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Conde: «El lunfardo está más vivo que nunca»

Oscar Conde es experto en habla popular y dice que el argot porteño, aunque más lentamente, sigue evolucionado. Y que está presente en todos los estratos sociales y edades.

Por Juan Pablo Csipka
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Poeta, ensayista y profesor universitario, Oscar Conde es uno de los mayores referentes en el estudio del lunfardo, el habla popular y las letras de tango y rock. Y un rastreador: después de una búsqueda infatigable pudo hallar un ejemplar de La muerte del pibe Oscar, una novela escrita por Luis Contreras Villamayor hace un siglo, que es el primer texto de ficción escrito en lunfardo, y la reeditó.

¿Cómo llegó el lunfardo a Buenos Aires?
Aparece con la inmigración europea hacia 1870, cuando españoles e italianos traen su lengua, el genovés, el napolitano, el gallego. El lunfardo nace del encuentro del criollo con los inmigrantes en el patio del conventillo, en las esquinas y, sobre todo, en los recreos de los colegios. Eran inmigrantes que estaban aprendiendo el castellano, y el criollo adoptó muchas de las palabras extranjeras.

Siempre se lo asoció a la marginalidad y la delincuencia.
Es una idea errónea. Los primeros en captar el lunfardo son los policías a fines del siglo XIX, usando como informantes a los delincuentes que caían presos. Sí es interesante ver que el término quiere decir ladrón en el argot romano para referirse a los lombardos, porque en la Lombardía surgieron los primeros banqueros, que eran usureros. Los delincuentes se hacen llamar lunfardos, de ahí tomaron la palabra los criminalistas. Pero el lunfardo tiene un campo semántico mayor que el argot de los ladrones y fue legitimado en el diario Crítica. En sus orígenes fue un vocabulario popular que era usado por las capas bajas de Buenos Aires y luego llegó a todos los estratos gracias a los medios, el sainete y, sobre todo, las letras de tango. Hoy cualquier persona dice “voy a laburar”.

¿Cómo fue evolucionando?
Avanzó con los años y sigue evolucionando. Muchos creen que el lunfardo terminó con el fin de la inmigración y no es así, fue incorporando cosas como el vesre que es un recurso de otras hablas populares, como en Francia hace 500 años. Se fueron sumando figuras metonímicas, una parte que define al todo, como “la gorra” para referirse a la policía, o las adaptaciones del inglés, como el luquearse tomado de to look. La invasión del inglés, a partir de los 60, hizo resurgir viejos términos, como bondi, uno de los más antiguos, para referirse al tranvía. Viene de Río de Janeiro, el primer tranvía se cobraba con un bono, y como la empresa era inglesa, del inglés bond, derivó en bondi y llegó acá. Birra se retoma también más acá en el tiempo.

¿El tango fue decisivo en su difusión?
Sin duda, fue decisivo porque lo hizo anclar en el habla popular. Hay un gran momento de difusión del tango lunfardesco entre 1925 y 1940. El término “rechiflado”, que aparece en “Mano a mano”, era muy común.

¿Influyó más tarde en el rock?
Pegó mucho, sí. A mí me interesa la canción popular argentina y los rockeros reconocen su continuidad respecto del tango, con la ciudad como punto de contacto. Spinetta y Charly García están asimilados a la tradición popular como Discépolo o Cadícamo, que escribían mucho lunfardo. Pensemos en Laura va y El anillo del capitán Beto, de Spinetta, que tienen palabras lunfardas. Aparte que muchos rockeros compusieron tangos o versionaron clásicos. José Gobello, un estudioso del lunfardo, me dijo una vez que el “vamos a punguearle a esta vida amarreta un trapo de sueños”, que cantan Los Caballeros de la Quema en Avanti morocha le parecía lo más lindo escrito en lunfardo.

¿Considerás a las letras de rock a la altura de las de tango?
Sí, por lo menos hasta hace quince años. Charly, el Flaco, Fito Páez, el Indio, Calamaro… lo que no se terminó de incorporar son las letras de 2000 para acá, sobre todo las del rock barrial o chabón, ahí está todo un poco deshilachado, mucha mixtura con folklore, reggaetón, bachata. Los artistas consagrados del rock argentino no son jóvenes, eso quiere decir algo. Por ahí falta algo de perspectiva, pero el presente no ofrece la altura de grupos y solistas de los 70 y los 80.

¿Cómo se fue amoldando el lunfardo con los años?, ¿tiene un auge o un declive?
Está más vivo que nunca, tal vez desarrollándose más lento pero incorporando nuevos términos, y estando presente en todos los estratos y edades. Se va renovando. Hace poco estuve con alumnos de un colegio y les pedí que anotaran las cinco palabras más nuevas que conocieran. Surgieron cosas como piola, quilombo o ranchear, que viene del lunfardo carcelero.

Da la sensación de haber estereotipos en los versos lunfardos de tango, como el hombre abandonado por la mujer.
Circula esa idea, pero es falsa. Los versos de tango hablan de la vida y la muerte con profundidad metafísica. En el rock pasa algo parecido, está esa idea de sexo, droga y rock and roll, ¿no? Es algo que hoy no dice nada, más si pensamos que en el rock de los 60 había interés genuino por hacer un buen trabajo poético, con distintas líneas, como la latinoamericanista de Arco Iris o la nacionalista de Ricardo Iorio, o con reivindicaciones sociales en el rock barrial de La Renga y Los Piojos.

¿Está presente en la literatura?
Totalmente, son menos los autores que no lo usan que los que citan palabras lunfardas. Una novela reciente como El puñal, de Jorge Fernández Díaz, tiene uno o dos lunfardismos por página. Fontanarrosa fue otro exponente cercano. Pero diría que más que a los libros, el lunfardo llegó a los medios masivos.

¿Qué pasa con el interior? Da la sensación de ser un fenómeno muy porteño.
Cada región tiene su argot, como el rosarigasino en Rosario o los términos heredados del quichua en Santiago del Estero. Pero el lunfardo trasciende al Río de la Plata, sobre todo por la influencia de los medios, que imponen términos en el interior. Buenos Aires es una usina y el lunfardo replica en el resto del país.

Perfil:  Nació en Buenos Aires en 1961. Es doctor en Letras por la Universidad del Salvador y profesor en la Universidad de Lanús y en la Universidad Pedagógica. Integra la Academia Porteña del Lunfardo. Autor, entre otros libros, del Diccionario etimológico del lunfardo

Fotos: Gabriel Palmioli

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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