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TEMAS DE LA SEMANA

Como en las Flores, pero en el Dakar

Diario Z compartió la intimidad de la familia Patronelli.

Por leandro-balasini-enviado-especial
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En la puerta de una de las tres casas rodantes que hospedan a la familia Patronelli, hay un cartel que indica: «Estamos descansando. Gracias por venir. Mejor nos vemos mañana». Frente al vivac instalado en el autódromo Sergio Santander, de la ciudad chilena de Arica, Alejandro, primero en la categoría de cuatriciclos, aprovecha la jornada de descanso que otorga el Rally Dakar para dormir hasta tarde y disfrutar de la compañía de sus seres queridos que lo acompañan desde el inicio de la competencia. Mónica, su mamá, pide, amablemente, que entremos. Afuera, la temperatura supera los treinta grados y la tranquilidad se ve interrumpida sólo por el ruido del viento y las olas que golpean la orilla del Océano Pacífico.

«Ya junté energía para mañana. Ahora vamos a comer y estar un rato con la familia», dice, de entrada, el mayor de los Patronelli. Y agrega: «No voy a recorrer la ciudad porque se me va el día y quiero estar cerca de ellos, de los fierros y de los mecánicos». En un instante parece que el hogar de Las Flores se haya mudado al país trasandino. Están todos: padres, hermanos, tíos, primos y cuñadas. Toman mate y charlan; se ríen. Hasta «Chari», el pequeño Yorkshire, se divierte con una piedra que le arrojan los más chicos. «Esto es como estar en casa. Me hace bien saber que puedo contar con ellos. Los escucho mucho porque también forman parte del equipo», explica Alejandro.

El piloto de Yamaha asegura que le resulta «imposible» abstraerse de la competencia. De hecho, desde que se despertó, se comunicó varias veces con sus compañeros de equipo y, luego de almorzar, irá a pasar la tarde al campamento, porque «la carrera sigue, sólo que hoy no estoy subido al cuatri». Sentado en el sillón del amplio comedor que tiene la casa rodante donde él pasa las noches, señala: «Quiero que empiece ya la próxima etapa. Necesito correr y nada más, así esto se termina cuanto antes».

La relajación del día de descanso parece haber quedado en el olvido. Alejandro comienza a hablar de lo complejo que será superar el duro camino chileno y la vuelta a la Argentina: «Todos sabemos que el Dakar te puede dejar afuera en cualquier momento. Somos concientes que los caminos son complicados. Podés romper una cubierta y atrasarte mucho. Por eso, no se puede premeditar nada. Hay que ver lo que nos depara el destino». Respecto al gran papel que viene cumpliendo en su segunda experiencia en la prueba más difícil del mundo, «bagre», como lo llaman sus íntimos, afirma que sigue manteniendo la misma postura del primer día: sólo viene a dar la vuelta. «No cambio mi pensamiento porque hoy estoy por delante pero quizá mañana salgo, choco y no llego». Inmediatamente, Mónica reaparece en escena y discute con su hijo por su «pesimismo». «Es la realidad», retruca el corredor.

Mientras Marcos, que tuvo que abandonar la competencia por una serie de inconvenientes físicos y técnicos, juega al Ludo con sus primos, Clara, la única mujer de cinco hermanos, recuerda que «este Dakar es más oscuro que los anteriores por todo lo vivido antes y durante la estadía». «Por eso-agrega Mónica-, rezamos para que ale llegue lo mejor posible».

La paz que había al comienzo del día ya no es tal. El público descubre el pequeño campamento de los ídolos argentinos y comienza un incesante movimiento. «Ojalá pueda devolverles algo de lo que me dan. Agradezco todos los mensajes porque, aunque no parezca, la buena onda llega. Sería perfecto llegar a Buenos Aires y festejar con todos», confiesa Alejandro. A pocos metros, los fanáticos van y vienen, con cámaras y grabadoras en mano. Lamentablemente, tendrán que regresar mañana. Hoy, es momento de estar con la familia.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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