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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Conductas oficiales: la agenda real, sin polarización

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por Eduardo Blaustein
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El seguimiento obsesivo del dólar ilegal o las políticas estratégicas anunciadas por la nueva conducción de YPF? ¿El fantasma de una pesificación o la fortaleza de las reservas del Central y del desendeudamiento? ¿El papelón del intento de designación de Daniel Reposo como procurador general o la salida de esa apuesta mediante el nombre prestigioso de la nueva candidata: Alejandra Gils Carbó? ¿La creación de una agencia metropolitana de transporte o la respuesta escéptica de Mauricio Macri al respecto? ¿Las cifras y dramas del estallido financiero y social europeo o nuestros números de desocupación, bien por debajo de los de los países desarrollados?

¿O hay que comenzar por el último anuncio presidencial: cien mil viviendas a créditos accesibles para cuatrocientas mil personas? Mejor dejar madurar ese anuncio. Tiene algunas complejidades (como el destino de terrenos fiscales de la Onabe) como para creer que tendrá una implementación inmediata.

Que el lector elija si hay que entrar por una u otra opción. O que elija, sabiamente, por entrarle al todo complejo, algo que da más trabajo. Abrirse a las miradas, diagnósticos y argumentos del otro puede dar desde pereza hasta angustia y también furia. Se vio en los últimos cacerolazos: la imagen de centenares expresando libremente en las calles que vivimos en dictadura es una contradicción en sí misma. Más aun cuando buena parte de las metáforas empleadas por esos manifestantes son tomadas de los títulos de diarios y noticieros, que también se expresan libremente en plena «dictadura K».

Dólar y recortes. La última instalación a la hora de escribir estas líneas tiene que ver, y cómo cansan, con el dólar y un presunto intento oficial de pesificar la sociedad por la fuerza. ¿Por qué el discurso mediático opositor sólo recorta el espectro de la pesificación por encima de lo que significa que el Congreso esté discutiendo libremente una reforma de los códigos Civil y Comercial, que abarca muchos otros asuntos y en cuya primera elaboración participaron más de cien juristas?

¿Por qué se silencia que en la discusión previa de las reformas el Gobierno trabajó más que amablemente con los jueces de la Corte Suprema y con diputados destacados de la oposición? Se quita visibilidad a esos diálogos para resaltar en primerísimo y excluyente plano la idea de la confrontación y la crispación como única realidad. Y porque los temas que se tratan, que tienden a modernizar a la sociedad y a consagrar nuevos derechos, prestigian a la clase política, incluido el oficialismo. Algo similar sucede con otra discusión parlamentaria franca, abierta, sobre el tema del consumo y tráfico de drogas, donde en absoluto existen polarizaciones estériles entre oficialismo y oposición.

¿Cuál es la explicación del Gobierno sobre el presunto intento pesificador incluido en las reformas mencionadas? Tras semanas completas de mala comunicación en torno a lo sucedido con el dólar (la del día a día y la relacionada con el objetivo económico estratégico que se busca), por una vez hubo una respuesta más o menos temprana. Corrió por cuenta del ministro de Justicia, Julio Alak, quien dijo que en la reforma del Código Civil «se establece la primacía de la voluntad de las partes en los contratos civiles» y que eso no significa «pesificación de contratos u ahorros en moneda extranjera». La intención, explicó Alak, es «volver al concepto clásico de moneda de un país», pero respetando la voluntad de los particulares de convenir un contrato en moneda extranjera». Se establece la posibilidad de pagar una deuda o las cuotas de una casa en pesos si las partes no convinieron expresamente que sea en moneda extranjera. En cuanto a depósitos y títulos, si están en dólares o dracmas, seguirán así.

Otras agendas. Manos anónimas, setecientas veces por día, siguen contando dólares en las pantallas de algún noticiero. Cuentan billetes pero no otras cosas. Dos ejemplo: el plan estratégico presentado por Miguel Gallucio para la YPF recuperada por el Estado o las posibilidades de mejora del transporte público si se trabaja bien en el futuro ente metropolitano. Que se trabaje bien implica, a escala nacional, que el sistema de transporte deje de estar cautivo de los intereses y descontroles (gracias a un Estado inútil o cómplice) de las empresas. Y, desde las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, se requiere una mínima voluntad política de aportar trabajo, recursos humanos y económicos. En ambos casos, la experiencia reciente no da para derrochar optimismo. En lo que refiere al gobierno porteño, porque parece optar por excusas que a la vez coloquen a Mauricio Macri como el opositor más firme.

Respecto del plan estratégico de YPF, hay que convenir que un anuncio no es una realización. Pero hay apuestas estratégicas valiosas: recuperación de yacimientos maduros abandonados por la gestión privada, más inversiones en pozos y exploración, alianzas estratégicas para entrarle a la costosísima explotación de yacimientos no convencionales, recuperación de la investigación y el desarrollo autónomos (en Florencio Varela quedan las hectáreas abandonadas de lo que fueron los laboratorios de YPF). En resumen: más producción para paliar el déficit comercial que implica la importación de combustibles, con su consecuente impacto, ahora sí, en la circulación y el manejo de las divisas.

La presentación de ese plan estratégico es uno entre muchos ejemplos de conductas oficiales. La política petrolera del ciclo kirchnerista estuvo muy por debajo de otras políticas productivas, las relacionadas con la creación de empleo, las sociales, las de derechos humanos. Aun así Argentina pudo salir del infierno de la crisis del 2001-2002 y crecer a tasas chinas. Hasta que se llegó al descubrimiento tardío de los males desencadenados por YPF y nunca controlados por el Estado. Vino, virtuosamente, la recuperación y poco después los anuncios mencionados.

De sus propias macanas, jamás con autocríticas explicitadas, a menudo el kirchnerismo sale por centroizquierda. De manera espasmódica, pero sale, o intenta salir. El otro ejemplo reciente es el affaire Reposo (deudor de la causa Ciccone y de lo que sucedió con Esteban Righi y el juez Rafecas), alguien con un currículum que no estaba a la altura del puesto en cuestión. ¿Por qué se lo eligió? ¿Porque se ganó la confianza presidencial en las refriegas con el Grupo Clarín? ¿Alcanzaba con eso? ¿No se midió la correlación de fuerzas en el Senado a la hora de avalar la designación? Si es por ganar confianzas en momentos cortos de la vida política, a quien escribe, no por Reposo, se le viene a la mente una de esas frases medio cínicas de Perón: «La obsecuencia está más cerca de la traición que de la lealtad». La cita (que pretende ser humorística más que de homenaje) viene a cuento también por cierto abuso que suele hacer el kirchnerismo, hasta el más bonito, de dos viejos valores del peronismo: lealtad y conducción.

Como sea, se salió del tema Reposo con el nombre de una fiscal de larga trayectoria y hasta… ¡enfrentada a las corporaciones! Que es lo que más le gusta al oficialismo, en los discursos y en no pocas prácticas políticas. Así como Néstor Kirchner ganó prestigio con la renovación de la Corte, ¿el Gobierno no se hubiera prestigiado de entrada designando a Gils Carbó? Como mínimo, hubiera sorteado varias semanas de nuevos titulares en contra. Claro que explicables también por la bronca corporativa del Clarín y de La Nación, socios en Papel Prensa, contra las gestiones de Reposo contra sus intereses.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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