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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Carignano: «La seguridad vial no se soluciona con un hashtag»

El ex secretario de Seguridad Vial, Pablo Martínez Carignano, dice que los controles molestan a los dueños de los boliches y de empresas que venden alcohol. Pero que mientras fueron aplicados bajaron los accidentes.

Por Juan Carlos Antón
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Empezó como responsable de seguridad vial cuando Mauricio Macri asumió como jefe de Gobierno pero desde hace un año y medio se pasó de bando. Es Pablo Martínez Carignano –abogado, 43 años, 20 de novio, dos hijos– quien fue director general de esa área hasta 2013 y actualmente es gerente de AirBus, la empresa de micros que une varios puntos de la Capital y el Aeroparque Jorge Newbery.

Su historia con el macrismo terminó mal pero empezó con el pie derecho. Sentado en uno de los bares del Aeroparque, Martínez Carignano recuerda para Diario Z esos “tiempos felices” cuando le presentó a Gabriela Michetti un proyecto para replicar los modelos exitosos de seguridad vial en Nueva Zelanda y Australia. “El eje central era atacar los factores de riesgo para el tránsito urbano: uso de casco en motociclistas, el consumo de alcohol y la velocidad. Accedí al cargo y se llevaron a cabo políticas que dieron mucho resultado”, dice Martínez Carignano con cierta nostalgia. Sin embargo, hacia 2013 se produjo un cambio en el organigrama oficial y la Dirección General de Seguridad Vial pasó a la órbita de la Subsecretaría de Transporte. “A partir de entonces, viví situaciones en las que yo decía que estábamos dejando de hacer cosas que daban resultado y me contestaba ‘tenemos otras prioridades’. Pasa que en seguridad vial, pensar que ‘ya está’ es lo peor que se puede hacer porque se te van a disparar los números. Y es verdad que los agentes son siempre pocos. Entonces si hay que hacer un Metrobús y evitar que los autos lo invadan, se sacan los agentes de la noche que son los que hacen test de alcoholemia. O se controla en una bicicleteada o maratón pero no por los cascos de las motos.”

No estaban en la misma sintonía.
Exactamente. La prioridad fue hacer el Metrobús. Como contrapartida, hay más muertos, más accidentes. No es gratis dejar de darle importancia a la seguridad vial. Y después de reuniones, e-mails y de sentir una frustración muy grande, me dijeron que, dado que teníamos distintos objetivos y concepciones, no se podía trabajar conmigo. Y renuncié.

¿Y ahora qué pasa?
Lo que uno está viendo es que hoy hay vuelcos, choques, autos que se meten en bares… ¿Cómo se explica esto? Sencillamente por la baja del uso de cascos y el aumento de velocidad. Hay una sensación de deterioro constante.
Tal vez en lo único que parece haberse tomado mayor conciencia en los últimos años es en el uso del cinturón.
En el asiento delantero sí pero en el trasero no. Pero es cierto que en este aspecto se ve un cambio cultural importante. Los mismos chicos ya te dicen “ponete el cinturón”. Yo hago un paralelismo con el cigarrillo en bares y restaurantes: ya no se necesita que haya alguien que diga que está prohibido fumar. Con el cinturón pasa lo mismo.

¿Y con el casco en motos?
Había muchísimo control para motociclistas. Existía un plan canje, un curso por un casco gratis pero eso ya no existe más. En la Ciudad ahora mueren más motociclistas que peatones.

¿Por qué?
Hay que trabajar mucho en la convivencia automóvil–moto. Pasa que el auto tiene puntos ciegos y si el motociclista se ubica en determinado lugar, el conductor no lo va a ver. Muchas veces en los cursos detectamos que los chicos que usan motos no saben frenar bien: usan sólo el freno delantero y no el trasero. Tampoco tienen bien en claro que apenas empieza a llover no hay que salir en moto porque sube el gasoil que quedó en el asfalto y debe esperarse a que se lave la calle. Hay muchas cosas que tienen que ver con enseñar, enseñar y enseñar… y controlar. Hoy no se está haciendo ni lo uno ni lo otro.

¿Se siente frustrado?
No por mí pero uno siente que hay muchísima gente que podría no sufrir un siniestro de tránsito que ahora lo sufre porque no se le presta al tema la debida atención. Y se siente también mal que cuando se llega a un estándar determinado, ese estándar se abandonó y va a costar muchísimo recuperarlo. Antes la gente decía “no voy a tomar hoy porque me pueden agarrar”. Ahora la percepción es que el control no dura o dura poco. En cuanto a la velocidad, solamente están los puestos fijos, en autopistas y avenidas. Antes había controles móviles con detención. Repito, esto no es gratis. Tampoco es algo esotérico. Si no hay controles, suben los siniestros. Esto es acá y en Etiopía. No hace falta ser gurú.

Los controles no suman votos. Tal vez sean antipáticos.
Es que si uno quiere gobernar y al mismo tiempo caerle simpático a todo el mundo, mejor dedicarse a otra cosa, animá fiestas infantiles. Pero si uno quiere manejar la seguridad vial, debe saber que hay gente a la que no le va a gustar que la controlen de madrugada y que, si tomó, se le saque el auto. Pero hay muchísima otra gente que lo va agradecer y que sabe que su hijo o su hija pueden volver a casa con un margen de seguridad muchísimo mayor. De vuelta, en esta concepción “friendly”, el control no es “cool”, no es “pro”. Esto les molesta sobre todo a los dueños de los boliches y a las empresas que venden alcohol. Hay mucho lobby. El pibe que es atropellado en la esquina no tiene ningún lobby que lo defienda.

Es difícil imponer esto culturalmente. Se asocia ir de fiesta a tomar alcohol.
Con constancia, se puede. El borracho obviamente está en el lugar del malo siempre. Nadie va a decir “pobre, le sacaron el auto”. El tema es así: la seguridad vial no se soluciona con un “hashtag” que diga #CuidateCuandoManejes. Eso es verso. La seguridad vial se hace en la calle, trabajando, poniendo controles, postas, secuestrando autos, reteniendo licencias, yendo a los colegios… Si no se hace este trabajo, pasan estas cosas.

¿Cómo se siente ahora trabajando dentro del nuevo espacio, viniendo del gobierno del PRO?
Es que yo lo que hice en el Gobierno de la Ciudad, podría haber sido para un gobierno de Jorge Altamira. Si uno está en la gestión pública tiene que hacer un trabajo técnico orientado a resultados y esto debe guiar las acciones del funcionario. Siempre lo hice mientras estuve bajo la órbita de Guillermo Montenegro, que es un tipo que deja trabajar. Después, como decía, se me hizo imposible continuar. Desde lo ideológico, por supuesto, que estoy más feliz de estar donde estoy ahora. Y tengo en Mariano Recalde no solamente a una persona a quien respeto desde lo ideológico sino a quien valoro como persona, a quien quiero mucho. Y las políticas de seguridad vial, las aplicamos en ArBus.

¿De qué manera?
A mí me convoca Mariano Recalde cuando se estaba por lanzar este servicio hace más de un año y medio. Una de las cosas que él quería era que esta empresa se diferenciara también por tener una impronta distinta del resto del transporte público. A los choferes seleccionados, por más que ya tuvieran los cursos correspondientes, se les pagó uno nuevo de seis meses. Además, al firmar su contrato, se les ofreció un plus por seguridad vial. Si al cabo del mes, no registran ninguna infracción de tránsito, se les otorga ese plus. Como contrapartida, si el chofer tiene una infracción, tiene que ir él al controlador de faltas, poner su licencia en juego. Es decir, no se trata de una vaquita como en otras empresas de transporte. Tienen controles de alcoholemia y de estupefacientes de manera obligatoria tanto en Aeroparque como en Ezeiza. Todos los recorridos en la ciudad de Buenos Aires se fijaron con un promedio de velocidad inferior al establecido en calles y avenidas, cosa de que el chofer no sienta, como sucede en otras líneas, que tiene que apurarse y pasar un semáforo en rojo para llegar.

Esto con las empresas de colectivos está lejos de ocurrir.
Hoy en día se demoniza a los colectiveros pero también hay que tener en cuenta que las condiciones laborales afectan muchísimo a un conductor. Se les exige mucho, a veces están 16 horas manejando arriba de un colectivo, llegan a la cabecera y tienen que volver. El tipo está limado y va a pasar en rojo.

¿Qué falta y qué hay que hacer en seguridad vial? ¿Existe algún modelo a seguir?
Toda la experiencia de Nueva Zelanda y Australia es muy buena. También la de España, donde en los últimos quince años bajaron un cincuenta por ciento los muertos. El gran déficit actual tiene que ver con el control que es de responsabilidad local. Si no se hace, los números dan mal como pasa en Buenos Aires. También se ve un déficit en el aspecto judicial: no hay un Código Penal para los homicidios de tránsito con la entidad que deberían tener.

¿Debería haber una figura legal específica?
Exacto. Sucede que el que quiera matar a alguien, atropellarlo con el auto, no va preso. Siempre entra dentro del homicidio culposo, impericia, negligencia y no hay pena efectiva. No existe el homicidio vial, como sí ocurre en otros países. Si uno mata a alguien por conducir borracho, no puede decir después  que no quiso matarlo. No sirve de atenuante. Sin irnos al código anglosajón, en Chile hay una ley que se llama Emilia, en honor a una chica que mataron al atropellarla. Esa ley dice que si el conductor mató a alguien por manejar borracho, tiene prisión efectiva, aunque sea seis meses, pero va a la cárcel. El control de alcoholemia sostenido no solamente tiene efecto para el que es controlado sino para todos los conductores que pasan y ven. Entonces, se cuidan. Hoy en día, en la Ciudad, lamentablemente eso está roto.

Perfil: Cordobés, a los 12 años vino a Buenos Aires. 
Abogado penalista (UBA, 1996)
Se especializó en seguridad vial en Nueva Zelanda.
Trabajó en la Justicia de faltas y fue secretario de Seguridad Vial porteño. Dirige ArBus.

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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