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TEMAS DE LA SEMANA

Comida rara: ni costillar ni milanga

Crece la oferta de platos exóticos en algunos restaurantes porteños.

Por enrique-duran
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Hace unos días, salió un informe con datos contundentes sobre los hábitos alimentarios de los argentinos. Según la consultora Abeceb.com, el promedio nacional de consumo de carne vacuna por habitante es de 57,5 kg anuales. La Argentina es el segundo consumidor mundial, sólo superada por Uruguay.

Basta pensar en el menú básico de un argentino medio: pastas, pizza, empanadas, milanesas y asadito el domingo. Ahora bien, a la hora de salir a cenar, ¿también elegimos carne vacuna? La ciudad está repleta de pequeñas parrillitas. Pero si uno quiere escaparle un poco a la colita de cuadril clásica hay un circuito alternativo de carnes ídem.

En agosto, abrió sus puertas Oink, un restaurante de «cocina alternativa». A la hora de mirar la carta, aparecen algunas carnes a las que la gente califica como «raras». El lugar tiene dos especialidades: yacaré con coco al curry y ñandú empanizado en pan de campo. Carmen Cohan, directora del local palermitano, cuenta que traen la carne de yacaré de Entre Ríos y que todos los productos que compran están aprobados por el Senasa. «La textura de la carne de yacaré es firme y agradable. Muchos dicen que el sabor es parecido al pollo, pero tiene también un dejo de pescado. Algunas personas eligen estas carnes no sólo por lo exótico del sabor sino también porque son ricas en los ácidos grasos omega 3, 6 y 9, que reducen los niveles de colesterol en sangre», ilustró, desde la vieja casona reciclada. La carta se completa con milhojas de verduras con mozzarella de búfala y bondiola de jabalí grillada con piña confitada. «Es curioso que la gente venga tentada por carnes ‘raras’, cuando en realidad eran los alimentos de los matacos y los tobas, que cazaban y asaban a estos animales con frecuencia. Luego, con el tiempo, la carne vacuna comenzó a ganar lugar y a desplazar al conejo y la vizcacha, por dar dos ejemplos».

Con aires de bodegón español, Miramar fue fundado en los 50. Basta echar un vistazo para darse cuenta de que tiene todos los elementos que hacen que un restaurante sea elevado -nunca rebajado- al nivel de cantina. A saber: fotos de Evita, tapas de la revista El Gráfico, jamones colgando, ajos con cinta roja, jarras pingüino y alguna foto de un boxeador de la época dorada del deporte. Pero no sólo de la nostalgia vive este lugar de avenida San Juan y Sarandí. Tiene una carta de vinos que puede satisfacer a un experto y algunas carnes a la que los porteños no están tan habituados. Además de sus platos con mariscos, el estofado de rabo de toro y los caracoles son dos de los favoritos. Pero ahora acaban de incorporar a la carta el faisán. «No fue fácil encontrarle el sabor justo. Finalmente, después de varias pruebas con una carne que no es barata, se decidió cocinarlo al spiedo y la pieza entera», cuenta Tomás Banzas, uno de los encargados del lugar, que está abierto de martes a domingos mediodía y noche. Un detalle: el spiedo será el mismo que hizo célebre al lugar hace medio siglo. El proveedor de la carne de faisán es una empresa patagónica dedicada a elaborar carnes exóticas, que también comercializa jabalí, ciervo y salmón, entre otros.

La recorrida se completa con De Lira, que ofrece pescados en una fusión de cocina chilena con toques de otros sabores del mundo. Y, para los amantes de la cocina del sudeste asiático, está Green Bamboo en Palermo, que ofrece un exquisito plato vietnamita: vit quay. Atención. Es pato confitado, marinado en ginger, cítricos, vino de arroz y tamarindo con cebollas asadas, hongos, cilantro, verdeo y ajo, acompañado de arroz, chutney de peras y chili. Con semejante banquete, ¿alguien entraña la colita de cuadril?

DZ/KM

Fuente Redacción Z
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