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TEMAS DE LA SEMANA

Chicas y muchachos habitantes del reino de la birra

Toman desde los 14 años, con frecuencia en la propia casa y en la de los amigos: es el rito de iniciación de ambos sexos. El trago preferido es la cerveza, impulsada por campañas publicitarias que la ligan al rock y los deportes.

Por Néstor Rivas
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Consumo de alcohol El 70 por ciento de los chicos y chicas de más de 14 años bebe alcohol regularmente.

En la esquina o en el boliche; en una casa, en una reunión o en una fiesta. En la previa… pero también en el ´durante´ y en el ´después´. Durante la semana, a veces… pero cuando llega el finde, la rubia cerveza y el oscuro fernet son casi insoslayables.
El de los adolescentes y el alcohol parece ser un encuentro ineludible. Rito de iniciación, transgresión de las normas –especialmente, de las que prohíben su consumo a los menores–, búsqueda de desinhibición, mandato de los medios de comunicación… el abuso de alcohol entre los jóvenes es un fenómeno en crecimiento.

Así lo confirman desde el Observatorio de Políticas Públicas en Adicciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (OPPAD), con el apoyo de datos propios y también de otros, como los provistos por la 5° Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media que hizo el Observatorio Argentino de Drogas, que depende del Sedronar.

Según la ley vigente en la Ciudad de Buenos Aires, la venta de alcohol a menores de 18 años está expresamente prohibida. Sin embargo, más del 70% de los chicos y chicas que cursan el secundario bebe alcohol con alguna regularidad. Según los últimos datos de la Encuesta Nacional, desagregados por el OPPAD para analizar la situación en la Ciudad, el 45% de los jóvenes consumió alcohol en el último mes y un 25% se emborrachó.

La edad de inicio, según este estudio, son los 14 años. Y según estadísticas, varones y mujeres consumen en forma casi equivalente: 74,1% los varones, y 70,1% las chicas. Diferenciados por edad, el 46% de los estudiantes secundarios de hasta 14 años consumen alcohol, cifra que se dispara al 79% entre los de 15 y 16 años, y al 90,5% entre los de 17 años o más. En términos globales, entre 2009 y 2011 –año del que provienen los datos más recientes–, el consumo de alcohol entre los jóvenes creció cuatro puntos. Apenas el 16% de los estudiantes refiere que en su círculo de amigos no se consume alcohol.

Se trata de un problema complejo, muchas veces amplificado por los medios de comunicación, que alarman pero no ayudan a comprender.

Roberto Canay es el director del Observatorio de Políticas Públicas en Adicciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Recibió a Diario Z en la sede del Ministerio de Desarrollo Social porteño, para conversar sobre esta temática. Empecemos por definir de qué estamos hablando, dice: “el abuso del consumo de alcohol y el alcoholismo son dos cosas muy diferentes. Voy a decir una obviedad, pero nadie tiene que ser internado por un episodio de abuso de alcohol. El alcoholismo tiene sintomatologías muy claras, es algo completamente distinto. Alguien puede abusar del alcohol mañana y no volver a hacerlo por los próximos tres meses. De lo que estamos hablando es de un consumo episódico, abusivo, farmacológico –esto es, con el objetivo de alcanzar el estado de ebriedad– que es un fenómeno que aparece con fuerza en las últimas décadas, con particular repercusión entre los jóvenes”.

Los especialistas también diferencian el consumo del alcohol con características farmacológicas del consumo vinculado a la dieta alimentaria, como el caso del vino asociado a las comidas y otros patrones culturales.

“Es una problemática epidémica muy fuerte, tanto en la ciudad, como en el país y en toda la región. Los datos que tenemos son muy claros: el 10% de la población de 14 a 64 años abusa del consumo de alcohol en días de semana; la tasa más alta se encuentra entre las personas de 19 a 29 años. Pero los fines de semana, este índice se dispara, hasta alcanzar el 30% entre los chicos y chicas de 16 y 22 años”. Porque el otro dato, todavía más reciente, es ése: el crecimiento del consumo entre las mujeres, hasta igualar a los varones.

El abuso episódico en el consumo de alcohol tiene, desde ya, un impacto en la salud que no puede ser soslayado. En casos extremos, de sobredosis, la persona puede entrar en estado de coma alcohólico. Por otra parte, asociado al fenómeno del que estamos hablando, “comenzaron a multiplicarse los casos de chicos de 15 años con problemas hepáticos, indicando un cambio en la morbilidad”, dice Canay. Pero aun así, señala, “el problema más importante es el que plantean las situaciones asociadas al consumo abusivo, porque tiene un impacto muy fuerte en el sistema socio-sanitario, en la accidentología vial, en la situaciones de violencia que se generan, en los embarazos no deseados y en el síndrome feto-alcohol, provocado por situaciones de abuso de bebidas alcohólicas durante el embarazo”.

Según los datos del OPPAD, el 28% de los accidentes de tránsito y el 60% de las situaciones de violencia, están asociadas con el consumo de alcohol. Además, otro estudio realizado en 2011, sobre el “Impacto del consumo de sustancias en los servicios de emergencia hospitalaria”, indica que más del 7% de todas las consultas que llegan a las guardias de los hospitales porteños están relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, solo o asociado a otras sustancias psicotrópicas. De ellas, el 33,6% fueron jóvenes de entre 16 y 25 años.

Estas cifras alarman y preocupan a los padres y a las autoridades, pero antes de demonizar a los jóvenes o etiquetarlos de algún modo, habría que poner el oído. Y mirarnos a nosotros mismos como sociedad. Como señala Canay, “se trata de un problema complejo, que requiere abordajes integrales”.

Chau pucho

Los guarismos sobre el consumo de alcohol entre los estudiantes prácticamente duplican los de consumo de tabaco. Esto, a pesar de que tengan la percepción –según la encuesta mencionada– de que fumar cigarrillos frecuentemente implica un “riesgo menor” que emborracharse con bebidas alcohólicas.

Dicen los que saben de los vaivenes del mercado de consumo, que estamos en el tránsito de un “gran cambio”. Que el nuevo imperativo es el de “lo saludable”, y que grandes empresas vienen trabajando en esa dirección: poderosas tabacaleras incursionan en la producción de alimentos, centenarios fabricantes de gaseosas comienzan a envasar agua mineral, cadenas de comidas rápidas multinacionales incluyen como opción frescas ensaladas a las habituales papas fritas que acompañan sus hamburguesas…

Las nuevas generaciones son generalmente las más susceptibles a estos cambios de hábitos y tendencias. Sin embargo, existe este punto particular de resistencia entre los pibes y las pibas: el abuso de alcohol, que no afloja e, incluso, crece. ¿Por qué? Sin duda, un factor es la potencia publicitaria de las bebidas alcohólicas, que además exacerban el aspecto “social” del consumo.
Mientras que la publicidad de cigarrillos se ha visto fuertemente recortada en el último tiempo, a la vez que los fumadores de tabaco han pasado a ser poco menos que parias sociales, la publicidad de bebidas alcohólicas tiene todavía un ancho campo de acción legal.

En el último tiempo, se impusieron restricciones a la venta de bebidas alcohólicas en los kioscos, límites horarios para su expendio en bares, restaurantes, locales de baile, almacenes, supermercados y empresas de delivery y se incrementaron las multas y sanciones. A pesar de eso, el bombardeo televisivo de las cervezas, vinos y bebidas blancas es permanente. Incluso, una de las cervezas con mayor presencia en el mercado organiza anualmente monumentales conciertos de rock, a los que asisten decenas de miles de chicos. En ellos, claro, está vedada la venta del producto que fabrican los auspiciantes, pero el evento apunta obviamente a otra cosa, que es reforzar la instalación de la marca. Por otra parte, cualquiera sabe que en esta ciudad es bastante fácil conseguir alcohol en cualquier horario, aunque la diferencia sea pagar un poco más.

M.S. es psicóloga y, además, una experimentada investigadora de mercado. Aceptó conversar con Diario Z haciendo reserva de su nombre. Por razones éticas personales, dice, no acepta propuestas laborales vinculadas con la venta de bebidas alcohólicas. “La publicidad no necesariamente crea el consumo, muchas veces se monta sobre una tendencia y lo fomenta a partir de ahí, a través de los medios de comunicación, que tienen una fuerza imparable porque se basan en principios psicológicos elementales, que tienen que ver con la proyección y la identificación. Y el sujeto se constituye bastante por ahí. Nadie compra nada hasta que no se convence de que eso que le ofrecen le está destinado, como que ese objeto completa al sujeto. Y en el caso del alcohol, ingresa además una dimensión social. Yo veo que hay una exacerbación del consumo de alcohol, por una cuestión que pasa por una desvalorización de la propia vida. Estamos en una época de crisis que ya abarca a varias generaciones, y hay un cuadro de inseguridad subjetiva que golpea muy fuerte en la juventud”.

Volviendo a Canay, el director del Observatorio de Adicciones porteño fue uno de los autores de los “Lineamientos para la atención del consumo episódico excesivo de alcohol en adolescentes”, junto a un comité de expertos y al equipo técnico del Ministerio de Salud de la Nación.

Canay los resume de la siguiente manera: “Son protocolos con los que intentamos darles a los profesionales de la salud y se basan, en primer lugar, en tener una actitud de contención y protección, no de expulsión; en segundo lugar, de tener una actitud amigable, de ´tirarle una onda´ al adolescente para hacerlo consciente de los riesgos, poner señales de atención, que sepan cuidarse”.

Muchas veces, los mismos medios de comunicación, que lucran con la publicidad de los vendedores de cerveza, reproducen a continuación escenas patéticas de jóvenes alcoholizados –como ciertos programas con aspiraciones pseudo documentales y ´transgresoras´.

No prohibir ni estigmatizar: escuchar, comprender, cuidar.

Fuente Redacción Z
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