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TEMAS DE LA SEMANA

Buitres, piquetes y después

Por Eduardo Blaustein. El paro sin movilización de Moyano y los fallos a cuenta gotas del juez Griesa. La ensaladera opositora.

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En contexto de problemas económicos preocupantes, de una cierta aunque persistente pérdida de empleo, los ruidos con el dólar, inflación menor pero inflación al fin, y mientras siguen circulando ladrillazos en torno de la disputa con los fondos buitres, comienza otro paro de rutina. Esta vez viene desdoblado: un día de piquetes y otro de paro real sin amuchamientos multitudinarios y con una ausencia igualmente estelar, la de los muchachos de la UTA. Casi como si se tratara de un concierto de rock: un día más estelar (Moyano) y el otro con teloneros (CTA disidente, izquierdas). Este columnista cree que ya escribió esta línea entre tierna, fraterna e irónica: cómo extraño al compañero Saúl Edolver Ubaldini, José Campera según el retrato bastante gorila de Tato Bores, que sí lideraba en los paros (excesivos) enormes movilizaciones cegetistas con decenas de miles de compañeros en las calles, encolumnados en sus extensos, más unidos y muy diversos sindicatos. Qué pobres suenan estos paros de rutina, convocados como para la tribuna y con bonitos guiños dedicados a los sectores más conservadores, en relación a tantas buenas luchas sindicales acumuladas en la Argentina, aun cuando se puedan compartir no pocas preocupaciones más que legítimas de los trabajadores.

Es otro paro más, ya algo anodino, excepto por el prolijo seguimiento que hagan de él los medios opositores (casi convertidos en panfletos de agitación y propaganda, con cronogramas y programas de cortes) y por las broncas de la gente atrapada en los piquetes. La izquierda, a la que hay que reconocerle sus buenos méritos en todos estos años por una persistencia política y militante que le rindió frutos interesantes en términos de presencia fabril e incluso electoral, hace cosas llamativas. Aportan un poco más de medianía, banalidad y repetición al debate político mediático: es siempre más fácil y rentable enfrentar a un gobierno/Estado, visible, que al poder económico corporativo, siempre más fantasmal o sinuoso.

Griesa, aprendiz de brujo

Por conservador, por despecho, por inútil, por no entender nada de la materia en la que viene fallando y fallando, el juez neoyorquino Thomas Griesa (“juez de Avellaneda”, dijo de él Raúl Zaffaroni) ha puesto al mundo patas para arriba. Armó lo que la gente del común llamaría un bolonqui de órdago desencadenando guerras de malos contra malos, de ricos contra ricos (robo la definición del periodista Mario Wainfeld). Se vienen, ya comenzaron, juicios contra bancos, nuevas incertidumbres en mundos jocosamente calificados como serios y previsibles. Tres cuartas partes del mundo, incluido lo peor del capitalismo, acuerda en que los fallos de Griesa son un espanto. A la Argentina le armó el bolonqui que nos compete; pero sus fallos, que a la vez vienen inseguros, homeopáticos, en incómodas cuotas, afectan la estabilidad del capitalismo financiero mismo.

¿Qué hace el kirchnerismo? La pelea. Y la pelea inventando una tras otra nuevas iniciativas a desplegar en un mapa de incertidumbres. Porque no existen manuales de instrucciones para superar tanta incertidumbre. Puede que el Gobierno cometa alguna pifia pero al menos tiene convicción, un rumbo y una estrategia clara. Puede que le sobren decibeles a su discurso. Pero siempre en la comparación pierde por inconsistencia, ignorancia, oportunismo, negligencia, pura fiaca, la oposición. Que dice que no apoyará la ley que cambia la sede de pago sin proponer proyectos alternativos. Promete Sergio Massa un proyecto distinto y el proyecto por supuesto no aparece. Pero añade la palabra “consenso” y entonces parece que el no proyecto adquiere algún brillito.

Última medida oficial para apurar las cosas: el Banco Central acaba de retirarle la licencia al Bank of New York Mellon para operar en el país. Es otro apriete para que se puedan terminar de pagar los bonos de la deuda argentina que Griesa trabó. Al banco neoyorquino, dijimos, se le vienen juicios. Magnates escasamente filántropos o marxistas como George Soros cuestionan lo que anda sucediendo en este mundo patas para arriba. Otro ricachón y acreedor del país (dueño todavía de parte de Cablevisión/ Clarín y de Telecom), David Martínez, no sólo salió a cuestionar estas cosas. Operando para el gobierno kirchnerista apuró una definición radical: me sumo a la propuesta del gobierno de cambiar la sede de pago, dijo en otras palabras. Añadió por si fuera poco que esa es la mejor manera de aislar tanto al juez Tomas Griesa como a los fondos buitres.

Los otros ruidos, los peores

El que suscribe hace la Gran Moyano, la que en este caso es sensata, mirar los precios en las góndolas del súper del barrio. Pero ya no para constatar si suben o no los precios (que siguen subiendo) sin para casi llorar por la cada vez menor presencia de los cartelitos de Precios Cuidados (cuando los hay no está la mercadería). Fue una buena iniciativa ese programa, acaso la mejor para ir paliando la inflación. Pero se necesita un Estado mucho más eficiente que el que tenemos –o buscar otros mecanismos de participación social– para implementarlo. De la duda sobre Precios Cuidados, sin necesidad de ser liberal, uno pasa entonces a los proyectos de ley que se discuten en estos días sobre abastecimiento y eso que el kirchnerismo llama con encomiable esfuerzo protección de usuarios y consumidores frente a los abusos de los sectores concentrados de la economía. Sucede que hay un problema real, complementario, de eficiencia, de herramientas de control, de gestión. ¿Tendrá el Estado capacidad de aplicar esas leyes bien intencionadas? ¿Hacen alguna mella las multas a empresarios especuladores siempre judicializadas por estos o las amenazas de clausura? El que escribe sencillamente no lo sabe, pero es más bien escéptico en este punto.

Y mientras todo esto sucede, la fragmentación opositora, sus dudas, aparentemente con ventaja estratégica para la candidatura presidencial de Mauricio Macri si se consuma la alianza con FAUNEN. ¿Cuál es la última frasecita de la ensaladera opositora? La de Francisco de Narváez: “Voy a ser gobernador”, salió a decir con nuevos bríos, apelando a otra recorrida más en busca de la alianza que sea: Daniel Scioli, Mauricio Macri, Sergio Massa, Julio Cobos, da igual. Su ventaja: la derecha no tiene un candidato a gobernador en la provincia que se lleva casi el 40 por ciento de los votos nacionales.

Al columnista no le queda otra que repetirse en este proceso de inconsistencias opositoras que lleva años. Poca cosa tienen que ofrecer como para ofrecer un proyecto nacional atractivo y consistente.

 

DZ/vr

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