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TEMAS DE LA SEMANA

Cómo cuidar los dientes de los chicos

Para comer, hablar y pronunciar correctamente los niños necesitan tener sanos sus dientes de leche. La rutina de cuidarlos puede incorporarse como un juego.

Por Valentina Herraz Viglieca
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dientes

Cuando un bebé sonríe, se escuchan los suspiros de los adultos. Es que la primera sonrisa y todas las siguientes conquistan el corazón de las mamás y de los papás. Por eso, y porque los “dolores de dientecitos”  son de los peores malestares que hay en la niñez, es importante cuidar la boca de las criaturas desde pequeños.

Cualquiera que lo haya intentado, sabrá que eso de cepillarse los dientes no es una actividad que los chicos hagan contentos. ¿Cuántos recuerdan en su infancia haber dicho “vamos a lavarnos los dientes” con el mismo entusiasmo que “vamos a la plaza”?

Sin embargo, esta tarea poco feliz es fundamental para el desarrollo de una boca sana y no es cierto que los dientes de leche no importan, que los que valen son los otros.

Al menos durante seis años, los dientes que va a usar el niño son los de leche. Para comer, para hablar y para pronunciar correctamente son necesarios todos estos dientecitos.

Cuándo empezar

Limpiar las encías desde un primer momento genera un hábito en el niño que facilitará mejor la aceptación al cepillo de dientes. Se puede hacer con una gasa húmeda o con un trapito frotando las encías por atrás, por delante y por arriba.

Esta rutina también ayudará a descubrir cuándo sale el primer diente –que en general es a los seis meses– y que ése es el momento donde pueden empezar las molestias y algunas enfermedades bucales, ya que las bacterias que hay en todas las bocas pueden entrar por esas fisuras.

Con la llegada de los primeros dientes es conveniente repetir esta rutina, al menos, dos veces al día para evitar que la placa bacteriana enferme los dientes.

“La placa bacteriana es una película pegajosa compuesta por saliva, bacterias y restos de comida, que se adhiere a los dientes”, según se indica desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y se aclara que “la placa bacteriana está siempre presente; su acción dañina produce caries y enfermedades en la encía”.

Con los chicos no hay nada que funcione mejor que el ejemplo: si nos ven cepillarnos los dientes todas las mañanas, después de cada comida y antes de ir a dormir, asumirán con naturalidad la rutina de cepillarse los dientes, inclusive se puede realizar el cepillado en familia y que sea un momento divertido, para que los chicos aprendan jugando.

Para la SAP, el cepillado más importante es el que se realiza por la noche, ya que si no se limpian bien los dientes la comida, la saliva y las bacterias permanecerán durante horas entre los dientes facilitando la formación de caries. También se recomienda visitar a un odontólogo infantil entre la salida del primer diente y los tres años.

Los enemigos

En realidad, cualquier comida que permanezca en la boca, atascada entre los dientitos o envolviéndolos, se transforma en “placa bacteriana”, pero hay peores enemigos, entre ellos, algunos alimentos, como las golosinas, los jugos o gaseosas y las galletitas.

La mejor forma de prevenir las patologías bucales es el cepillado regular y el consumo de flúor a través de la pasta dentífrica, del agua o de un suplemento, en caso de que el odontólogo lo considere necesario.

Según la SAP “la caries dental es una enfermedad prevenible y controlable, pero que aún sigue siendo la enfermedad crónica más frecuente en la infancia”.

Para prevenir, no alcanza con cepillarse los dientes, también hay que ahorrarse ciertos hábitos, como dejar que los bebés se duerman con la mamadera de leche o jugo, o la costumbre de poner cosas dulces en el chupete para que el bebé lo agarre, o permitir que los niños coman golosinas entre comidas.

En todo caso es preferible consumirlas al terminar las comidas y luego lavarse los dientes y no dejar ese alimento en la boca durante horas, transformándose en placa bacteriana.

 

Qué aconsejan los pediatras

 

– No colocar miel ni ningún endulzante en el chupete, mamadera ni tampoco en las encías.

– Consultar un odontólogo con la salida del primer diente o dentro de los primeros tres años.

– Limpiar las encías y primeros dientes del bebé con una tela o gasa húmeda al finalizar las comidas (por atrás, delante y por encima).

– El primer molar permanente nace a partir de los seis años: hay que sumar el hilo dental en el cuidado de los dientes.

– El cepillado más importante es el nocturno, previene enfermedades.

– Los aparatos de ortodoncia no producen caries, pero retienen alimentos. Deben estar siempre limpios.

– Si un niño se fractura un diente, hay que ponerlo en agua y visitar urgente al odontólogo. Es posible reimplantarlo.

– Para incorporar el hábito conviene cepillarse los dientes con los niños, con juegos y cantos.

Fuente Redacción Z
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