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Actualizado: 01/12/2021 16:18:24
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TEMAS DE LA SEMANA

Colonias de vacaciones, cuando el uniforme son la malla y las ojotas

Desde grandes contingentes que practican deportes en clubes hasta jardines. Todas las opciones.

Por Natalia Gelos
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Cada año, el timbre que anuncia el final del ci­clo lectivo marca tam­bién el comienzo de algo más: las vacaciones son para miles de chicos un período entre didáctico y recreativo que incluye pileta, deportes, juegos y el en­cuentro con eso que muchas ve­ces toma la forma de «los amigos de verano». Una tradición urba­na que responde, sobre todo, a la necesidad de los padres de te­ner un lugar en el cual sus hijos puedan pasar el día seguros y en­tretenidos mientras ellos trabajan. Ese comienzo de temporada, sin embargo, para esos padres se ini­cia mucho tiempo antes, cuando, frente a miles de variables a con­ciliar, deben decidir a qué colonia mandarán a sus hijos.
Conocer las instalaciones, ver qué lugares ocuparán, asegurarse de que se cumplen las condiciones de seguridad en caso de acciden­tes y, sobre todo, lograr que ellos, los chicos, estén de acuerdo con la elección realizada; varias son las cuestiones a tener en cuenta. Y a la hora de elegir, hay varias opciones.
El sector estatal ofrece colo­nias deportivas y lo que se cono­ce como «Verano en las escue­las». En el sector privado sucede algo similar, aunque las ofertas de colonias temáticas se diversi­fican cada vez más. En paralelo, se hace cada vez más frecuente la elección de las colonias rodan­tes, la versión estival de los jardi­nes en casa.

Para todos los gustos
Para los que buscan las alter­nativas privadas y pueden pagar­las, la oferta es cada vez más am­plia. Hay colonias privadas que permiten que los chicos asistan sólo algunos días de las semanas, en grupos reducidos y con la po­sibilidad de realizar actividades no deportivas. Arte, circo, ciencia, música, talleres/colonia que bus­can ofrecer una experiencia peda­gógica y que se enfocan en una atención más personalizada.
Elina Mercogliano es parte de la Academia Fusión, en Villa del Parque. Ella cuenta que la colonia de artes que funciona en el esta­blecimiento se abrió el año pasa­do, cuando vieron que había una necesidad a ser satisfecha: «No­sotros trabajamos todo el año con talleres de iniciación musical y veía­mos que muchos padres buscaban alternativas para sus hijos, porque a los chicos no les gusta el depor­te, o porque ellos quieren algo más personalizado, o porque no quie­ren que estén al sol, por ejemplo». Las clases se dan de lunes a vier­nes, de 9.30 a 12.30, y se dividen en actividades de una hora y cuar­to en las que se pasa de iniciación musical a dibujo y pintura y luego a una clase de yoga para niños.
«Se enseña según las posibi­lidades de cada chico -dice Mer­cogliano-. Alos más pequeños les enseñamos tiempos y ritmos, a los más grandes, lectura musi­cal.» El lugar es para chicos de 4 a 10 años.
Y entre las opciones no tradi­cionales se cuenta la posibilidad de pasar un verano en el zoo de Bue­nos Aires. Allí los chicos asisten a clases que buscan, sobre todo, cul­tivar su espíritu ecológico. De lu­nes a viernes de 9 a 13, los niños pueden tener un punto de vista privilegiado en el mundo del zoo­lógico: estar cerca de las jirafas, ver cómo alimentan a los elefan­tes. La oferta del Zoológico busca divertir y generar conciencia a tra­vés del contacto con los animales del lugar desde el 19 de diciembre al 17 de febrero. «Se tiene contac­to con animales que, obviamente, no sean peligrosos y estén acos­tumbrados al contacto con perso­nas. Por ejemplo llamas, guacama­yos, animales de granja, lemures. En estos momentos se cuenta con la presencia continua de los cuida­dores de cada animal», dicen des­de el área de prensa del Zoo.

Jardines rodantes
Josefina Fatur Depetris es la coordinadora del jardín rodante Paso a Paso y es licenciada en Edu­cación de nivel inicial. Cuenta que comenzaron como jardín ambulan­te para ofrecer una alternativa a los padres, un punto intermedio entre la casa y el colegio. Esa propuesta les resultó exitosa y tuvo como na­tural consecuencia la demanda de continuidad en época de vacacio­nes, lo que generó esta especie de «colonia a domicilio» que se for­ma con grupos, por lo general, de unos cinco chicos que viven en el mismo edificio o, incluso, que asis­ten a un mismo jardín pero que lle­gado el verano adoptan esta mo­dalidad. «Para las mamás es más cómodo y, principalmente, nos eli­gen porque se quedan tranqui­las, porque los ven muy chiquitos a sus hijos como para estar en gru­pos demasiado numerosos.» Esta propuesta, en oposición a la ma­sividad de un club, se forma con grupos coordinados por una do­cente de nivel inicial que planifica las clases en conjunto con los pa­dres o con las necesidades de los chicos. Por lo general, las tres ho­ras que suele durar a diario la ex­periencia se pasa entre juegos con agua, pero sin pileta (por cuestio­nes de seguridad), con música o talleres de cocina.
Melina Fleiderman tiene 32 años, es periodista y es mamá de Teo, que tiene dos años y me­dio. También es mamá de Olivia, que tiene cinco meses. Como Teo atravesaba muchos cambios con la llegada de su hermana, Melina decidió que la mejor opción para que tuviera una primera aproxi­mación a lo que es un jardín de infantes fuera desde la propues­ta de un jardín rodante, como Paso a Paso. «Con algunas ma­más del edificio armamos el gru­po de chicos. Ahora, que estamos de vacaciones, al mismo grupo se le sumaron algunos chicos más y concurren al Salón de Usos Múlti­ples. Es un espacio doméstico, sin serlo. Así no tengo que acoplar mis horarios a los de él y tengo la tranquilidad de saber que está cuidado. Me daban desconfianza los clubes y, además, Teo no hace natación», explica Fleiderman.

Juegos y deportes
La oferta de colonias públicas y gratuitas, en cambio, se asienta sobre todo en su perfil más depor­tivo, aunque contempla lo educa­tivo y lo social. Francisco Irarráza­val, subsecretario de Deportes del Gobierno de la Ciudad, dice este año se anotaron unos 15.000 chi­cos, aunque asegura que con el correr de las primeras semanas esa cifra varía, porque algunos no asis­ten o comienzan y luego abando­nan. Entre los que dejan o los que se incorporan más tarde, en total suman unos 20.000. Las inscrip­ciones se hicieron hasta el 7 de di­ciembre y la temporada comenza­rá el 2 de enero para terminar en la segunda quincena de febrero. Allí acudirán, como cada año, chicos de 4 a 13 años, de lunes a viernes de 8.30 a 16.30. En esas jornadas practican deportes y juegan. Ade­más, desayunan, almuerzan y me­riendan. El requisito para la inscrip­ción es tener domicilio en Capital Federal y presentar DNI o su cer­tificado de documento en trámi­te. Para los chicos de barrios más pobres, que son casi la mitad de quienes asisten a las colonias, hay transporte gratuito.
Son catorce los parques y po­lideportivos que año tras año se transforman en colonia deportiva durante los meses de verano: los parques Sarmiento, Manuel Bel­grano (ex KDT) y Roca; los polide­portivos Avellaneda, Chacabuco, Colegiales, Costa Rica, Dorre­go, Martín Fierro, Pereyra, Patri­cios, Pomar, Santojanni y el Club GEBA. Irarrázaval dice que en las últimas semanas de diciembre se inician los preparativos para po­ner a punto estos lugares.
En los últimos años, la Defen­soría del Pueblo de la Ciudad ha presentado informes que exponen los problemas más comunes en las colonias públicas. Por lo general, las irregularidades consistían en botiquines de primeros auxilios in­completos o mal estado de las ins­talaciones. Un informe de abril de este año detectó esos problemas. Irarrázaval dice: «Nosotros toma­mos todos los consejos, pero en todos los parques tenemos un mé­dico jefe que supervisa y provee­mos insumos. Quizá justo pasaron en un día movido o entre reposi­ción y reposición. Además, tene­mos unas cuatro mil personas que integran el equipo interdisciplina­rio entre docentes, guardavidas, médicos, nutricionistas, y controla­mos sobre todo las áreas médicas, de guardavidas y la comida».
La propuesta gratuita también se extiende a los colegios, dentro del programa «Vacaciones en la escuela». Ahí los chicos asisten a diario y realizan actividades de­portivas y artísticas.
En total, según Irarrázaval, funcionan unas 68 colonias en­tre públicas y privadas. Incluidos los clubes de barrio más tradicio­nales, que organizan propuestas para socios y no socios y con la in­faltable pileta y actividades que se reparten entre deportes y juegos.
Hacia mediados de febrero, la mayoría de las colonias culmina su ciclo. Hasta el próximo verano, cuando suene el último timbre de final de clases.

 

Jardines maternales

Los jardines maternales públicos que reci­ben chicos de hasta dos años continúan con sus actividades durante todo el año. Pero para las madres que llevan a sus hijos a jardines pri­vados, para quienes buscan otra opción duran­te los meses de verano, las colonias ambulantes (derivación de los jardines rodantes, que van de casa en casa) son una alternativa que gana cada vez más seguidores. También hay algunos espacios dedicados a los niños más pequeños. Planeta Juego, por ejemplo, tiene un espacio para la educación inicial de los bebés. Se llama Sol de Planeta y organiza juegos al resguardo del calor, pero al aire libre. En Puerto Crianza, en Puerto Madero, la oferta -más costosa- también se enfoca en la atención de chicos que asisten a jardines maternales.

 

Precios

Los aranceles varían según la cantidad de veces por semana que se asista a la colonia. En promedio, van de los $650 a los $1.500. En Paso a Paso también se calcula en base a la cantidad de chicos que integren el grupo. Ahí, el valor mínimo es $480 y corresponde a la colonia que se realiza tres veces por semana, durante tres horas, con seis niños; el valor máximo es $1.280 y corresponde a la colonia que se realiza de lunes a viernes cuatro horas con tres chicos. En la mayoría las actividades se hacen de lunes a viernes tres horas y suelen ser cinco niños, en ese caso el arancel es $780. En los clubes, hay precios para socios y para no socios. En Argentinos Juniors la jornada completa sale $600 para los no socios y $330 para los socios mayores de seis años. En Vélez Sarsfield se puede pagar por mes o la temporada comple­ta, que sale $862 para turno completo, de 9 a 17. En el Zoo los precios se calculan por cantidad de semanas y de hermanos inscriptos. Un solo chico, durante un mes, paga $1.050. Tres hermanos pagarían $2.700. En los barrios, con un perfil más de taller de ve­rano, los precios rondan los $700 u $800. En Academia Fusión el arancel es de $850 para el turno completo.

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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