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Club Social y Deportivo: La magia de la esgrima

El Club Francés, fundado en 1866, es pionero en el arte de los espadachines.

Por Diego Zwengler
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La estrategia del ajedrez, la plasticidad del ballet y la agresividad de las artes marciales.» La frase, bandera de la Federación de Esgrima Española, resume la particularidad
de este refinado deporte, poco difundido y con mote de exclusivo.

El Club Francés es la institución emblema de este deporte en nuestro país. Se fundó en 1866 y en los inicios era un espacio puramente social para la colectividad francesa. No se practicaba ningún deporte y funcionaba solamente un bar, un comedor, una sala de juegos y una biblioteca. 

La piedra fundadora de la esgrima fue el maestro Edward Gardere, trece veces campeón de Francia, que había llegado desde Europa luego de la Segunda Guerra
Mundial. Fue tentado por varias instituciones argentinas y se quedó para siempre. Gardere fue el maestro de quienes hoy enseñan la disciplina.

«La esgrima fue y es la única actividad deportiva y pasó a ser el baluarte y el emblema del Francés, es por lo que se conoce al club en el mundo», cuenta José Domínguez, maestro de esgrima, que estudió tres años en Alemania. 

Tiene 56 años y empezó con la esgrima en el Francés a los 8. «Éste es el único arte marcial occidental, hay un combate y un contacto, pero el físico no determina quién gana porque la estrategia es lo fundamental», agrega Domínguez. 

El club mantiene una larga tradición en la formación de figuras y la obtención de títulos y cuenta entre sus filas a los campeones de espada nacional en mayores y juveniles. La institución, ubicada en Rodríguez Peña 1832, en Recoleta, funciona junto a un hotel reciclado y tiene salones, comedor y bar. Su característica distintiva siempre fue contar con una movida
cultural. Era común que se dieran cursos de música y son recordadas las charlas de personalidades como Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. «Los franceses nos enseñaron la amplitud cultural e ideológica y es lo que tratamos de transmitir a los más chicos», explica Domínguez.

En el club se enseña esgrima de competición y también social, para quienes acuden en forma recreativa. En el Francés se enseña los lunes, miércoles y viernes, pero también hay entrenamientos martes y jueves con equipos nacionales.

Domínguez cuenta que «en Buenos Aires hay trece clubes donde practicar esgrima. La diferencia es que en el Francés tenemos todo, el que quiere viene a la sala por placer y si no a competir. Este lugar siempre se caracterizó por ser muy amplio en cuanto a edades.

Acá vienen chicos de 12 hasta señores de 80 y esto se da porque es una disciplina que se puede jugar toda la vida. En el club fomentamos la interrelación entre todos y eso lo hace atractivo». Para empezar con esgrima no se necesita ninguna indumentaria más que joggins y zapatillas. El club presta la ropa adecuada hasta que el socio pueda ir equipándose con el traje, el chaleco, las armas y los guantes.

A los principiantes se les otorga un período de prueba de seis meses donde se paga cada clase, pero sin compromiso de asociarse. Las clases duran de 45 minutos a una hora, con un entrenamiento previo.

José María Casanova enseña esgrima desde hace 30 años en el Francés y opina que el mayor cambio a lo largo de tantos años radica en lo tecnológico. «Antes un jurado debatía si un tirador -como se conoce a los jugadores- era tocado o no. Hoy está lleno de pantallas, cámaras y sensores que facilitan esas decisiones.

Para el que no lo conoce es un deporte muy romántico, uno imagina El Zorro o algo épico. Entonces es fácil de vender. Pero no es masivo porque no está bien difundido», señala Casanova.
omínguez, por su parte, asegura que la esgrima no es un deporte de elite: «Equiparse cuesta lo mismo que hacerlo para el tenis o para otro deporte».

Casanova cree que «hay algo mítico en la relación del hombre con la espada ya desde chicos, y después cuando uno es grande, recupera esa sensación de juego. La esgrima tiene esa magia, da la posibilidad de volver a la infancia».

Fuente Redacción Z
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