dr K. asegura que la mayoría de los inconvenientes sexuales son emocionales.

Por Vera Killer
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Vera Killer

A veces, si todo anda demasiado bien, en vez de deslizarme por la autopista de la felicidad, termino embotellada en una colectora llena de problemas. La alegría se escurre por la alcantarilla con mucha más facilidad que cualquier líquido, sabrán. Y si no lo saben, qué suerte tienen, qué envidia. En mi caso, si sospecho que algo podría estar siendo perfecto, se me chorrea la dicha, puedo ver cómo se va por el desagüe mientras aún sucede, chau, chau, adiós.

Es una milésima de segundo en la que cambia todo. Para mal. Lo experimento como un satori al revés, en lugar de iluminarme me oscurezco. Si el descubrimiento zen es la existencia tangible del presente, una toma de conciencia absoluta del tiempo, en mi caso suele venir acompañado de una sospecha de fatalidad.

Si salgo a correr, puedo torcerme el tobillo. Cuando imagino mi casa ideal, me conflictúa no saber dónde poner los muebles. Si estoy muy apurada, ese día habrá más tráfico que el habitual. Y así las cosas. Ésa soy yo sin filtros que embellezcan nada, soy yo sin velos que protejan algo, soy yo tarada.

Por eso, cuando todo va demasiado bien, a veces me aterro. Y cumplo con minicábalas que llevo adelante sin darme cuenta. Son para evitar la negatividad, pero en realidad la desatan.

Entonces, trato de no pensar que las cosas están saliendo bien. Intento no ver la alegría. Hago lo imposible por no escuchar al buen instinto. No quiero saber si esta cosquilla en el estómago es algo similar a la felicidad. Y no puedo decirte esto. Porque si supieras de mi cábala, seguro me entenderías. Y entonces ¿qué? Sería perfecto y yo no suelo soportar eso.

Creo que me estoy aprovechando de esta columna para decirte que si el otro día te traté un poco mal, es porque te vi demasiado hermoso. Y que cuando nos estábamos revolcando y te dije “pará, pará”, fue porque me gustaba demasiado y por eso también en seguida agregué “seguí, seguí”. Todavía puedo ver tu cara de confundido, tu cuerpo casi congelado en un movimiento y después me acuerdo de tu risa, y de cómo tuve que reírme yo también; y te juro, te prometo que progresé mucho, que estoy mejor ahora que antes, que es un gran avance para mí estar no escribiéndote este mail, pero esperar que aún así recibas estas líneas.

Fuente Redacción Z
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