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TEMAS DE LA SEMANA

Comida al peso: la nueva sensación

Rica, variada y más barata, se ganó el corazón -y el estómago- porteño

Por Redacción Z
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El centro porteño brinda muchas opciones gastronómicas para los trabajadores de la zona que caminan apurados por las calles y buscan calmar el hambre. La mayoría sabe adonde dirigirse y sus bolsillos están encantados con una reciente atracción culinaria: la comida por peso llegó para quedarse.

Pizzerías, parrillas, bares, restaurantes, rotiserías y pancherías, todos se rinden a los pies de la nueva sensación china. Esta tendencia ofrece carnes de vaca, cerdo, pollo y pescado, una amplia variedad de vegetales, platos elaborados y postres. El precio de cada almuerzo se establece por cantidad y esa lógica no varía según el tipo de alimento adquirido. En efecto, los valores oscilan entre los $ 7 y $ 7,50 cada 100 gramos, es decir que una porción abundante, de aproximadamente medio kilo, puede costar menos de 40 pesos.

Al mediodía, cuando los estómagos comienzan a crujir, decenas de oficinistas se abalanzan frente a las fuentes de comida caliente. Muchos lamentan la falta de equilibrio para sostener sus portafolios y al mismo tiempo servirse el almuerzo en las frágiles bandejas de plástico. Las manchas de salsa en camisas y pantalones se ven a menudo, pero eso no desmotiva a la clientela. Tampoco es extraño encontrar alguna discusión por una última porción de tarta en disputa.

Esta escena suele repetirse de lunes a viernes en Pekín, ubicado en la calle 25 de Mayo, entre Lavalle y la avenida Corrientes. Para evitar inconvenientes, se montó un considerable despliegue preventivo con orientales que circulan por el establecimiento, mientras hablan con sus woky toky. Tiene un importante operativo de seguridad, para que nadie se robe ni una lenteja.

José Chen es el dueño, tiene 33 años, nació en la capital del gigante asiático y se vino a la Argentina para emprender negocios vinculados a los supermercados y al mundo gastronómico. Su castellano es casi nulo, pero aún así fue el único del nuevo rubro que brindó declaraciones, reveladoras: “Buenos Ailes es muy bueno y simpático”, expresó. Para contarle a Diario Z los motivos de su éxito, Chen usó sus palabras mágicas: “Acá es muy lico, balato y hay muchas flitulas”.

Los clientes también explicaron por qué prefieren comer en este tipo de sitios. “Hay mucha variedad y además se ahorra tiempo, es más rápido que otros lugares”, comentó Ayelén Grau, asistente administrativa y estudiante de 26 años. Por su parte, César Bochini dijo que elige esta opción “porque es más barata”. Y se marchó apurado mientras las ráfagas de viento le volaban el traje.

Pesadilla para la competencia
¿La llegada de la comida por peso modifica el mercado? La respuesta es sí. Muchas veces los gastronómicos no pueden resistir esas condiciones. Esta experiencia la vivió Alexander, uno de los dueños del bar Ayer, en Marcelo T. de Alvear 1679. “La nueva tendencia nos impacta, ya tuvimos que cerrar un restaurante por eso. La suba de los alquileres del 30 por ciento y la baja en las ventas repercutieron”, recordó. En la misma línea, un mozo del bar Anamora, en Lavalle 1326, expresó: “Perjudica nuestro negocio porque sus precios son muy bajos”.

Allí, en Tribunales, el clima tenso reina en más de un comercio, sobre todo en aquellos donde los clientes se reducen. Otros, en vez de caer en el mal humor, recurren a diferentes alternativas. Sabiendo que la batalla por persuadir a los oficinistas está casi perdida, las parrillas y restaurantes de las peatonales cercanas al Obelisco se pusieron un objetivo muy segmentado: los turistas. Así, como si fuera la puerta de un boliche, lanzaron promotores gastronómicos para atraer comensales. Ahora, el clásico grito “dólares, euros, reales, ¡cambio!”, se mezcla con el de día: “Parrilla, vacío y chorizo”.

Por Leandro Lutzky

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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