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Carlos Heller: “Estas elecciones serán una divisoria de aguas”

El diputado nacional por Nuevo Encuentro renueva su banca en octubre. Sostiene que hay que dar la “batalla cultural” para conquistar el voto de los porteños y asegura que el conservadurismo es un rasgo frecuente en las grandes ciudades.

Por Romina Calderaro
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No pretende “seducir” al electorado, sino discutir contenidos sin demagogia. Sabe que el votante porteño es refractario al kirchnerismo, pero cree que el único camino eficaz es dar una batalla cultural para persuadir a los votantes del distrito de que el proyecto que encabeza Mauricio Macri apunta al individualismo y pone palos en la rueda en la gestión que encabeza Cristina Fernández de Kirchner. Carlos Heller, vicepresidente de Boca Juniors durante 10 años, actual diputado nacional del Frente Nuevo Encuentro y precandidato a diputado nacional en alianza con el Frente para la Victoria, analizó con Diario Z el escenario de los próximos comicios.

¿Cuál es la importancia de esta elección para el Frente para la Victoria?
Nosotros integramos el Frente para la Victoria desde nuestra propia identidad, que es la del Partido Solidario en el frente Nuevo Encuentro. Creo que esta elección que viene ahora tiene una impronta particular: se hace mucho más nítido que se ha ido avanzando hacia una suerte de divisoria de aguas. Es decir, está claro que no es una elección legislativa más, sino que es una elección legislativa en la que la idea de la ratificación de rumbo –o el cambio de rumbo– va a ser un factor determinante. Así va a ser planteado, creo, desde Frente para la Victoria, y también es planteado así en las distintas expresiones en las que se divide eso que se llama “oposición”. Por eso, la Presidenta dice que quiere que expliquen qué quiere decir eso de “fin de ciclo”. Si “fin de ciclo” es volver para atrás en lo que se avanzó en las políticas de inclusión, en la generación de derechos, en la recuperación para manejo del Estado de cuestiones fundamentales de la economía, en nuestro posicionamiento de inserción internacional y de pertenencia regional, etc. Porque creo que ése es el debate que todavía no se da y tal vez la campaña sirva para darlo, para salir de los títulos y entrar en el contenido. Porque si no, es un debate de títulos.

Hasta ahora, la oposición criticó muchas medidas del gobierno, pero no planteó una agenda alternativa.
Porque la agenda es oponerse. La oposición levanta como un eslogan esto de “fin de ciclo” y que los dos años que vienen sean dos años con un Parlamento que no responda al oficialismo. Una manera de poner límites, dicen ellos, a lo que consideran los excesos del oficialismo.

La oposición quiere repetir la elección de 2009.
Claro, cuando formaron el Grupo A, que se opuso al gobierno nacional y se encargó de poner palos en la rueda a cuanta iniciativa se planteó. Tanto es así, que en 2010 no se pudo ni siquiera aprobar el presupuesto. Hubo que trabajar con la extensión del presupuesto anterior, porque esa oposición ni siquiera prestó acuerdo con su mayoría para que se pudiera aprobar el presupuesto nacional. Quieren reeditar eso mismo, y dicen una cosa que es la falacia absoluta: que eso “fortalece la democracia”. Yo cada vez que me cruzo en algún debate con alguno de ellos, le digo que me dé un ejemplo de un lugar de la Tierra donde las cosas funcionen bien con un Ejecutivo y un Parlamento de signos distintos. No existe eso, es mentira. Mire los Estados Unidos, donde el presidente tiene a la Cámara de Representantes en contra, porque tienen mayoría los republicanos, y no logra modificar una ley ni por casualidad. Y tiene que estar haciendo concesiones todo el tiempo, porque su programa de reforma impositiva, o de reforma del sistema de salud (cosas absolutamente trascendentes) están frenadas por una Cámara que no le presta acuerdo. Entonces, el tema de la división de poderes no es una cuestión de “oposición de poderes”. Eso es un invento falaz, de que los poderes deben ser diversos o estar en oposición. El Parlamento es el ámbito de deliberación y de profundización y de tratamiento de las leyes, pero debe tener una mayoría que comparta la dirección del proyecto, que encare y represente al Poder Ejecutivo.

¿Y usted dice que se quiere debilitar al ejecutivo de cara a 2015?
Sin duda. Entonces el primer paso –porque el objetivo es el 2015– es crear un Parlamento hostil, que no facilite la labor del Poder Ejecutivo. Y no sólo que no lo facilite, sino que la obstaculice en todo lo que pueda.

¿Cómo cree que le va a ir a Mauricio Macri en esta elección?
Electoralmente, creo que va a sufrir un cierto grado de dispersión de su voto, porque se trata de comicios de medio término y la gente vota distinto que cuando se decide la gestión ejecutiva. Los problemas de la ciudad siguen siendo hoy lo mismos que cuando Macri empezó, pero más graves. Y no van a poder resolverse eficazmente si no es en un marco de políticas coincidentes, concertadas y ejecutadas en común, entre la Nación, la Provincia y la Ciudad. Esa idea de que la ciudad es un enclave autónomo, desde el punto de vista de que puede hacer lo que le parece, tiene unas limitaciones enormes. Porque todos los problemas que están vinculados al área metropolitana requieren soluciones compartidas. Yo siempre doy el ejemplo, casi elemental, de que el Riachuelo tiene dos orillas, entonces no se puede encarar su saneamiento sin una política concertada porque no lo podés sanear de una orilla sola. No se pueden resolver los problemas del tránsito, ni de la inseguridad, ni de ninguna de las cosas que alteran, preocupan e inquietan a los porteños y a las porteñas si no lo hacés en el marco de una política concertada. Y una política concertada requiere tener visiones compartidas. Pero no se trata de decir “¿por qué no concertan?”, porque creemos en soluciones distintas. Si pensamos diferente, es muy difícil concertar.

Usted quiere que la ciudad sea gobernada por el Frente para la Victoria.
Y… sí. Estamos discutiendo si la Ciudad de Buenos Aires es un palo en la rueda al proyecto nacional o si en cambio juega el papel de nave insignia y ayuda a que ese proyecto avance y se profundice. Hoy Macri radicalizó adrede su postura opositora. Por caso, en su oposición a la ley de medios y la creación de una local, en la creación del índice del precio al consumidor del distrito que se opone al Indec. Hasta en la pelea por el monumento a Colón. Es decir, todo sirve para generar esa imagen de que él representa a la oposición. No importa si es bueno o malo, hay que oponerse. Y eso es lo que viene haciendo.

El voto a Mauricio Macri es muy ideológico. ¿Cómo se hace para horadar su base de sustentación electoral?
Es un fenómeno complejo. Pasa en otras grandes ciudades, como por ejemplo, en San Pablo (Brasil), que está gobernada por una fuerza conservadora, de derecha. Es decir, es una tendencia de los grandes centros urbanos, donde viven los sectores de clase media-media alta, que tienen una formación cercana, digamos, al pensamiento conservador y que son reacios a los procesos de cambio. Es un sector que tiende a ver los problemas como si “vinieran de afuera”: “tenemos villas porque hay bolivianos y paraguayos”, “los hospitales andan mal porque se nos llena de gente que viene del conurbano”, etc. Ese pensamiento conservador está arraigado con mucho proceso de construcción de pensamiento neoliberal, que básicamente es un pensamiento individual y egoísta.

Si vuelve a ocupar una banca en la Cámara de Diputados, ¿va a promover el debate por la despenalización del aborto y del consumo de marihuana?
Estoy a favor de la despenalización del aborto por el simple hecho de que criminaliza la pobreza. Respecto del tema del consumo de marihuana, tengo dudas, pero estoy convencido de que no hay que ir contra el consumidor. También creo que hay que profundizar el modelo planteando una reforma tributaria más progresiva y estoy a favor de gravar la renta financiera. Todavía hay muchas cosas por hacer y creo que estamos en condiciones de hacerlas.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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