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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Brindis a la luz de las velas

Un Fin de Año complicado. Miles de personas sobreviven a oscuras, sin certezas de cuándo volverá la luz. Muchos adelantaron las vacaciones buscando un contexto más amable. El Gobierno nacional responsabiliza a las distribuidoras por la falta de inversión.

Por Eduardo Blaustein
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Debe estar entre los fines de año más desagradables desde que se inició el ciclo kirchnerista. Desagradable es muy poco si se incluye lo sucedido durante las últimas semanas, las muertes derivadas de las rebeliones policiales y los saqueos; las situaciones límite vividas por los cortes de luz; un mal humor social más que importante y extendido en la zona metropolitana que se expresó en numerosos cortes de calles de quienes durante demasiados días estuvieron o están a oscuras y con frecuencia sin agua en departamentos convertidos en pequeños infiernos.

La calle y las discusiones entre vecinos sucedidas en esas mismas calles fueron pequeños infiernos. El que escribe registró por lo menos tres cortes de calles en Vicente López más una quema de vías en una de las líneas del ferrocarril Mitre que no se reflejaron en los medios. En el sur del Gran Buenos Aires la situación fue peor. Otro corte de calles en Capital terminó con la muerte de una persona baleada por un policía y de una jovencita y sus dos hijos en un conventillo alumbrado por velas. En otras localidades murieron más personas por incendios.

En estos días desde el oficialismo se manejan argumentos de autodefensa en alguna medida atendibles pero que no alcanzan ni a amainar el malhumor ni a esconder lo que no se hizo bien, ni muestran tampoco un camino de solución estructural a los problemas en la distribución de la energía. Uno de los argumentos oficiales sobre lo sucedido es el de la extensión inaudita de los días con picos de calor. Es un dato real pero que debe formar parte de las previsiones de planificación ante el cambio climático, tal como lo deben hacer las autoridades porteñas ante las tormentas. Segundo argumento: la falta de inversión de las compañías eléctricas. También es cierto pero para eso el Estado tiene representantes en esas compañías y organismos de control y coordinación. Algún rol en el asunto de la desidia empresaria debe tener la fragmentación de quienes controlan esas empresas, que a su vez tienen intereses en el sector de la generación eléctrica. Esa composición accionaria, incluida la participación de un muy estrecho amigo de Mauricio Macri, Nicolás Caputo, se parece más a una timba de un negocio financiero que a la noción de servicio público.

Otros argumentos explican también la situación de colapso o de riesgo permanente de colapso. En estos diez años se avanzó mucho en términos de generación e integración energética y por esa suba de la capacidad de generación el sistema se bancó muy a los tumbos una mayor actividad industrial y una demanda con rasgos primer mundistas en términos de uso de aires acondicionados, computadoras, plasmas y demás artefactos eléctricos. Otro argumento oficial: en distritos en los que la distribución de energía tiene tarifas más altas, la calidad del servicio, estatal o privado, es tan mala como la de Edenor o Edesur.

Sorpresas

Así como los escenarios de saqueos, rebeliones policiales, apagones y cortes de calle parecen presentar una Argentina violentada, violenta, humeante, hay al mismo tiempo cuadros estructurales que contrastan de manera asombrosa. Primer asunto: el país atraviesa una situación económica espinosa, mucho menos holgada que la de años anteriores y con desigualdades sociales notorias. Sin embargo la situación general, con bajo desempleo y mayor inclusión social, dista de parecerse a la de finales del ciclo alfonsinista o al cuadro de profunda recesión iniciada a fines del mandato de Carlos Menem que estalló en diciembre de 2001 y se prolongó algunos años más.

Una misma Argentina es la descripta al comienzo de esta nota y la de las vacaciones para muchos que ya comenzó a vaciar las grandes ciudades. Por supuesto, no es esa la Argentina de todos; lejos está de serlo. Otro dato: con lo embromado que resultó diciembre la Presidenta conserva un buen nivel de imagen.

Esto no implica que la serie de iniciativas tomadas por el Gobierno tras los resultados de las últimas elecciones (interrumpidas por los problemas de salud de Cristina) no afronte muchos desafíos. El resultado de los acuerdos para frenar la inflación sólo podrá juzgarse en algunos meses. Otro ejemplo: si Jorge Capitanich fue designado por la Presidenta para delegar poder, administración y convertirlo en válvula de escape, el hombre ha tenido que lidiar con asuntos complicadísimos que seguramente lo dañaron en un lapso impensado. Claro que puede suceder que cesen los cortes de luz, que vuelva una cierta normalidad urbana, y que parte de las broncas se alejen por lo menos hasta marzo.

Mientras todo esto sucede hay demasiada aceleración del horizonte del 2015 y la Presidenta dijo que no piensa presentarse para ningún cargo electoral. Se sostienen a la vez algunos enigmas: hasta dónde querrá seguir poniendo el cuerpo en la administración de gobierno, hasta dónde querrá sostener su liderazgo dentro del kirchnerismo de cara al 2015 y a ese espacio mismo, hasta dónde querrá influir en las candidaturas que puedan surgir de allí. Su centralidad política, esté la Presidenta cansada o no tras diez años de intensísimo recorrido político, no está agotada en absoluto, menos aún en un país presidencialista.

Toco y me voy

Un par de fotitos sigue expresando otro tipo de carencias. Estamos hablando ahora de la oposición. Sergio Massa anduvo un tanto desmayado desde que se convirtió en la figura más expectante de la política argentina. Ha intentado prolongar su éxito electoral en actos en los que por ahora no se corrobora el augurio de la fuga en masa de kirchneristas al massismo. El sábado presentó una agenda de temas tan políticamente correcta como difusa, rodeado de figuras del peronismo disidente y algunos ex funcionarios del oficialismo. Dijo algo interesante y hasta “confrontativo” sobre Mauricio Macri y el PRO: que son una fuerza local, que son la “derecha”. Complementó la frase con la típica afirmación que no dice nada: “Nosotros somos de centro”, el “centro” como clásico del vacío, como invocación para que a Massa no le roce una sola definición peligrosa.

Macri también se vio obligado a mostrar la cara cuando ya la ciudad de Buenos Aires llevaba quince días de apagones. Llamó a conferencia de prensa, que sirvió para coordinar tareas de emergencia, hizo alguna propuesta atendible para paliar la crisis energética, interrumpió sus vacaciones.
Con un poco de suerte estos días millones de argentinos también se irán a descansar. Lo más lejos que puedan del stress, los cortes, los apagones y cualquier otra tensión que pueda derivarse de una realidad con mucho de agotadora.

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.