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TEMAS DE LA SEMANA

Claudia Piñeiro: «No es concebible un mundo donde la mujer es violada y hay trata»

Mientras se prepara para presentar su nueva novela en la tradicional Feria del Libro en abril, la escritora habla del policial, su relación con la ciudad y sobre los avances y las cuentas pendientes en cuestiones de igualdad de género.

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Claudia_Piñeiro. Claudia Piñeiro.

La autora de la novela Las viudas de los jueves, luego devenida película, volvió a ocuparse del mundo de los countries con el policial Betibú (2011). Este año presentará libro nuevo, Un comunista en calzoncillos, en la Feria del Libro. Claudia Piñeiro, escritora, guionista y dramaturga, conversó con Diario Z sobre su trabajo, el rol de la mujer y su relación con la ciudad.

Las viudas de los jueves y ahora Betibú transcurren en un country, ¿por qué encuentra tanta inspiración en ellos?
En realidad, cuando escribí Las viudas de los jueves, arranqué con una imagen de un cuento de John Cheever –”El nadador”–, la imagen de una pileta, y con eso quería contar lo que le había pasado a una familia en la década de los noventa. En esa época se dio el gran crecimiento de los countries. Yo podría haber puesto los mismos personajes en una torre en Palermo, pero dramáticamente permitía menos cruces. Es casi imposible que se cruce la historia de alguien que vive en el piso veintidós con el que vive en el quinto. Acá es distinto, los chicos juegan en las plazas, tienen campo deportivo, van al mismo colegio, los personajes se conocen más y eso permite un enganche dramático mucho mayor. Y en cuanto al policial, el country funciona como el cuarto cerrado de lo que eran las clásicas novelas policiales, donde se comete el crimen y nadie puede entrar ni salir, o sea, el asesino siempre está ahí dentro. De alguna manera, estos lugares de tan difícil acceso y difícil salida nos permiten dilucidar que el que cometió el crimen está cerca.

¿Qué es lo que más le gusta y que le disgusta de estos barrios cerrados?
Hace más de dieciocho años que vivo en un country, en su momento estaba por casarme, tenía un hijo y otro en camino, al papá de los chicos le gustaba mucho el deporte y además es arquitecto, con lo cual tenía muchas ganas de hacerse una casa. En ese momento no era caro y teníamos la posibilidad de hacernos la casa con mucho más espacio… Vivíamos en un departamento de dos ambientes en el centro de la ciudad, para cuatro personas ya nos quedaba apretado. Teníamos dos varones y ellos necesitan expansión. Después, tiene mucho que ver con la organización, cuando mis hijos eran chicos salían a andar en bicicleta, iban a casa de los amigos solos, el country es como la vida en un barrio. Ahora, en la ciudad los chicos ni siquiera juegan en la vereda. También como mi trabajo es muy introspectivo, me viene muy bien vivir en un lugar tranquilo y sin ruidos. Fuera de eso, vengo seguido a la Ciudad, a ver una película o una obra de teatro. Las desventajas aparecen cuando uno comienza a creer que vivir ahí es todo, si uno no le enseña a los chicos a viajar, a salir de allí, el mundo se reduce de una manera considerable. El problema es el encierro, no sólo físico, sino con respecto a todo lo que pasa a tu alrededor.

En su última novela conviven dos periodistas, el de la vieja generación que salía a la calle a investigar y el nuevo periodista que busca todo en internet. ¿Cómo ve al periodismo atravesado por las redes sociales?
En lo concerniente a las redes sociales e internet todo evoluciona muy rápido, pero lo que tienen estos personajes es el choque entre dos cosmovisiones, y las dos tienen algo para aportar, ambos tienen algo que el otro no tiene, se complementan. Al principio el periodista que usa internet aparece como despreciado, pero en la novela hay muchas cosas en la trama que se resuelven con esta herramienta. Lo que intento expresar es una comunicación entre ambos mundos. Uno sin el otro no funciona. Esto también me pasa, si bien soy de la vieja generación, estoy absolutamente prendida a las redes sociales. A los escritores, internet nos alivió mucho la búsqueda de textos.

MUJERES DE CARNE Y HUESO

Luego del inesperado fallo por el caso Marita Verón, los femicidios y la trata, ¿usted cree que la sociedad se encuentra en deuda con la mujer?
Creo que estamos en un momento en el que hemos ganado un montón de camino, después de un tiempo en el que estábamos en un lugar muy menor. Hace un tiempo vinieron a entrevistarme unas estudiantes de la facultad y me preguntaron sobre la mujer y el feminismo, la idea de ellas era saber si después de todos los roles que ahora nos toca cumplir como mujeres, como atender a los hijos, a la casa, trabajar y etc., éramos menos felices. Ellas venían con un preconcepto, por tener tantas obligaciones deberíamos ser infelices. Entonces les respondí que en la época de mi mamá no se votaba y que yo ganaba menos que un hombre en el mismo puesto, ¿importa ser más o menos feliz con todos los logros que vamos obteniendo? Nosotras merecemos ganar lo mismo que un hombre, al margen de si sos más feliz. Todo eso lo merecemos. Habrá que acomodar algunas cosas, un buen lugar para dejar a los chicos, por ejemplo. En Alemania las licencias por maternidad las toma parte el hombre y parte la mujer. Creo que hay cosas por hacer, pero no me parece bien esa pelea constante con el hombre por ver quién gana más o quién gana menos. No es concebible un mundo en el que la mujer es violada o sigue habiendo trata de personas y prostíbulos con gente que no quiere estar ahí y está.

¿Qué opina sobre la crisis de los cuarenta?, ¿ahora son los cincuenta?
Creo que eso se va corriendo, antes era a los cuarenta, ahora es a los cincuenta. De hecho ahora se tienen hijos en edad más adulta. Yo por ejemplo, tuve mi último hijo a los treinta y ocho años y ya estaba al límite. Ahora una mujer puede tener hijos a los cuarenta o cuarenta y tres y no hay ningún problema. Además hay otra cuestión, a esta edad nos tenemos que hacer cargo de nuestros padres, cuando una se libera de lo que son los cuidados de los chicos, aparecen los padres.

¿Cómo logra equilibrar su vida entre la maternidad, el trabajo, la casa y los medios?
En mi familia no habían escritores ni artistas ni nada, yo siempre escribí pero me dedicaba a la contaduría, era difícil para mi pensarme como escritora. Cerca de los 29 años escribí una novela que mandé a un concurso de España y quedé entre los diez finalistas, y eso fue lo primero que me reveló el espejo: si le pongo empeño, si me dedico realmente a escribir, puedo vivir enteramente de esto. Si quedé entre los diez finalistas, es porque escribía más o menos bien. A los treinta y tres tuve mi primer hijo y quería conseguir un oficio que me permitiera también estar con él, pero uno no puede largarse a escribir y dejar todo, no se puede tener esa concepción naif; las cuentas las tenés que pagar igual, los gastos siguen, hay que comer, la idea era dejar el trabajo que tenía pero encontrar algo para mantenerme. Entonces empecé a estudiar guión de televisión y arranqué con periodismo gráfico, con eso fui pasando de una profesión a la otra. Y la verdad me encantó.

¿Qué es lo que más le gusta de la ciudad?
Buenos Aires es extraordinaria, pero lo que más me gusta son todas las propuestas diarias que ofrece en cuanto a teatro, en cualquier día de la semana hay una obra para ver. Siempre pasan cosas, hay gente haciendo cosas todo el tiempo, te permite conectarte como espectador con todo lo nuevo. Eso me encanta. Lo que menos me gusta es esa violencia que se ve representada en el tránsito. Hay demasiada virulencia, porque la ciudad no nos puede acoger a todos. Que un colectivo se quede estancado por cuarenta minutos, te genera violencia. Esto deriva en que la gente esté irritada todo el tiempo. Siente que el tiempo se lo roban constantemente, para un trámite de quince minutos, uno demora dos horas en viajar.
mujeres de ficción

¿Se identifica con las mujeres de sus novelas?
Hay personas que tienen más características visibles mías, parece que son las más fáciles de identificar, por ejemplo Betibú, que es escritora, tiene más o menos mi edad e hijos con edades similares a los míos (dos varones de 19 y 17 años y una niña de 14). Casi todos los personajes tienen algo mío, me enseñaron a ponernos en los zapatos de todos los personajes, también hay que escribir sobre figuras que no tienen nada que ver con nosotros.

¿Cómo se lleva con internet?
Tengo Twitter, tengo Facebook y además uso mucho la computadora, esto también me identifica con el periodista que lo busca todo en la web. Uso estas herramientas como cualquier usuario, por más que sea escritora. De hecho, primero leo Twitter y después veo los diarios, porque en esa red tenemos un resumen periodístico de todo lo que pasó y leo lo que más me interesa. Además te armás vos el listado de periodistas que te gustan.

Fuente Redacción Z
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