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TEMAS DE LA SEMANA

Buenos Aires Horror Show

60 mil zombies en la calle, un festival de cine siniestro, un circo macabro y teatro gore: la cultura del terror se instala como estética y estilo de vida.

Por Juan Relmucao
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Una chica estuvo cuatro horas maquillándose y otra más viajando para llegar a la edición 2015 de la Zombie Walk. Como ella, otros tantos poblaron las calles el domingo 1 de noviembre. El evento se llenó de muertos vivos, pero aún muchos que lo miraban desde afuera no terminan de comprender qué hay detrás de las convenciones, ciclos y espectáculos que invocan a los infinitos avatares del terror en toda la ciudad.

Para comprobar la profundidad de la cultura del terror basta con raspar un poco la superficie escarada de la masa que camina gimiente por Buenos Aires. Denise, que viajó desde Burzaco para encontrarse en su elemento de vísceras al aire y ornamentos punzocortantes, dice: “La Zombie Walk es como el punto más fuerte de encuentro para todos los que curtimos el terror, es la oportunidad de encontrarte con muchísima gente con un feeling muy similar”.

Como puede, con la boca trabada por una dentadura a medio romper y sobre unas plataformas manchadas de sangre que la hacen –todavía más– alta, cuenta: “Acá ves cosas como un payaso de McDonalds paseando con una cadena a una chica vestida de cajera que lleva una bandeja con un combo que incluye una cabeza estallada. También una zombie vino disfrazada de vendedora de Starbucks y con grilletes en los pies. Todo eso te hace cagar de risa, pero porque sabés que algo de cierto hay”.

Y aunque cueste un poco sortear los pedazos de seguidores acérrimos, vale la pena llegar hasta la mano que mece la cuna: Reynaldo Rataplín, animador de la marcha y activista zombie, que va un poco (al) más allá: “Esta marcha refleja cómo la sociedad nos convierte en seres sin conciencia y con capacidades de comunicación bastante pequeñas. Somos zombies cuando trabajamos sin pensar por nosotros mismos o no conocemos a la gente del consorcio de nuestro edificio. Eso se puede elevar a la política también. Es todo un sistema que tiene que evolucionar. Y depende de nosotros”.

Alegrías aterradoras

El Circo del horror es un espectáculo que toma la performance circense como soporte para desplegar un sinnúmero de atracciones retorcidas: exorcismos, torturas, contorsiones, suspensión corporal, fuerza capilar, cama de clavos, perforaciones, malabares con motosierras, pirofagia, equilibrios mortales y trapecios suicidas son algunos de sus talentos.

Sus integrantes son un caso paradigmático de personas que al no encontrar dónde sublimar su sana perversión crearon un espacio que terminó siendo completado por muchísimas otras almas afines con la misma necesidad de purga. “Levantamos una bandera de orgullo freak. Con la fealdad encontramos otra estética de belleza, en lo feo descubrimos un estilo que nos identifica mucho”, cuenta el director de la compañía, el Payaso Mate.

Con un registro hasta agradable, pero con lacónica determinación, indica que el espectáculo de horror circense y punk que se presentará nuevamente el 10 de diciembre en el ND Teatro es “un zoológico de cuerpos intervenidos, deseos carnales, sangre, adrenalina y terror catártico”.

Por si queda alguna duda, explica: ”Es un show de fenómenos contemporáneos que muestra números feroces y vivos. Buscamos combatir la normalidad y manifestar nuestro retorcimiento, turbiedad y enfermedad para convertir todo eso en arte”.

Trama: un grupo de trastornados antisistema quiere que un grupo de jóvenes consumistas pague sus pecados capitales durante una fiesta. ¿El resultado? El circo del dolor, un obra teatral macabra donde se inflingen las más terribles torturas. Todo en tiempo real y frente a los ojos del espectador. Hay cabezas que ruedan, órganos explosivos y sangre manchando el telón, las tablas y, con suerte, al público.

“La intención es llevar al teatro lo más cerca posible del cine de terror, sobre todo los clásicos de los 80 y 90, pero adaptados a la dramaturgia. Mantengo siempre un estereotipo clásico del cine de terror más cercano a lo que se conoce como gore, donde el espectáculo se centra en lo visceral y la violencia gráfica extrema”, explica el actor, director y dramaturgo Matías Montero.

Su apuesta debutó con una exitosa primera temporada que va a volver a escena en marzo de 2016. En tanto, Montero se encamina hacia el nuevo desafío artístico de realizar su segunda obra de teatro de terror titulada El sanatorio de Beverly Hills.

Para este nuevo proyecto, lanzó una convocatoria de casting en Facebook, en donde explica que busca actores “con ganas de experimentar, no sólo con personajes siniestros, sino también con elementos poco convencionales en el teatro como vísceras, sangre y cosas asquerosas”.

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Sublimación artística o escape de la normalidad, el horror está ahí.

Zombies con OSDE

“Lejos de ser trastornados, los aficionados al horror, le hacen un bien a su propia salud mental. Porque el terror es necesario para liberar la psiquis humana, para descargar las tensiones acumuladas por días, semanas o incluso años”, dice el doctor Hugo Marietán, que se ha especializado en una rama de la psiquiatría que lo llevó a ser perito en casos que, lejos de suceder en la pantalla grande, estallan en la calle y terminan en Tribunales.

“Que algo que solía ser de culto se vuelva masivo, en el caso del terror tal vez responda a ciertas reminiscencias del posmodernismo, de una regurgitación cultural del cine de los 90 que hoy se vive como algo un poco referencial, pero que sumó mucha calidad en el relato”, teoriza el crítico de cine Pablo Manzotti y argumenta: “En su momento era impensable que un producto como The Walking Dead fuera lo más visto del cable en Estados Unidos, pero hoy hay un cambio que se puede leer también en la masividad de Game of Thrones. Puede ser que eso haya tenido un correlato previo a nivel cinematográfico con El Señor de los Anillos, que supo atraer muchísimo público a las puertas del género fantástico”.

Por su parte, el psiquiatra reflexiona: “Las películas de terror emulan situaciones de peligro y cuando las personas afrontan eso descargan su tensión y agresión primitiva. Es extremadamente difícil que una película u obra de este estilo pueda incentivar a una persona a actuar violentamente. La influencia que puede tener en el grueso de la gente es la de purgar situaciones de terror que necesitan un punto de descarga”.

La contracultura ya no es lo que era

“Antes era muy difícil conseguir información, pero hoy el panorama cambió muchísimo y facilita, por un lado, que lo que es de culto pase a ser masivo y, por otro, que sea muy difícil hallar algo realmente contracultural, reflexiona Manzotti.

Así, todo parece ser fácilmente absorbido por el sistema. El posporno en la facultad de Ciencias Sociales fue polémico, pero basta con buscar en televisión para encontrar cosas no tan distantes. Sobre la masivización del horror, el crítico de cine se pregunta: “¿Qué tan lejos estamos de la boludez de la calabaza de Halloween en la puerta?”.

Contracultura vuelta cultura, espacio de sublimación artística o escape de la normalidad alienante, el horror está ahí. Hasta en las estrategias de marketing de una reconocida cervecería que se vale de lo “paranormal” para normalizar el consumo de su producto.

Ya sin los estigmas de la marcha, un Reynaldo Rataplín de civil asegura que percibe en la multiplicación zombie un cambio de concientización, y aclara: “A las marchas va gente que adhiere. A la de los zombies vienen los zombies. Con disfraz o o sin. Al descubrir esto, muchos se sienten más cómodos. Porque al final me tomaban por loquito pero estoy participando de un cambio de conciencia. Para que se entienda mejor y quede claro, The Walking Dead no nos trajo más gente, The Walking Dead existe por nosotros”.

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«El circo del dolor» es una obra teatral macabra con sangre y vísceras.

Fotos Zombie Walk: Carolina Sevilla

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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