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TEMAS DE LA SEMANA

Claudia Piñeiro: «escribo con el material de mis sueños»

No se considera una autora de policiales aunque en sus novelas siempre hay un enigma y siempre aparece la muerte. Tal vez porque sus textos labran un  espejo tan descarnado como piadoso de la sociedad y los vínculos familiares.

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Un auto espera en la barrera a que pase el tren. No se puede decir mucho más, porque cualquier detalle podría rasgar el misterio, pero un auto espera ante una barrera. Esa imagen fue la que desató en la escritora Claudia Piñeiro el ovillo que desanda en Una suerte pequeña, su última novela, envuelta en un magistral suspenso, como es habitual en sus libros, y con una particular destreza para lograr que el lector recorra sus páginas con el corazón en la boca.
Piñeiro es una de las dueñas del thriller en la Argentina. Sus novelas llegan a la pantalla grande (Las viudas de los jueves, Betibú, y la adaptación más reciente, Tuya), y en una actividad de la Feria del Libro de este año ofició como abogada defensora del best-seller, en una especie de paso teatral para poner ciertos conceptos en cuestión. Es una de las autoras que mejor venden en el país, y alrededor de ésta, su última obra, hay expectativa asegurada.
¿Cómo nace Una suerte pequeña? Suele decir que sus libros surgen a partir de alguna imagen.
Hay una imagen de un auto en la barrera, está esperando que pase un tren. Esa imagen tiene que ver con algo que me pasó en la infancia. Las imágenes que yo escribo siempre tienen que ver con la materia de los sueños, de lo inconsciente. A partir de ahí, uno va tirando y va apareciendo la historia.
¿No sabe que hay un gran tema que abordará desde el principio?
La novela es una historia que se está contando con determinados lenguajes. No pienso en los grandes temas. Muchas veces, cuando veo la contratapa y leo lo que se escribió sobre el tema de la novela, digo: “Mirá, se trata de eso”. Pero yo escribo sobre personajes a los que les pasan cosas. Antonio Tabucchi lo dice: todo lo que se analiza a posteriori es medio en vano porque no fue necesariamente ese el sentido. Por ejemplo, esa imagen de la infancia ¿por qué no me la olvidé y se instaló en mi cabeza para moverse y generar situaciones para escribir? Es una incógnita. Después, cuando el libro está escrito, se pueden detectar temas que son recurrentes a pesar de uno mismo, que obsesionan, que conmueven. La cuestión del silencio, un personaje que se va y no da explicaciones, deja a un montón de gente en silencio, y la posibilidad de traerlo en palabras es muy recurrente en lo que escribo. Me hace mucho eco en la propia historia.
La maternidad es otro tema fuerte en sus textos.
Yo soy madre, tengo tres hijos, pero tengo un montón de amigas que ven la maternidad de otro modo, o no les interesa, o les pesa. Me parece que son cosas que fueron cambiando. Si hacés un recorrido de escritoras jóvenes, muchas están pasando de lleno, por el costado, o como sea, por el tema de la maternidad. Ya no como una cosa impuesta sino pensando si quieren ser madres o no. Esa pregunta está apareciendo. Lo que espero es que se logre armar el universal. Una mujer no se plantea si leer o no la historia de un padre con un hijo, como Carta al padre, de Kafka, o La invención de la soledad, de Paul Auster. A mí me encanta cuando me hace una devolución un hombre. Hay veces que ciertos lectores menos entrenados o más ingenuos creen que se quedarán afuera porque no es un tema para ellos.
En su último libro aparecen otra vez la clase media y los colegios privados, algo que estaba también en Un comunista en calzoncillos. ¿Va a la propia experiencia?
En Un comunista en calzoncillos el colegio era más sencillo; éste es un colegio inglés, pero todo tiene que ver con el conurbano y la zona sur, que es una zona recorrida por lo que escribo. En esta novela los prejuicios y la práctica de juzgar al otro por parte de un grupo de padres cerrados de determinados colegios son temáticas fuertes. Hay ciertos detalles que seguramente son personales, pero hay mucho de ponerse en el lugar del otro.
Se comprende a la protagonista de Una suerte pequeña, aunque su decisión sea muchas veces inimaginable.
Estudié mucho tiempo con María Inés Andrés, que era directora, y nos decía: “Si no te podés poner en los zapatos del personaje, no podés escribir porque vas a hacer un estereotipo”. El personaje de Una suerte pequeña tiene cosas con las que me puedo identificar y otras con las que no me puedo identificar, pero hice un trabajo de investigación. En la última página agradezco a psicólogos y astrólogos que me ayudaron a ver qué características tendría que tener alguien como ella. Me encantó hacer esa investigación. Hay cosas que también conozco por haber crecido en un pueblo chico. De vuelta a esa imagen en la barrera, pasó algo parecido y me acuerdo que veía a esa mujer en Burzaco y pensaba cómo se sentiría con la mirada de lo demás. Todos somos personajes diferentes en este mundo, y todos reaccionamos de manera diferente. A mí me gusta siempre poner a los personajes en momentos límite o de decisión.
Sus libros son leídos por todo tipo de público. Por ejemplo, los docentes dan Tuya en la escuela secundaria.
Sí, me pasa mucho con Tuya. Los profesores me dicen que a veces les cuesta encontrar libros con los que los chicos se enganchen. Y yo me pregunto qué pasa cuando los chicos se encuentren con un texto como ése, que escribí en un tiempo en el que no existía whatssap. Pero situaciones como tener una amiga confidente o la falta de vínculos con los padres, por ejemplo, pueden entenderlas.
En la presentación de su nueva novela en la Feria del Libro va a sumar comentarios de sus seguidores en Twitter y Facebook. También están mencionados en los agradecimientos. ¿Por qué?
Mi hijo tenía que hacer un trabajo de Economía para el CBC y tenía una duda. Necesitaba averiguar si se expandía o no la base monetaria si hacías determinada cosa. No nos poníamos de acuerdo y entonces puse la pregunta en Twitter. Y me contestó un montón de gente, entre ella, economistas reconocidos. Mi hijo me miró y me dijo “Qué fácil es la vida en Twitter”. La verdad es que hay una red de personas. Estás muy cerca, y no sólo de los lectores. Hay gente que ni sé quién es, pero se crea un vínculo porque me hacen comentarios, contesto… Yo administro todas mis cuentas.
¿No le quita mucho tiempo?
Sí. Me da trabajo pero también me da satisfacciones. Y a partir de las redes sociales tengo mucha devolución de la lectura de mis novelas. Antes, eso sólo pasaba en la Feria del Libro. Ahora, con las redes, cada dos por tres recibís un mensaje. Eso me llevó a que los lectores participaran de la lectura y me hicieran devoluciones para leer en la Feria del Libro. Fue una experiencia extraordinaria.

Por Natalia Gelós.

nc.dz

Fuente Especial para Diario Z
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