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Caricatura francesa del siglo XIX: Irreverencia ante todo

Un recorrido por los orígenes de la sátira política ilustrada y su influencia en la Argentina.

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Juan Gris_car francesa Juan Gris_car francesa
Toulouse Lautrec I 300 Toulouse Lautrec I 300
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Diputados perezosos, funcionarios corruptos, gobernantes pelmazos y dibujantes satíricos… un “combo” que acompaña a la política moderna prácticamente desde su nacimiento, o por lo menos desde hace casi dos siglos. Así lo reflejan las caricaturas francesas del siglo XIX que se exhiben en el Museo del Humor. Se trata de una serie de grabados y litografías originales, pertenecientes a la colección privada del director del Mu.Hu., Hugo Maradei, que recorren los primeros pasos de la sátira política gráfica. Hoy nos reímos mucho con la Barcelona, pero no parecería haber nada demasiado nuevo bajo el sol. Surgido en Inglaterra en el siglo XVIII –con Napoleón como blanco predilecto–, el género alcanzaría su máxima expresión en la Francia de Luis Felipe, en la década de 1830. Justamente, el monarca de la gran burguesía francesa pasaría a la historia gráfica dibujado por el precursor Charles Philipon (1800-1862) como una pera, por la expresión gala que asocia a esa fruta con lo que los porteños llamaríamos “un plomo”. Philipon además fundó la publicación más importante de la sátira política de la época, Le Charivari, que perduraría hasta bien entrado el siglo XX. Junto a Honoré Daumier (1808-1879) y J. J. Grandville (1803-1847) fueron los tres grandes exponentes del género. En la muestra que nos ocupa, pueden verse algunos originales de las parodias costumbristas de Daumier y de los célebres políticos “animalizados” de Grandville, pero también piezas de muchos otros caricaturistas de la época, de enorme talento (Gustav Doré, Juan Gris, André Gill, Alfred Le Petit, entre otros), que sorprenden por su ingenio y por su técnica: el color y la definición de sus dibujos sorprenderían incluso en publicaciones actuales.
Mención aparte para el gran Toulouse Lautrec, que participa de la muestra con algunos de los inmortales afiches que hizo para el Moulin Rouge. Los caricaturistas franceses supieron captar el descontento social y político de su época y trasladar esa crítica al papel. Las tensiones con el poder, que alcanzó prohibiciones y persecuciones, fueron moneda corriente entre estos artistas. Sus imágenes denuncian a diputados durmiendo en plena sesión de la Asamblea Nacional, a candidatos que canjean prebendas por votos, reflejan el desprecio a los Judas de la política y también ilustran circunstancias de coyuntura, que despiertan innegable interés histórico, como por ejemplo las dificultades que atravesaba la primera Asociación Internacional de Trabajadores, en vida del mismísimo Carlos Marx. También hay retratos de figuras ilustres de la cultura, como el escritor Émile Zola y el pintor Gustave Courbert.
La muestra homenajea a la revista pionera del humor gráfico argentino, El Mosquito, que este mes cumple 150 años. La inclusión es absolutamente apropiada y permite medir la enorme influencia de las publicaciones francesas. No por casualidad, su fundador, Henri Meyer, y su continuador, Henri Stein, al igual que varios colaboradores, eran de esa nacionalidad. Carlos Pellegrini, Juárez Celman y otros “próceres” del pasado nacional eran retratados –al igual que sus pares franceses– con toda la irreverencia que la política amerita.

Museo del Humor. Av. de los Italianos 851, Costanera Sur. Hasta el 13 de junio.

dz/lr

Fuente Redacción Z
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