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TEMAS DE LA SEMANA

Buenos Aires panóptico y supervigilado

El proyecto del gobierno porteño contempla la instalación de mil cámaras monitoreadas en tiempo real

Por irina-sternik
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La ciudad de Buenos Aires está lejos de ser un Gran Hermano en lo que a monitoreo se refiere. Sin embargo, 2010 se perfila como un año bisagra en prevención del delito, por varios frentes que aún están en veremos. Por un lado, ya está en pleno funcionamiento el nuevo Centro de Monitoreo Urbano, un lugar que tiene plasmas y decenas de televisores monitoreando lo que pasa en la Ciudad y que promete ser un centro de inteligencia y servicio a la comunidad. Por el otro, los vecinos reclaman más protección y, lejos de esperar que el Gobierno o la Policía se ocupe de ellos, se nuclean en sus respectivas asociaciones para montar cámaras propias en las calles porteñas. El caso más reciente es el de Recoleta, cuando en abril de 2009, la Asociación de Comerciantes de Recoleta decidió, en pos de mejorar su seguridad, hacer frente a los gastos de las cámaras y su mantenimiento. Para esto se firmó un acuerdo con el Ministerio de Seguridad porteño para monitorear las 24 horas del día las filmaciones. Las primeras cámaras ya están siendo instaladas en las avenidas Alvear, Quintana y en las calles Posadas, Guido y Ayacucho. Sin embargo, aún no hay un solo equipo en funcionamiento (ver recuadro).

Carlos Gutiérrez, presidente de la Asociación Amigos de Recoleta, explica a Diario Z que la decisión se fundamentó en los modelos de seguridad de las ciudades más importantes del mundo: «Luego de la firma del convenio, se llamó a licitación y la mejor propuesta fue la de Telefónica», explica Gutiérrez, gerente del café La Biela, quien cuenta con la única cámara instalada hasta el momento, frente a su comercio. «El acuerdo económico, que sería como un alquiler, es de dos mil pesos por cada cámara el primer añoy mil el segundo». Los comerciantes de Recoleta se irán sumando a me­dida que las cámaras, por ahora 19, sean instaladas.
Se trata de equipos móviles, también conocidos como «do­mos», que tienen la capacidad de moverse en 360 grados y cubren entre 150 y 200 metros; para que las imágenes sean más nítidas, la cobertura de 100 es la ideal. No es­tán camuflados, sino que tienen un cartel de 80 x 80 cm. que indica su presencia.
Además de este caso, la Ciudad firmó otros 12 convenios con veci­nos para implementar el mismo sis­tema en otras zonas de la Ciudad. Otros barrios interesados son el Bajo Flores, que tiene la intención de instalar 17 domos en la aveni­da Carabobo, también Liniers y Par­que Lezama. El Ministerio de Segu­ridad informa que actualmente ya hay 200 cámaras funcionando. Los vecinos, en todos los casos, debe­rán pagar un canon de dos mil pe­sos por cada cámara instalada, y el segundo año, de 1000 pesos. Los datos de cantidad de cámaras se cruzan entre los diferentes organis­mos, ya que hay que separar las ini­ciativas privadas de las estatales.
Lo que sí es comprobable, es que toda la información será cen­tralizada desde el Centro Úni­co de Control de Comunicaciones (CUCC), creado en septiembre de 2009, cuyo ente encargado de mo­nitorear la información es la Metro­politana.
Hoy el lugar está ubicado en el sexto piso del Ministerio de Justicia y Seguridad en Barracas y cuenta con un arsenal de pantallas que mues­tran las imágenes de diferentes puntos de Buenos Aires. Los ope­radores tienen un video wall central de 3,30 m de ancho por 1,80 m de alto; cuatro plasmas de 50 pulgadas y 40 monitores LCD de 20 pulgadas cada uno. Cada monitor es capaz de mostrar hasta 12 cámaras, en tiempo real, gracias a una red de fi­bra óptica de última generación ex­tendida por la Ciudad. Por mes, se registran alrededor de 60 episodios que incluyen hechos delictivos, van­dalismo, situación de calle, proble­mas de tránsito, etcétera. Estas gra­baciones se guardan en los discos rígidos del Centro por un máximo de un mes y sólo pueden ser reque­ridas mediante orden judicial.
Según los datos que aportan desde el Centro de Monitoreo Ur­bano, si una cámara está registran­do un robo o una emergencia, la policía está en condiciones de acu­dir al lugar en menos de cinco mi­nutos. El Centro cuenta con 20 puestos de control, 120 operado­res en función simultánea con fun­cionamiento las 24 horas, los 365 días del año. Para tranquilidad de los ciudadanos, todo lo filmado corresponde al espacio público y no es posible difundir, por ningún medio, las imágenes capturadas en estos sistemas por un protocolo de actuación. El Centro forma par­te del Plan de Seguridad Pública, que antes funcionaba en un edifi­cio de la Avenida Corrientes y que pronto será replicado en un nuevo edificio de Chacarita.
A diferencia de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad empezó tí­midamente con las cámaras de se­guridad. Las primeras fueron insta­ladas en parques y plazas porteñas y hoy suman un total de 14. Tam­bién en las calles aledañas a la Je­fatura de Gobierno y la Legislatura, el Distrito Tecnológico, los alrede­dores de Plaza de Mayo y la plaza Naciones Unidas en las cercanías de la Facultad de Derecho. También en los diferentes puntos neurálgi­cos de la Capital para ver el esta­do del tránsito. Hoy, se pueden ver 17 intersecciones en vivo, desde la sección «Estado del Tránsito» de www.buenosaires.gob.ar.

Pero las ciudades videovigila­das están comenzando a tener sus señales de protesta. En Madrid, la Federación Local de Sindicatos de CNT inició una campaña contra la videovigilancia, motivada por la im­plantación de equipos denomina­dos de «inseguridad», en el barrio de Lavapiés y Tirso de Molina. Su reclamo se relaciona con la carac­terística multicultural del barrio (y el peligro de la estigmatización del lugar como peligroso). También se critica el «negocio de la inseguri­dad», ya que es un mercado que mueve millones de pesos. En la Ciu­dad, está planificado invertir 30 mi­llones en la compra de mil cáma­ras. Si bien las estadísticas informan que el delito disminuye donde hay cámaras de videovigilancia, las ac­tividades ilícitas son desplazadas a zonas sin cámaras.

Fuente Redacción Z
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