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Claudio Bertonatti: «La idea de que el Zoológico debe ser rentable es un disparate»

Cuando asumió como director, muchos vieron en este prestigioso naturalista la salvación para una institución degradada. Se fue porque el bajo presupuesto le hizo imposible cumplir con sus propuestas.  

Por Lucila Rolon
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claudio bretonatti claudio bretonatti
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Se preparó toda su vida para dirigir un zoológico. Tiene 49 años y hace treinta que es naturalista y museólogo. Estuvo a cargo de la Fundación Vida Silvestre (fundó su revista) y trabajó en la creación de la Reserva Ecológica. Hasta que la empresa Zoológicos de Buenos Aires SA lo convocó para ser el nuevo director. Asumió en enero de 2012, siguió en él después de que el Gobierno de la Ciudad subastó el lugar en octubre cuando a la empresa se le venció la explotación del predio. Pero en mayo de este año decidió renunciar a su puesto cuando le comunicaron que, “ante la crisis económica, no podrían realizar el plan de renovación que él había presentado”. Por estos días se dedica a la docencia, da un posgrado sobre Patrimonio y Turismo de una cátedra de la Unesco y en la Escuela Nacional de Guardaparques.

¿Cómo es dirigir el Zoológico?
Como dirigir una ciudad pequeña: tenés desafíos edilicios, de suministro de energía, agua, gas, electricidad. Un corte de luz prolongado pone en riesgo la vida de los animales, se desperdicia la comida. Un elefante come alrededor de 80 toneladas por día. Y al zoo entran 700 kilos de carne por semana. También hay que manejar a 700 personas que tienen distintas funciones (un biólogo, comunicadores, psicólogos, mantenimiento, de todo), hay un hospital, un área de nutrición. Hay 2.400 animales, patrimonio arquitectónico, obras de arte, es monumento histórico nacional, tiene 52 edificios, recibe tres millones de visitantes anuales, y de éstos, más de dos millones no pagan entrada porque son menores de 12 años, discapacitados, jubilados o estudiantes universitarios.

¿Por qué renunció a su cargo de director?
Fui convocado para diseñar un plan de transformación del Zoológico en lo que debe ser. Presenté un plan detallado y lo sometí al directorio de la empresa porque eso definía si era o no era yo la persona que estaban buscando. No quería sumarme y tener que estar pulseando todo el tiempo para ejecutar cada decisión. Ellos lo aprobaron, pero en mayo de este año me comunicaron que la situación económica no les permite desarrollar el “Plan para renovar la visión, misión, compromisos y objetivos del Zoológico de Buenos Aires en el período 2012-2017”. Además me manifestaron la necesidad de que uno de los socios de la empresa asumiera el liderazgo de la institución.

¿Cuál era la inversión necesaria? ¿Y de qué se trataba?
No menos de 50 millones de pesos iniciales, y la misma suma en una etapa final. El plan que armé no surge de un momento creativo de una trasnoche cualquiera. Trabajé 30 años en conservación de la naturaleza. A nivel mundial hay documentos que establecen hacia dónde deben evolucionar los zoológicos. Está escrito aunque nadie lo lee. Yo tomé algunos principios de lo que se llama la estrategia mundial para la conservación de zoológicos y acuarios y la adecué a las circunstancias de nuestro zoo, que es muy particular: tiene 125 años, rango de monumento histórico nacional con obras monumentales que no se pueden tocar. Es difícil transformar un lugar así.
La definición de zoológico tiene tres puntos fundamentales que los de nuestro país no cumplen. Acá son una colección de animales vivos, de tipo circense. De zoológico tiene el nombre, nada más. No conserva, no educa ni investiga. Sólo recrea, que está bien pero no debe ser lo único.

¿Qué cosas quiso hacer y no pudo?
Cambiar algunas prácticas y procedimientos malos que quedaron establecidos por haberse repetido durante años. Por ejemplo, transformar el área de Enriquecimiento Ambiental, una de las que peor funciona. Es fundamental el trato que se les debe dar a los animales: confort, alimentación, cuidado, chequeos sanitarios, seguridad y uno muy importante que no se lleva a cabo: salvarlos del aburrimiento. El trabajo es ofrecer todos los días un problema cognitivo a los animales para que puedan resolverlo. Es el mismo desafío de la política carcelaria, por hacer una analogía simple. Los cuidadores se restringen a darles de comer o limpiarlos. Los buenos zoológicos desarrollan técnicas para esto. Pero en el nuestro no se pudo hacer.

¿Por qué?
Porque implica trabajar más y mejor, siguiendo protocolos, no lo que a uno le parece. Hubo muchas resistencias para concretarlo. El gremio no lo aceptó, los desvelan otros intereses. De cualquier modo, que quede claro: los cuidadores no fueron el obstáculo para la transformación del Zoo, pero sirve como ejemplo para entender la complejidad de los cambios. También hemos reparado recintos que estaban en situaciones calamitosas, como la pileta de los hipopótamos. Pero quedó bajo el agua y la gente no lo puede ver ni apreciar. Es mucho más fácil hacer un maquillaje porque muchos te van a aplaudir, pero los males de fondo siguen.

¿Qué pudo hacer?
Que el Zoológico reciba animales decomisados para ayudar a combatir el comercio ilegal de fauna y, al mismo tiempo, que funcione como gran centro de rescate. Los programas de recría de especies.

¿Cuál es el diagnóstico del Zoológico hoy?
Todo indica que se encuentra abandonado. Yo estoy afuera y no tengo certezas de hacia dónde va, pero sé que tienen que cumplir el plan pautado, porque forma parte del compromiso asumido por la empresa junto con lo que pide el pliego de concesión. Tienen que cumplir la propuesta técnica que se votó. El veedor es el Ejecutivo porteño. Si el Zoológico no se transforma desaparece, va a morir como institución, lo van a convertir en otra cosa: un paseo de edificios históricos o algo así. Desgraciadamente, está instalado que un zoo tiene que ser rentable y eso es un disparate. Nadie cree que tengan que ser rentables ni las escuelas ni los hospitales. ¡Están para otra cosa! No son unidades de negocios. Cuando vi el pliego noté que hay un 85% de la inversión que tiene que ver con obras de infraestructura, de restauración del patrimonio arquitectónico, de mejoramiento de los caminos y un 15% para lo que yo digo la razón de ser del Zoológico. Los animales no aparecen en el pliego.

¿Cuáles son los principales problemas? ¿Por dónde habría que empezar?
No hay un problema principal. Es como que me digas en un hospital, ¿qué necesitamos primero? ¿mejores cirujanos o mejores enfermeros? Se trata de una mejora integral. El Zoo tiene recursos humanos para salir adelante, gente muy buena y valiosa, comprometida con un zoológico de verdad. Mi humilde consejo es que les den más protagonismo porque están rodeados de funcionarios que han acompañado los años de decaimiento de la institución.

¿Qué responde a quienes dicen que aplicar su modelo en esta ciudad es imposible?
Que no es imposible, que hay ejemplos, como el zoo del Bronx o el de Nueva Jersey, o el de Alemania. El camino que yo propongo es el más inteligente y el más necesario para la crisis ambiental del país, y también es el más difícil, en eso estoy de acuerdo. No hay condiciones económicas ni intelectuales de llevar a cabo una transformación de este tipo. No hay voluntad política. Acá hay una larga tradición en restringirse a la exhibición de animales y nada más.

¿El promedio de animales muertos es el mismo que en otros zoológicos del mundo?
No es comparable, porque depende de la cantidad de especies que tengan. Y tener más especies no significa algo mejor que tener pocas y bien cuidadas. De la colección propia conservamos todo, por suerte. Tenemos un grupo de veterinarios muy bueno, los nutricionistas también, cuyo trabajo es honrable. Es un mito que los animales están mal. Yo tengo un montón de críticas para hacerle al zoológico, pero eso es una falsedad.

¿Cómo fue la relación con el Gobierno de la Ciudad?
El gobierno tiene una responsabilidad que trasciende al Zoológico. Tiene que aliviar la crisis ambiental de su territorio, que tiene muchas aristas. El Zoo puede contribuir con algunas, como que funcione como un centro de educación ambiental. Ser un lugar que deje un mensaje de responsabilidad con el medio ambiente, no sólo un conjunto de fotos lindas. Pero no lo incluyen en nada para eso. No existe un organismo estatal capaz de llevar adelante un zoológico de una complejidad notable. La degradación que sufrió es incuestionable. Ahora el gobierno tiene que evaluar el trabajo de la empresa concesionaria, aunque no suele intervenir en las decisiones que toman. Ningún funcionario se comunicó conmigo.

¿Qué fue lo que más lo desilusionó?
Que no me propusieran pensar una alternativa para el plan. Yo trabajé años en ONG, donde uno aprende a hacer grandes cosas con pequeños presupuestos, y a manejar cincuenta temas por día. No me considero un fundamentalista, si me hubieran permitido, hubiera reunido a mi equipo para diseñar una alternativa que evite que paralicemos la transformación. Todo esto me provocó mucho dolor y frustración. Me preparé toda la vida para hacer ese trabajo. Para mí, tener la oportunidad de devolverle la gloria inicial a ese zoológico era un sueño cumplido. Yo quemé mis naves para defender un zoológico que venía arrastrando críticas que yo mismo había mencionado. Ellos sabían a quién estaban contratando. No me dieron lugar.

 

dz/lr

Fuente Redacción Z
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