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Carlos Belloso: ‘Soy un bicho de barrio’

Actor con la intensidad como estandarte y el barrio de Chacarita en el corazón.

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Desde aquellos primeros años en el Parakultural, en donde se presentaba con Los Melli, sus personajes se caracterizan por no pasar inadvertidos. Él dice que tiene que ver con la intensidad con la que concibe la actuación. «La búsqueda es infinita y se termina cuando te morís», dice. Como prueba de ello, interpretó papeles bien dispares en tevé (Los únicos), en teatro (El cordero de ojos azules) y en cine (La mala verdad).

¿Cómo surge esa predilección por crear personajes?
Yo concibo la idea del actor cuando realmente se caracteriza y compone un personaje. Hay muchos actores que hacen de ellos mismos y creen que la actuación es sólo eso, mientras que yo creo que ésa es sólo una de las facetas de la actuación. Además que me inclino más por la gestualidad, por la composición de personajes, por ser otro distinto a uno.

¿Cómo nacen los unipersonales que hacés?
En un momento no me llamaban de obras de teatro. Yo pensaba entonces que hacer unipersonales era el único modo de salir adelante. Es muy bueno, yo siempre se lo aconsejo a mis compañeros. Creo que cuando se hacen unipersonales, en un momento se descubre una nueva veta para explorar. Es una actividad que el actor tiene que probar alguna vez en la vida. Es fuerte esa experiencia en la que todas las miradas del público apuntan hacia uno.

¿Qué te dejó la experiencia en el Parakultural?
Un montón. Pero, en especial, la costumbre de probar permanentemente: el Parakultural era un gran laboratorio. Además de que se produjo en un momento en el que había una necesidad muy fuerte de expresarse; veníamos de la dictadura.

¿Ahí nacieron esos personajes tan jugados?
Sí, pero los personajes más border tienen más que ver con la intensidad con la que concibo la actuación. Cualquier personaje siempre está al borde, porque si no qué gracia tiene verlo. Es decir, todos tienen que tener un conflicto. Ahora, el tema es qué intensidad le ponés a ese conflicto. Yo soy un tipo intenso. No puedo estar quieto, necesito cambiar todo el tiempo, interpretar textos bien diferentes. Hasta el día que me muera voy a hacer 500 millones de cosas. Me parece a mí que no solamente al actor le pasa eso: la búsqueda es infinita y se termina cuando te morís.

¿Llevás esa intensidad afuera del escenario?
Sí, pero tengo una intensidad que no molesta. Al contrario, trato de relacionarme con los demás de la mejor forma. Ahora bien, uno también se calza un personaje para interactuar en sociedad, con su familia, con los amigos. Pero no tendría que ser así, tendría que ser todo más natural.

¿Sos un bicho de ciudad?
Soy un bicho de barrio. Nací en Munro, pero vivo en Chacarita y estoy muy arraigado. Todo lo que me pasa, me pasa acá. En la cuadra de Jorge Newbery, que es la fundacional de «Chacarita Broadway» y donde hay cuatro teatros, tiene mucho que ver conmigo. Está el Gargantúa, por ejemplo, donde me presento cada tanto. Además, es una zona de productoras de tevé. En resumen, éste es un lugar que tiene una historia riquísima. Acá nació Carlitos Balá, a ver si entendemos de lo que estamos hablamos.

Te presentás seguido en el Gargantúa, ¿qué vínculo tenés con el teatro?
Soy amigo de todos los que lo llevan adelante. Y al mismo tiempo soy como el «relacionista público» del lugar. Me gusta promocionarlo porque es un centro cultural y hay que apoyarlo. El centro cultural expresa lo que siente el barrio. Si se los apoya, los cambios son inmediatos: los vecinos empiezan a cantar, a bailar, a hacer arte. En la actualidad, lamentablemente, están abandonados. El Gargantúa es uno de ellos y resiste. Falta una decisión política para que se produzca el cambio.

¿Te imaginás la vida sin hacer teatro?
No, además porque es imposible que no exista. El teatro es parte de la sociedad, todos actuamos en la vida cotidiana. Cada uno tiene un papel determinado, hay algo social que no dominamos del todo, y por eso es que actuamos.

DZ/LR

 

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