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Como los buenos vinos, mejor con el tiempo

Vera Killer imagina cómo será de vieja y asegura que va a tener sexo hasta que se muera.

Por Vera Killer
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Cuando era chica, en el siglo XX, saqué la cuenta de qué edad iba a tener en el entonces lejano año 2000 y me deprimí mucho porque pensé que iba a ser vieja. Cuando cambió el milenio me dio risa aquella tonta que fui, la nena que creía que veintipocos era un montón. Y ahora también pienso que era bastante tarada hace 16 años, aliviándome por una supuesta juventud cuando el paso del tiempo es hermoso. Aterrador, sí, pero maravilloso.

Una vez, antes de cumplir 20 años, mi amigo F. me dijo que se imaginaba que dentro de muchos años yo iba a ser “una vieja loca”. Ya entonces me agradó un poco la idea. ¿Qué es para un chico descaradamente joven una vieja loca? ¿Una mujer que no se pone el batón y los ruleros después de los 50? ¿Una mina que se revuelca con quien quiere y como quiere sin detenerse por su fecha de nacimiento?

Sí, decidí entonces. Yo iba a ser eso. Y estoy divinamente encaminada a ser eso. Hay un tabú con la tercera edad. El cine, la publicidad y los medios sólo muestran mujeres mayores dulces, asexuales. Yo soy sexo, y mientras esté viva lo voy a ser. Y no me importa cómo, pero voy a seguir teniendo sexo hasta que me muera. Bueno, sí me importa cómo, pero ya lo iré descubriendo y eso es lo divertido del asunto.

Como parámetro sólo me tengo a mí. La leve sabiduría que fui adquiriendo con los años es mejor que el desparpajo intuitivo que tenía cuando empecé mi vida sexual. Digo, en comparación. Me encanta lo que fui, porque me trajo hasta acá.

A partir de los 30 empecé a tomar conciencia del paso del tiempo. No sólo estéticamente, si no en todo sentido. No estoy apurada, pero tengo hacia delante más o menos lo mismo que hacia atrás. Ya no siento que puedo dejar experiencias para después, siempre me parece mejor hacer todo ya.

Cuando sea vieja voy a ser espléndida, como ahora. No quiero parecer de 20 hoy y no voy a estar interesada en disimular mis arrugas cuando las tenga. Me imagino con los rulos al viento, blancos, tipo Colette, una ochentañera preciosa y con una impunidad absoluta que, por fin, voy a poder ejercer.

Fuente Redacción Z
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