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TEMAS DE LA SEMANA

Carlitos Gardel, público y privado

La exposición, en clave de libro ilustrado, invita a un recorrido cronológico de la vida y el alma del Zorzal. 

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La muestra está armada como un libro ilustrado. De izquierda a derecha se exponen láminas en las que pueden leerse textos sobre diferentes momentos de la vida de Carlitos Gardel –o Gardes, su verdadero apellido– por orden cronológico; al pie, las fotos le ponen cara a las historias. La línea narrativa avanza resaltando datos biográficos que coinciden con preocupaciones de la vida moderna como, por ejemplo, el sobrepeso. En una de las láminas se expone una foto del Zorzal, bien rellenito, debajo de un texto que explica que la cuestión del peso ha sido algo con lo que él ha tenido que lidiar toda su vida.
Resulta un tanto descolocante esta información que banaliza la figura de la mejor voz del tango y la sitúa en las filas de la tipología humana siempre atenta a sus kilitos. La muestra se preocupa en dejar claro que Carlitos no tuvo ni por asomo los privilegios de una clase acomodada. Es más, “El pibe Carlitos”, tal es el nombre de la exposición, parece organizarse alrededor de un detalle de la vida del cantante que se ha dado a conocer recientemente.
“Carlos Gardel –reza el programa– (alias el pibe Carlitos) es sindicado por la policía como “novato” o “inexperto” en asuntos delictivos, aunque sin registrar antecedentes judiciales. En la jerga policial de aquellos tiempos, el término “pibe” refería a “aprendiz de oficio”. En la lámina que contiene esta información se puede ver una foto del prontuario del Zorzal y dentro de un cubo de vidrio, junto con otros objetos, el prontuario mismo. Pero, pese al amarillismo, algo hay que reconocer: si no fuera por estos datos, la muestra no traería demasiada novedad. En cuanto a los objetos y la documentación, se exponen discos, una guitarra, un sombrero y algunas otras piezas de colección que la Fundación Industrias Culturales Argentinas se encargó de reunir especialmente para el Proyecto “Rescate del patrimonio cultural del Tango para todos los argentinos”.
Entre otros objetos y recuerdos se exponen cartas. Por ejemplo, una dirigida por Gardel a su madre poco antes de estrenar “El día que me quieras” y del accidente que lo lleva a la muerte: “Mi querida mamita, esperé antes de salir para escribirte. Terminé mi película, de la que estoy muy contento (…) la gente llorará y yo estoy hecho un gran actor dramático. Cuando vayamos a Buenos Aires la verás y va a ser el éxito más grande que he tenido”.
Un sector del salón ha sido asignado al público para que este escriba sobre inmensos blocks en blanco opiniones que, en muchos casos, no resultan muy alentadoras. “Es muy pobre esta muestra”, firma una persona a quien se reconoce por la letra en otro de los blocks, donde revela tener 13 años. Pero tal vez no es la pobreza de la información lo más resaltable, sino el tipo. Que, por ejemplo, uno de los ítems enfatizados sea la historia de “El día que me quieras” por tratarse de una canción que acaba de ser incorporada al Salón de los premios Gramys, es un dato bastante elocuente sobre cuál es la vara con que se mide para los curadores, la vida y la obra del inmenso cantante argentino. En otro de los sectores se exponen una serie de láminas donde se intenta dar cuenta del ambiente y la atmósfera sociopolítica de Buenos Aires durante los festejos del centenario de 1910, resaltando incongruencias entre la imagen que el gobierno de Roque Sáenz Peña pretendía dar y el descontento de las clases trabajadoras. ¿Una alegoría a los festejos del 2010? ¿Crítica encubierta? No lo sabemos, el caso es que aquellos fueron los años en que el Zorzal honró a la ciudad con su presencia. Una pantalla donde se proyectan partes de películas protagonizadas por él y el audio de sus grabaciones en el salón del subsuelo de la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad coronan esta muestra.

Casa de la Cultura (Avenida de Mayo 575). Hasta el 30 de abril de 2013, de martes a domingo de 14 a 20. Entrada libre y gratuita. 

Fuente Redacción Z
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