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Conflicto en la educación: hagan sus apuestas

Análisis político por Reynaldo Sietecase.

Por Reynaldo Sietecase
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La política en la Argentina hace tiempo que tiene ribetes misera­bles. Así como algunos sectores de la oposición apuestan a des­financiar al Estado sobre la base de pro­yectos legislativos que rechazarían si fue­sen gobierno, varios ministros oficialistas apelaron a la demagogia y apostaron a sa­car ventajas del conflicto estudiantil en la Ciudad de Buenos Aires. Lamentablemen­te para la mayoría de los ciudadanos, hasta octubre de 2011 el país será territorio de in­finidad de batallas.

Ya apuntamos en esta columna que el PROnunca tuvo a la edu­cación pública como una priori­dad. En esa omisión, que se trans­formó en decisión, está el origen del problema. El ministro de Educación por­teño, Esteban Bullrich, lo sabe y parece em­peñado en enmendarlo. Por lo pronto, re­conoció errores en el manejo de la crisis y en la comunicación de las propuestas de su gobierno. Es un paso superador, después de haber pedido listas negras en las tomas y calificado de chavistas a los estudiantes. Lo cierto es que no había plan de obras detallado y con pla­zos y ahora existe uno. Que hubo subejecución del pre­supuesto para las escuelas y ahora se usará dinero extra para arreglarlas.

Los jóvenes no deben ser estigmatizados por hacer po­lítica. Todo lo contrario. Ha­bría que darles la bienvenida. La política bien entendida es un camino para alcanzar una sociedad más justa. Los estudiantes ganaron una lucha. Incluso impusieron en la agenda de la po­lítica las condiciones en las que se estudia no sólo en Capital sino en toda la Argen­tina. De la misma manera es justo señalar que la extensión injustificada de la medida puede erosionar su legitimidad. Protestar no puede ser incompatible con estudiar. Es importante que, una vez terminado el re­clamo, los secundarios acepten recuperar los días que perdieron durante las tomas. El cambio necesita de jóvenes tan com­prometidos como capacitados. En es­pecial si se tiene en cuenta que, después de la de­bacle política y cul­tural de los no­venta, ésta es la primera gene­ración en mu­chos años que tendrá menos estudios que sus padres. El mito de «mi hijo el doctor» pare­ce en vías de extinción. El estudio ya no se percibe en la sociedad como un camino al bienestar. El economista Rodolfo Barros señala este fenómeno en su libro Fuimos, aventuras y desventuras de la clase media (editorial Aguilar). Luciano, un alumno del colegio Alberto Larroque de Floresta, hizo la mejor síntesis: «Debemos recuperar los días que perdimos, la idea no es perder clases sino tenerlas de manera digna».

Un párrafo aparte merece la reivindica­ción oportunista que hicieron a un tiempo Aníbal Fernández, Juan Carlos Tomada, que sueña con ser candidato en la Capital, Al­berto Sileoni y Héctor Timerman. De pronto, el jefe de Gabine­te, el ministro de Trabajo, el ministro de Educación y el canciller coincidie­ron en saludar la lu­cha estudiantil. Esta semana la protesta se extendió al colegio Carlos Pellegrini y a cuatro facul­tades, será interesante escuchar las opinio­nes de los funcionarios si el conflicto se am­plía a las universidades de todo el país. El colegio citado y las casas de altos estudios no pertenecen a la Ciudad. Muchas tienen problemas estructurales y, casi todas, con­sumen más del 90 por ciento de sus presu­puestos en pagar salarios.

Una a favor del expansivo jefe de Gabi­nete nacional. Si bien sus chicanas tienen mucho de especulación política, a veces se apoyan en certezas: «No me extraña (que Mauricio Macri no esté en la Capital) por­que el año pasado de 365 días faltó 90».

El jefe del Gobierno porteño se encuen­tra en una visita oficial por París y Roma. Es cierto, como explicaron sus colaboradores, que el viaje de Macri estaba pautado desde hacía tiempo pero su ausencia en medio del conflicto estudiantil y mientras se desarrolla la investigación legislativa por las escuchas ilegales -en breve la comisión pedirá escuchar a los involucrados- sor­prendió a propios y extraños.

Las dos últimas noticias que remiten al jefe de Go­bierno que tuvieron ma­yor repercusión mediáti­ca son las que hablan de su próximo casamiento con la empresaria tex­til Juliana Awada y la apuesta que hizo con el director técnico Ramón Díaz por el partido Boca-San Lorenzo. El casamiento no es visto por los colaborado­res de Macri como un problema. «No sé si puede influir en el electora­do, pero sí en Mauricio: está enamorado, inusualmente alegre, y eso es positivo para un candidato», señaló el diputado Federi­co Pinedo. «Amí me pasó», explicó com­prensiva Gabriela Michetti, de novia hace unos meses.

La apuesta, en cambio, sólo ge­neró malestar. Trascendió que quien perdía el partido, asu­mía el compromiso de equi­par tecnológicamente una escuela. Los dirigidos por Claudio Borghi caye­ron frente al equipo de Boedo y el ex presidente de Boca tendrá que hacer por azar algo a lo que esta­ba obligado por su función. Pero eso será cuando vuelva, claro.

 

Fuente Especial para Diario Z
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