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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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Buenos Aires es la cuarta ciudad más ruidosa del mundo

Buenos Aires es la cuarta urbe más ruidosa del mundo, sobre todo a causa del transporte colectivo.

Por gabriel-catracchia
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Está en todos lados, pero no lo vemos. Como un desecho tóxico o una nube de humo, el ruido es uno de los factores más conta­minantes del planeta. Y en la ciu­dad de Buenos Aires, este proble­ma se presenta en la mayoría de las calles. Autos, colectivos, bo­cinas, máquinas de construcción y locales bailables hacen de esta Ciudad la cuarta más ruidosa del mundo, según datos de la Agen­cia de Protección Ambiental de Buenos Aires.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que los valores nor­males deben estar por debajo de los 70 decibeles (dB). Si se superan los 90 dB, el ruido se vuelve dañi­no. En la esquina de Juan B. Justo y Santa Fe en 1996 se medían 102,5 dB. Tres años después, 104 dB. En la intersección de Corrientes y Pe­llegrini, en 1996 los chequeos so­noros daban como resultado 92,9 dB, pero en 1999 eran 94,9 dB. Frente a este aumento desmedido de la contaminación sonora provo­cado mayormen­te por el parque automotor (au­tos, motos y prin­cipalmente colec­tivos), en 2004 se sancionó la Ley 1.540 de Control de la Contaminación Acústica, con el objetivo de prevenir, controlar y corregir los ruidos fijos y móviles que afecten a la salud de las per­sonas y el ambiente.

«Desde la sanción de la ley se ha hecho bastante, como la dis­minución de los ruidos que pro­vienen de activida­des en los locales bailables», afirma Alejandro Bada­nian, coordinador del área acústica de la Asociación Civil Oír Mejor, creada con el obje­tivo de disminuir el riesgo que pa­dece la población expuesta a los ruidos urbanos, entre otros obje­tivos. «Pero el ruido del tráfico es cada vez más elevado porque, en el caso de los colectivos, se com­pran motores ruidosos y se invier­te muy poco», agrega.

Atilio Alimena, defensor del Pueblo Adjunto, involucrado en la redacción de la ley a través de intervenciones de la Defensoría, también reconoce que el ruido que emiten los 9.600 colectivos que circulan por la diaria­mente sigue igual o peor que an­tes: «La ley es buena y útil, pero el gran problema de la Ciudad es la concentración de ruidos produc­to de la calidad mecánica de los transportes de pasajeros, que tie­nen prórrogas de vida útil de 10 a 20 años, aprobados por la Co­misión Nacional de Regulación del Transporte».

La Ley 1.540 sanciona con multas que van de los 5.000 a 50.000 pesos a los transportes que superen los 80 dB en la Ciu­dad. «Nosotros controlamos los colectivos y sancionamos a los que no cumplen las normas. Pero las prórrogas de hasta 20 años para que los trans­portes circulen en la Ciudad dificul­ta el control», ex­plica Graciela Ge­rola, directora de la Agencia de Pro­tección Ambiental del Gobierno de la Ciudad, organismo que tie­ne la autoridad de aplicación de la ley. enero y febrero, los úni­cos meses analizados de 2010, la Agencia hizo 3.600 inspecciones, en las que se labraron apenas 131 actas por transitar en malas con­diciones.

En 2008, desde la Agencia de Protección Ambiental lanzaron el «Plan Estratégico 2008-2012», con el objetivo de establecer metas y acciones concretas para un mejo­ramiento del medio ambiente en la ciudad en materia de agua, aire, suelo y ruido. Con respecto a este último, el primer paso consistió en elaborar un «mapa de ruidos» para identificar las esquinas más estruendosas. El resultado dio que la Avenida de Mayo y 9 de Julio, Las Heras y Callao, Cabildo y Jura­mento, Marcelo T. de Alvear y Pue­yrredón, son los puntos más críti­cos con niveles constantes de 80 a 90 dB. «Este mapa aún se sigue haciendo, adquirimos un software en Suecia que estamos cargando para poder trabajar», explica Ge­rola. Si bien el objetivo del Plan debería haberse consumado en 2009, el mapa hoy incluye apenas 17el 10% de la Ciudad. «Lo impor­tante es que ya pudimos empezar a utilizarlo en pequeñas ocasio­nes», se justifica Gerola y comenta como ejemplo el caso de las aveni­das doble mano. «En la Av. Santa Fe, por ejemplo, nosotros utiliza­mos este soft para cargar el antes y el después. Ahí vimos que la me­dida era buena porque en las calles aledañas, como Mansilla, Marcelo T. de Alvear y Charcas circulaban muchos colectivos dejando un ni­vel de más de 80 dB y hoy se ba­jaron unos 8 dB; mientras que en Santa Fe se aumenta 1 dB nada más, algo imperceptible.»

Contaminación invisible

Sobre la avenida Santa Fe y Bi­llinghurst, Mariela Castillo, que vive en un primer piso, dice que «la cuenta es lógica: si antes tenía­mos ruidos con algunos colectivos, ahora hay que multiplicar todo eso por dos: es un infierno». Lo mismo opina Luciano Venuti, un estudian­te que vive en un segundo piso de Pueyrredón y Peña: «En mi casa no puedo estudiar, no puedo ver una película y los viernes y sábados por la noche no se duerme. Pasan de­masiados colectivos por acá, es un ruido enfermante». El diputado por el Partido Socialista Auténtico, y miembro de la Comisión de Ecolo­gía de la Legislatura, Adrián Camps cuenta que «nos llegan reclamos de los vecinos de esas avenidas por cómo ha empeorado su calidad de vida», y reconoce que después de la sanción de la Ley 1.540, la Legisla­tura no volvió a tratar estos temas.

Para 2012, último plazo anual de este Plan Estratégico, la idea es reducir en 5 dB el nivel de ruido ur­bano, incorporar 200 buses ecoló­gicos, sancionar una ley de verifica­ción técnica vehicular y concientizar al menos al 30% población respec­to de las causas y efectos de la con­taminación sonora. Graciela Gero­la, desde la Agencia de Protección Ambiental, se sincera: «Hoy segui­mos mal, todas estas medidas son a largo plazo. Desde Banco Ciudad ofrecemos facilidades a las empre­sas de colectivos en la inversión de los buses ecológicos y avanza­mos mucho en la clausura de lugares bailables. De a poco creemos que vamos concien­tizando a la gente».

«Este tema se subestima por­que no tiene un fenómeno visi­ble», explica Ba­danian desde Oír Mejor. «Una vez que desaparece el ruido no quedan huellas, pero el efecto es acumula­tivo y por eso es enorme tanto en la salud como en el estado alterado de la gente y la agresividad.» Los especialistas explican que el ruido permanente en una ciudad como la de Buenos Aires eleva las hormo­nas de adrenalina y genera hiper­tensión arterial y estrés. A la noche, las personas necesitan conciliar el sueño con un ambiente que le de­vuelva menos de 30 dB de ruido, y eso, en dos tercios de la ciudad no se respeta. De día, para concen­trarse en una actividad, el oído hu­mano apenas puede soportar 70 dB. El 80 por ciento de la Ciudad supera esos valores.

 

Fuente Redacción Z
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