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TEMAS DE LA SEMANA

Círculo Apolo Machaín Saavedra: siempre se vuelve al primer amor

El tango lo rescató del olvido: las clases del 2×4 comparten pista con los deportes.

Por Diego Zwengler
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Carlos Gardel mira desde una foto, a pura estampa desde la pared del fondo. Aníbal Troilo toca el bandoneón pintado en su mural multicolor. Y Cátulo Castillo canta, enmarcado en un póster. El tango vuelve a marcar el terreno en el Círculo Apolo Machaín Saavedra. Como en los viejos tiempos, cuando las orquestas de Pugliese o Di Sarli convocaban al barrio entero a dibujar pasos en sus baldosas. Antiguos socios aportan a la discusión barrial para saber qué medalla se cuelga cada club en este rubro. Algunos aseguran que acá debutó de manera profesional el Polaco Goyeneche junto con la orquesta de Horacio Salgán.
La institución nació como producto de la unión de tres clubes: el Apolo, el Machaín y el Saavedra. Cada uno aportó su caudal de socios para subsistir y seguir con las actividades. En la esquina de su sede actual el Machaín tenía una cancha de fútbol profesional, donde se disputaban los torneos barriales. También se jugaba básquet, pero esos terrenos se vendieron y hoy el club está muy limitado en cuanto a su espacio. El ambiente es tranquilo y hay poco movimiento. Donde antes se jugaba bochas ahora cinco chicos hacen taekwondo, mientras algunos padres esperan para retirarlos. El año pasado se inauguró un gimnasio en el primer piso y para más adelante esperan sellar un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad para armar una biblioteca.
Darío Martín Rodríguez, socio desde hace 30 años, lo define como «un club chico, humilde, típico de barrio. En una época era un lugar de amigos de muchos años que se juntaban para jugar a las cartas y nada más. Casi no brindaba actividades y así la gente dejó de venir. Entonces, con un grupo de jóvenes, decidimos volcarnos a la actividad artística e intentamos recuperar el tango».
Los martes y domingos se organizan clases de tango para socios de todas las edades. Pero en este ítem el Apolo cuenta con un as en la manga para generar una buena concurrencia. Es que desde 2007, la pareja que enseña los pasos del 2×4 está formada por Daniel Nacucchio y Cristina Sosa, campeones del mundo de Tango Salón y Milonga 2008. «Gracias a estos maestros del tango, tan reconocidos a nivel mundial, hay un público que volvió a acercarse», cuenta Rodríguez.
Además, como un efecto dominó, el movimiento producido por el tango generó también un crecimiento en el bufet, que se tuvo que adaptar y ampliar para brindar un buen servicio a quienes se acercan a bailar.

 

DZ/LR

 

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