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TEMAS DE LA SEMANA

Buenos Aires tropical: Llena mi alma de cumbia

El ritmo caribeño enamoró a una nueva generación de músicos y de público y hundió raíces en los ambientes del rock y la electrónica. Conozca a las nuevas orquestas y DJ´s que baten el tambor.

Por Redacción Z
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Por Sergio Sánchez

Durante mucho tiem­po, fue relegada a los márgenes de la ciu­dad. Era fuerte en el interior y en el conurbano, pero los porteños no le prestaban ma­yor atención. Es más, la considera­ban “mersa”. El tema no era tal o cual grupo –porque Los Wawan­có, por ejemplo, siempre fueron populares– sino el género como tal, su lenguaje y sus códigos.

Recién a principios de los años 90, el porteño empezó a sacudir­se los prejuicios y a aflojarse la corbata. La primera camada que irrumpió en fiestas, cumpleaños y casamientos estuvo encabeza­da por grandes valores como Ric­ky Maravilla, Alcides y Lía Crucet. Antes de darnos cuenta, todos es­tábamos rendidos ante la dueña y señora del baile: la cumbia. Y ya no hay joda que merezca ese nombre sin su graciosa presencia, su ritmo enloquecido y sus pasi­tos característicos. También ayu­dó la propuesta de Los Auténticos Decadentes, que levantaron el es­tandarte tropical en los reductos del punk vernáculo para terminar convirtiéndose en una de las ban­das más populares del país.

Las nuevas generaciones se criaron con la cumbia, que así pe­netró en otros circuitos y moti­vó a más de un rockero a alter­nar las guitarras distorsionadas por el rítmico rayador (si no, pregúntenle a las chicas de Kumbia Queers). “Es innega­ble que hay una mo­vida joven de clase media que se está acercando a la cumbia –ana­liza Santiago Moldovan, clarinetis­ta de La Delio Valdez– pero la ver­dad es un género que está hace muchísimo en la Argentina”.

La cumbia suena en los bai­les, en los auriculares, en el bon­di y en los barrios más populares. Y es un género federal, porque Buenos Aires, Santiago del Este­ro, Corrientes y Santa Fe son de las provincias que más engordan el repertorio cumbiero.

“Está bueno que la cultura más porteña y gente que quizá no tenía un vínculo con la cumbia tan cercano pueda derribar un mon­tón de prejuicios y la escuche”, se alegra Moldovan, integrante de una propuesta que emula a las or­questas colombianas de salón de los años 50. De esa forma, músi­cos y públicos hoy la bailan y la disfrutan en fiestas dedicadas al género, festivales masivos y hasta en reductos que antes eran pre­dominantemente rockeros, como Niceto, Groove, La Trastienda o Ciudad Cultural Konex. “Quisi­mos acercarle algo de cumbia a gente que no escuchaba”, se en­tusiasma Lucas Ramírez, tecladis­ta de la banda porteña Cumbia Hasta El Lunes (CHEL). Si bien Ra­mírez nació y creció en José Már­mol (partido de Almirante Brown) y recuerda que desde “muy pen­dejo” escuchó cumbia, la mayoría de sus compañeros de banda cre­ció con la cultura rock. De hecho, CHEL evidencia una notoria instru­mentación rockera. “Después de los shows, varios se acercan a de­cirnos que no les gustaba la cum­bia, pero que ahora les encanta. Como le ponemos una impronta más porteña, con guitarras eléc­tricas y un sonido que tiene más que ver con otros esti­los, quizá les llega más”. Adiferencia del grueso de los artistas de esta escena, ellos se caracterizan por tocar canciones propias. “Nuestro laburo tiene que ver con sacar un sonido propio, pero respetamos mucho toda la movida cumbie­ra de los últimos 30 años. Segui­mos aprendiendo y la valoramos. La cumbia villera, por ejemplo, es una influencia enorme. También Antonio Ríos, La Nueva Luna y la cumbia colombiana”.

Las raíces de la cumbia se re­montan a fines del siglo XVIII, en la costa caribeña de Colombia. Cuentan que nació a partir de un cruce entre indígenas y esclavos africanos. Pero una de las curiosi­dades de este género es que adop­tó un sonido particular en cada lugar en que clavó bandera. Por eso, hoy se puede hablar de cum­bia colombiana (con acordeón, orquestal y otros ensambles), pe­ruana, mexicana y nuestro país aportó la cumbia santafesina y la villera. Ala Argentina llegó hace setenta años y ahora una nue­va gene­ración de jóvenes músicos está refrescando el género. La revalori­zación de la cumbia tiene alcance global, en buena medida gracias al compilado The Roots of Chicha, que reúne “cumbias psicodélicas del Perú” de las décadas del 60 y el 70, con temas de Los Mirlos y Juaneco y su combo, entre otros.

Los protagonistas

Se trata de una escena (o va­rias) que admite propuestas diver­sas, desde la instrumentación o el estilo. Por un lado, las orquestas La Delio Valdez, Cumbia Club La Maribel y Sonora Marta La Reina, por ejemplo, abordan la cumbia de raíz colombiana y estilos afi­nes (porro, vallenato, merengue). La Orkesta Popular San Bomba y Todo Poderoso Popular Mar­cial, en cambio, abren el abanico a otros géneros folklóricos de La­tinoamérica, como la música an­dina. Por otro lado, aparecieron bandas como Cumbia Hasta El Lu­nes, Tita Print, Los Broster y Los Labios, entre otras. También hay músicos que, desde otro lugar, le están dando vigor a la cumbia en territorio porteño, como Miss Bo­livia (ligada al hip hop), La Yegros (entre la cumbia y el chamamé electrónico) y el multiinstrumen­tista Axel Krygier, con músicas del mundo.

No es todo. Otra escena –pa­ralela a la de orquestas y ban­das– es la de cumbia electrónica o digital. Especialmente, los DJ’s y productores nucleados en el sello ZZK Records: Villa Diaman­te, El Remolón y King Coya (Gaby Kerpel). “Lo que me atraía de la cumbia era su ritmo lento y un poco hipnótico y me parecía que ese espíritu se podía mezclar con electrónica y emparentarlo con el dub”, cuenta Andrés Schteingart, alias El Remolón, que editó su pri­mer disco en 2008, Pibe Cosmo. “El conocimiento que tenía de la cumbia era el mismo que tenía cualquier persona de la clase me­dia urbana. Empecé a escuchar cumbia y folklore cuando empecé a experimentar, no me considero un experto”. El sonido nacido en las Fiestas Zizek se exportó a Bél­gica, Alemania, Francia, Holanda, Dinamarca y otros países.

La consolidación de la cumbia en la Ciudad de Bue­nos Aires no fue produc­to del azar. Responde al cambio cultural que está sucediendo en los últimos años: el acercamiento de las nuevas generacio ­nes urba­nas a los folklo­r e s la­tinoamericanos. “Me parece que tiene que ver con cierto proce­so de revalorización de lo propio y con una inquietud en los mú­sicos jóvenes, que se empezaron a meter con el tango y el folklo­re –entiende Schteingart–. En ese proceso, la cumbia empezó a ser tomada también como un ritmo folklórico más, cosa que hace un tiempo no pasaba. Esta­ba ligada más bien a las clases bajas. Si revisás la primera inserción de la cumbia en Argenti­na, tenía una impronta más de or­questa, de músicos haciendo te­mas de cumbia colombiana hasta temas propios, como Los Wawan­có. Creo que hoy hay un retorno a eso”. Y ese retorno se traduce en las cada vez más fiestas que se multiplican por el circuito: Guate­que, La Mágica (que funciona en Groove y cruza a estos nuevos ar­tistas con próceres del género como Damas Gratis, Meta Gua­cha, Los del Fuego, Flor de Piedra y otros), Burundanza, La D-Liran­te, Afro Lunes, El Club del Lobo y los festivales que organiza El Club de la Cumbia.

Para Luciano Choque Ramos, director de Todopoderoso Popu­lar Marcial, “la gran voltereta de ahora es que se está producien­do cumbia acá”. Todopoderoso se ocupa de amplios géneros de folklore de la región y reparte sus presentaciones en lugares cerra­dos y al aire libre, como lo hacían las orquestas populares de anta­ño. Y cita un antecedente que duró hasta 2008: “Yo participa­ba en las fiestas Sursystem, que nunca fueron masivas, pero que le dieron pie a todas las fiestas que pasan música mestiza. Ha­cíamos movidas con bandas que hacían cumbia, música andina, reggae y hip hop”.

 De los Wawancó a Bersuit

“Queríamos dialogar con la cumbia, pero también con la matriz cultural latinoamericana, porque cree­mos que en este momento histórico se nos presenta de otra manera. Y la cumbia es una expresión integra­dora que une toda la región”. Quien habla es Oscar Benítez, uno de los integrantes de Cultura Cumbia, un colectivo nacido a fines de 2012 que tiene como objetivo difundir todas las expresiones del género, a través de conciertos, proyecciones, talleres y presen­taciones de libros. “La línea de trabajo tiene que ver con mezclar lenguajes; de hecho, la cumbia es una expresión compleja que también incluye el baile, una identidad gráfica, comidas, colores y sensaciones”, apunta Benítez, quien también integra el co­lectivo de arte y comunicación Me­dio Limón. Si bien Cultura Cumbia es un proyecto oriundo de La Plata, la Ciudad de Buenos Aires es uno de sus lugares fuertes de trabajo. “Nos interesa generar encuentros con otras escenas de las cumbias de Latinoamérica, no sólo las nue­vas, sino también ponernos en diálogo con la movida tropical de siempre, que forma parte de nues­tra historia. La cumbia es algo que ha atravesado un montón de territorios y públicos”. Por eso, realizaron conciertos con La Nueva Invasión, de Perú; Energía Tropical y Chico Trujillo, de Chile; y Luis Ornellas, un acordeonista mexicano “de mucho renombre”. “Nos dimos cuenta que el intercambio latinoamericano entre las escenas cumbieras se daba naturalmente”, analiza. El año pasado organizaron en Tecnópolis un ciclo con la nueva escena de cumbia porteña, donde tocaron Tita Print, Los Broster, La Delio Valdez, CHEL y otros. “No hay que desconocer que en la Capital Federal siempre hubo movida tropical y cumbia, en l u ­gares como Constitución y Once. Lo territo­rial, entonces, tampoco es tan claro”, resalta. Y remata: “Algunos músicos que estaban ligados a la cultura rock o venían tocando ska, de pronto empezaron a sentir que estaba bue­no explorar y producir cumbia, como Los Decadentes, Bersuit o Las Manos de Fillippi. Pero hoy vemos diálogos más pro­fundos y construcciones más desarrolladas”.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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