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TEMAS DE LA SEMANA

Cómo resucitar un fósil urbano

Por Daniel Silberfaden, Decano de la Facultad de Arquitectura de Universidad de Palermo.

Por Daniel Silberfaden
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Inaugurado durante el gobierno de Juan Domingo Perón en 1951 para los Juegos Panamericanos, el Velódromo de Buenos Aires es hoy un verdadero fósil urbano, casi olvidado y sin planes conocidos que or­ganicen un enclave estratégico como espacio público y en el corazón del Parque 3 de Febrero, principal pul­món y parque de la Ciudad.

Un poco de Historia

Los registros periodísticos indican que el Velódro­mo y sus instalaciones originales fueron otorgados en concesión en 1991 durante la administración del in­tendente Carlos Grosso a la firma Asesores Empresa­rios SA para su explotación de manera conjunta con el Club de Golf. Esta concesión se cae en 1997, luego de una serie de denuncias y proceso judicial por irre­gularidades en su adjudicación y por incumplimien­to contractual por falta de obras comprometidas. El campo de golf fue reabierto, pero el Velódromo no. Sin abundar en más detalles este capítulo fue tam­bién el acta de defunción de nuestro Velódromo y el comienzo sin fin de una serie de planes para el si­tio que por causas diversas pero fundamentalmente por la falta de una política sobre espacio público que atravesó diversas administraciones locales autóno­mas o no.

En 1998, la AAT presentó un proyecto para rea­lizar un estadio y complejo de tenis similar a Flus­hing Meadows o Roland Garros o Flinders Park, la idea dio vueltas pero finalmente la crisis económica de 2002 entierra el proyecto dándose de baja for­mal en 2003. En 2004, el Gobierno porteño inten­ta convertirlo en un espacio público de usos múl­tiples y gratuito al público utilizando como medio de financiación un crédito del BID por 17 millones de dólares. Incluía la demolición del estadio, que a esta altura había sido declarado en situación de emergencia estructural por el Centro Argentino de Ingenieros, debido a la falta de mantenimiento y abandono sufrido. El proyecto incluía un playón para unos nueve mil espectadores y edificios edu­cativos, vestuarios y una voluntad de integrarse a los espacios verdes circundantes y una visión sus­tentable del paisaje. En 2009, el Comité Olímpico Argentino (COA) hace pública una propuesta para construir allí un centro de entrenamiento de alto rendimiento, se haría con el aporte de fondos pri­vados encuadrado dentro del plan que el organis­mo proyecta para impulsar el deporte argentino. Recientes declaraciones de funcionarios del área de Espacio Público (diciembre 2010)  indicarían que este proyecto tampoco se encuentra en la agenda porteña y sólo se habla de demoler la estructura y mantener la situación más o menos como quedó hace poco más de doce años.

Qué hacer

El área del Velódromo ocupa unas 4 hectáreas dentro del Parque Tres de Febrero y está encuadra­da dentro de la normativa UP (Urbanización Parque y Área de Protección Histórica (APH2) y Protección Ambiental y que regula los posibles usos y tipos de construcción a realizar, pero transitorias o definitivas deben garantizar la libre circulación, no se puede al­terar su paisaje y no puede ser fuente de contamina­ción. Si existe la voluntad de terminar de configu­rar este sector tan caro a la Ciudad y proteger de depredadores urbanos a este verdadero  e irrepe­tible patrimonio es mo­mento de ocuparse del tema con un plan que se ocupe de estas cua­tro hectáreas y también de las otras cientos de hectáreas que ocupan el Parque 3 de Febrero. Para esto se deberá libe­rar, inmediatamente, las tierras ocupadas por entes privados y públi­cos de manera informal e incluso avanzar sobre aquellas ocupaciones formales que impidan desarrollar el Parque en su formato más adecuado a los intereses ciudadanos. Dar prioridad peatonal a las calles internas especial­mente los fines de semana y, salvo en las avenidas, evitar velocidades que superen los 20 km por hora. Limpiar el ambiente de la actual polución visual, acústica y de desechos limpiando lagos, calles y suelos. Recuperar y reforestar sectores abandona­dos, equipar el parque de sanitarios auto limpiantes, lugares para residuos diferenciados en abundancia, sostener en el tiempo una política de mantenimien­to, reposición y de seguridad hacia las personas y patrimonio. Sería deseable que en este Plan general se entienda al Parque 3 de Febrero como una red de parques, calles, edificios patrimoniales y que permi­ta un uso libre para esparcimiento, deporte y cultu­ra de los porteños adecuándolo al siglo XXI, pero sin perder lo mejor que el paisajismo y el urbanismo del siglo XIX y XX nos brindó. Será entonces el caso del Velódromo una excusa para iniciar un cambio que mejore un lugar que merece mejor destino y apartémonos definitivamente de una forma de ha­cer las cosas, siendo éste abandono y falta decisión un fiel y triste símbolo.

DZ/km

 

Fuente Especial para Diario Z
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