Tiempo en Capital Federal

30° Max 21° Min
Parcialmente nuboso con lluvias
Parcialmente nuboso con lluvias

Humedad: 62%
Viento: Suroeste 29km/h
  • Lunes 30 de Noviembre
    Nubes dispersas16°   21°
  • Martes 1 de Diciembre
    Despejado18°   26°
  • Miércoles 2 de Diciembre
    Cubierto con lluvia21°   29°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Complicaciones por brindar de más y quedar encerrada fuera de casa

Vera Killer cuenta su beodisea una madrugada en la que quería perder la cabeza, pero terminó extraviando sus llaves.

Por Vera Killer
Email This Page
pinup167

Al dicho “cabeza de novia”, que solían usar algunos abuelos para referirse a un distraído, mi abuela polaca lo había modificado a “cabeza de pochocho”. Nunca nadie supo bien por qué, o de dónde sacó que el pororó (así le decía mi otro abuelo) tenía alguna relación con los olvidos, o si incluso tenía claro qué era “pochocho”, esa palabra rara, sonora, que decía con su acento de Europa del Este y mucha seriedad.

El caso es que a mí me cuadra perfecta su adaptación, pero por motivos que mi abuela nunca hubiera imaginado. A veces me pasa que algo que está tranquilo en mi mente de pronto toma temperatura, explota, hace ruido, quilombo, como fuegos artificiales hasta transformarse en otra cosa. Eso sí parece una “cabeza de pochocho”, creo. Y bueno, claramente el proceso me distrae, así que cuando sucede olvido algunas cosas. Por ejemplo, la otra noche, mis llaves.

La fiesta no fue un descontrol, para nada. Se comió rico, se charló mucho, el cumpleañero sopló velitas y varios viejos amigos brindamos y hasta cantamos karaoke. Quedé fulminada, con la boca violeta de vino tinto, así que cuando me ofrecieron alcanzarme a casa acepté encantada. Quería llegar, arrancarme la ropa, dormirme acunada por el mareo.

Saludé con la mano, cual reina de la Vendimia, al auto amigo que se iba y busqué las llaves en la cartera. Nada. Saqué cada objeto y lo acomodé en el umbral, pero ninguno abría la puerta de casa. No sabía que estaba borracha, pero cuando me paré para agarrarme la cabeza con desesperación, descubrí que el mundo daba vueltas.

Qué hago, qué hago, qué hago. Llamo a mi amiga R., que vive cerca, así duermo en su casa. Nada. Celu apagado. Qué hago, qué hago, qué hago. Llamo al cumpleañero, a ver si ve mis llaves, o me recibe en su casa, aunque no sea tan cerca, así duermo un rato. Nada. Celu apagado. Lo llamo a Henry, que siempre me atiende, hasta me alegra un poco mi desventura mientras suena el teléfono porque me imagino asaltando su cama esta madrugada inesperada. Atiende, está fuera por el fin de semana, lejos. Qué hago, qué hago, qué hago.

No me queda más remedio que ir a la casa de mi madre. Es lejos. No tengo plata suficiente encima para tomar un taxi. Odio dormir en lo de mi madre. La llamo. La despierto y le digo que voy para allá, que perdí mis llaves, que me abra. Hago el recorrido de una pelota de pinball, rebotando entre la pared y los árboles, hasta la parada del colectivo. Tengo suerte, llega en seguida. A las seis y media de la mañana tomo el 71.

Atravieso la ciudad dormitando, mi cabeza de pochocho rebotando contra la ventana, no pudiendo creer mi estupidez. Después de 45 minutos llego, camino cinco cuadras eternas y en la esquina de la casa de mi madre, cuando casualmente meto las manos en el bolsillo, ¿qué encuentro? Mis llaves, malditas. Le grité al cielo.

Y sí, volví a caminar las cinco cuadras, a esperar el colectivo, a tener suerte de que venga pronto, a viajar con la cabeza de pochoclo rebotando contra la ventanilla y, finalmente, tres horas y toda esta beodaventura después, llegué a casa, me arranqué la ropa y dejé que el mareo me duerma.

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario