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TEMAS DE LA SEMANA

Bristol: El orgullo de los vecinos

Con más de 200 jugadores, el tradicional bastión futbolero cumple un siglo.

Por Juan Castro
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En las buenas y en las malas, el Bristol siempre está. “Es el club de Parque Patricios, de sus vecinos, lo llevamos a pulmón”, resaltan sus integrantes. El presente de la institución está en sus pibes que entrenan y compiten en fútbol infantil y Futsal.

El frente del club es una casita clara con persianas altas y un paredón enorme pintado en colores brillantes. La entrada principal es angosta y está coronada con el estandarte blanco y azul de Bristol. Adentro, un pasillo largo de baldosas, en paralelo a un comedor con fotos y trofeos, lleva a las canchas de baby fútbol.

A los costados, bajo banderas albiazules, están las gradas, que padres y socios armaron para alentar sin parar.

“También montamos un bufet para los chicos”, cuenta con orgullo y entereza Armando Rodríguez, actual presidente, con más de treinta años en distintas funciones de la entidad.

Agrega: “En estos cien años hubo básquet, vóley y patín, pero hoy se juega al fútbol. Dos tiras de FAFI y para que los chicos sigan abrimos Futsal”. Con estas dos modalidades, hay más de doscientos jugadores que se ponen la casaca de la institución.

Este presente con la redonda está a tono con los orígenes de la entidad: “Este club es el desprendimiento de lo que fue Verde Esperanza, de donde salieron también Huracán y Unidos de Pompeya”, repasa el presidente.

La fecha oficial de fundación de Bristol es el 30 de diciembre de 1915. Años más tarde obtuvo su personería. Tuvo varias sedes, entre ellas una en Urquiza y Brasil, a pocas cuadras, donde hoy hay una torre. “Detrás hay un campito y a los costados se ven todavía los laterales de la cancha”, evocan los socios.

A la actual sede llegaron en los años treinta. Allí atendía el médico del barrio, en lo que hoy es el comedor. De ahí en adelante se destacó el club en lo deportivo y social. “Los bailes eran de lo mejor de la Capital”, evoca Rodríguez. “En el salón, que está concesionado ahora para celebraciones privadas, está el piano que tocaba Juan D’Arienzo cuando pasaba por los festejos del club”, recuerda.

“Hace más de diez años estuvimos por cerrar. Nos decían Luna de Avellaneda. Ahora estamos con obras nuevas y a pesar de no tener ayudas ni subsidios ahorramos y vamos a salir adelante. Fiesta de centenario no vamos a tener pero el festejo es que todos los días el club esté abierto. Es por respeto a los vecinos, y por respeto a los que estuvieron antes”, cierra el presidente.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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