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TEMAS DE LA SEMANA

Cambio de técnicos en River y Boca: Dos próceres a la intemperie

Ramón Díaz consiguió el título pero no convenció. Y Bianchi nunca le encontró la vuelta al equipo. Sus reemplazantes, Gallardo y Arruabarrena, respectivamente, los dejaron expuestos con sus logros.

Por Alejandro Fabbri
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River y Boca dieron vuelta sus his­torias y cambiaron entrenado­res para el nuevo campeonato, tomando en cuenta que fueron situaciones muy distintas. Es que el cuadro millonario ganó el Torneo Final 2014 mere­cidamente, si bien nunca dejó la imagen de ser un equipo para el recuerdo.

Es decir: River campeón no entusiasmó a nadie salvo a sus hinchas. En los triunfos –menos el último ante Quilmes– se verificó una enorme preocupación por defenderse de los ataques rivales. Traduciendo, River se ponía en ventaja y buscaba conservar esa diferencia mínima como fuera.

Ramón Díaz consiguió en su regreso el ansiado título. Venció, pero no convenció. Y la nueva dirigencia, que no había com­prado nunca sus logros deportivos, reci­bió un regalo del riojano cuando éste decidió abandonar el cargo. Antipatías mutuas, nula confianza, todo se sumó en el hartazgo del entrenador que ima­ginaba un futuro compli­cado con la conducción de D’Onofrio.

Llegó Gallardo, con su escasa experiencia y un plantel que tuvo cambios mínimos: se fue el Lobo Ledesma, pasando el tucumano Kranevitter a ocupar su puesto. Lanzini pasó al fútbol extranjero y llegó Pisculichi. Más ce­rebral, más dotado para el puesto, quien descendió con Argentinos Juniors hace pocos meses, es una de las grandes figu­ras. Volvieron Mora y Sánchez, dos juga­dores mal queridos por Ramón Díaz, que hoy se lucen. Y se quedó Teo Gutiérrez.

River disfruta de una campaña que supera la media habitual largamente. Juega bien o muy bien, presiona en toda la cancha, ataca y hace un gol. Cuando lo consigue, sigue atacando. Toma ries­gos, es audaz y provoca siempre la falla de rivales poco acostumbrados a seme­jante estilo.

Gallardo lo hizo. Demostró que se podía jugar mucho mejor, en el estilo histórico que distin­guió a River en otros tiempos. Es humilde, conduce con seriedad y con estilo, como cuan­do jugaba. Dejó expues­to a Ramón Díaz con va­rios retoques, se arregla con un plantel más pe­queño que el anterior y encima colecciona re­sultados. Se entiende que hoy se lo considere como un técnico brillan­te, pese al escaso tiempo recorrido.

Más expuesto que Ramón Díaz que­dó Carlos Bianchi. Nunca pudo tomarle la vuelta a Boca, pese a que tuvo el guiño de la dirigencia y de los hinchas porque le trajeron una larguísima lista de jugadores. Malos resultados al inicio y al final, una ra­cha nefasta de lesionados, modos que de­notaban una nula capacidad para la auto­crítica, ciertos gestos de soberbia que no eran nuevos pero que llamaron la aten­ción, apuraron su salida del club donde más lo quieren.

Hoy, Boca recuperó puntos (sacó 7 so­bre 9 entre torneo y Sudamericana), me­joró notablemente su aspecto defensivo, hace goles y tiene una concentración en el juego que nunca existió en la última era Bianchi. Es otro equipo, con los mismos jugadores. Arruabarrena es como Gallar­do. Sencillo, querido en su club, modesto con sus declaraciones, simple en los con­ceptos pero perseverante. Como era cuan­do tenía que marcar al puntero derecho de cualquier equipo.

En suma. Fueron dolorosos los aleja­mientos, pero valieron la pena. A pesar de lo ilustres que son Ramón y Carlos.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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