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TEMAS DE LA SEMANA

Colores del alma: Arte de locos

Una muestra reúne 120 pinturas de pacientes psiquiátricos.

Por M S Dansey
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NISHAHAMA, MIGUEL ANGEL, Sistema galactico, 30x40cm, carton, 21-04-04

Desde principios del siglo XX, digamos del mingitorio de Marcel Duchamp a esta parte, en ese lento pero inexorable paso de lo plástico hacia lo conceptual; y sobre todo a partir de los 90, cuando el mercado conquistó definitivamente las instituciones públicas para consagrar la figura del artista profesional como modelo indiscutido de la escena de las artes visuales, la producción estética contemporánea ha pasado a ser pura especulación intelectual. Tanto que aburre. Cualquiera con dos dedos de frente y sangre caliente corriendo por sus venas que se dé un paseo por las galerías de arte de aquí o del mundo, en algún punto del recorrido necesariamente irá a preguntarse qué pasó con la pasión, qué pasó con la espontaneidad. En definitiva, qué pasó con los artistas. ¡Qué pasó!

Será por ese sentimiento contenido que la muestra de los artistas de los hospitales Borda y Moyano que puede verse en el pabellón de la Universidad Católica Argentina resulta tan refrescante.

“Todos tenemos un potencial creativo que las normas sociales anulan”, decía el artista francés Jean Dubuffet, quien en 1945 creo junto a André Breton y Antoni Tàpies de la Compagnie de l’Art Brut, una colección de cinco mil piezas realizadas en su mayoría por pacientes de hospitales psiquiátricos pero también por artesanos de culturas tribales y representantes del arte popular, el arte espiritista, el naif y arte infantil. Obras que de alguna manera no estaban contaminadas por la cultura dominante, que le daban prioridad a la intuición y al gesto individual por sobre la razón.
En realidad, el interés por “el arte de los locos” venía de antes. Desde los posimpresionistas alemanes hasta el propio Picasso, la bohemia europea investigó, coleccionó y se inspiró en el trabajo realizado por los internos de los hospitales psiquiátricos. El norteamericano Benjamin Rush, padre de la psiquiatría en América, sistematizó eso que hoy llamamos terapia ocupacional. La diferencia con Dubuffet es sustancial: el objetivo del arte-terapia era –y sigue siendo– que el paciente vuelva a las convenciones sociales, Dubuffet buscaba exactamente lo contrario. Vale decir que por esos días la Segunda Guerra clausuraba el monumento a la razón pura que había iniciado la Ilustración.

Celebrar hoy la locura sería al menos controvertido. Estar loco no está bueno. Pero justamente por eso, por el padecimiento que implica, el taller de arte en el marco del tratamiento psiquiátrico es una celebración, un espacio de autonomía donde la alegría es protagonista gracias a la sublimación.
La muestra se llama Colores del alma y, aunque pueda sonar a lugar común, los trabajos desbordan de color y vivacidad. Su curadora, María Luisa Barril, decidió llenar cada rincón de la sala con 120 pinturas de ocho artistas que seleccionó entre los pacientes que asistieron al taller vocacional que dictó en el Borda entre 2001 y 2004. El conjunto se completa con trabajos de artistas mujeres que hicieron lo propio en el hospital Moyano. La decisión de mostrar un cúmulo significativo de la producción de cada uno es acertada. Así llegamos a conocer el mundo privado de estos artistas que justamente se destacan por su interioridad.

Si Roberto Neri en sus construcciones geométricas parece hablar de una articulación de planos metafísicos, Ricardo Horacio prefiere concentrarse en la realidad inapelable de la carrocería de autos, colectivos y aviones que viajan duros entre cielos líquidos y terrenos empastados. Si las naturalezas muertas de Carlos Oviedo dejan entrever deformaciones monstruosas en los objetos cotidianos, las acuarelas del japonés Miguel Ángel Nishihama son meticulosas narraciones cargadas de detalles que establecen relaciones fantásticas dentro de la realidad. Cada uno de ellos con un repertorio de motivos y elementos propios consigue trabajos excepcionales. Podrá parecer romántico y quizás lo sea, pero cuadros como “La bebedora” de Hugo Lorenzini, la cabeza masculina de Digna Durich o la virgen con niño de María Rosa Mazzotegui nos exigen volver a pensar qué esperamos del encuentro con una obra de arte. No habrá que estar tan loco para tanto, sólo un poco, nada más.

Colores del alma. Pabellón de las Artes de la UCA. Alicia M. de Justo 1300. Gratis. De martes a domingo, de 11 a 19. Hasta el 4 de mayo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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