Tiempo en Capital Federal

24° Max 16° Min
Muy nuboso
Muy nuboso

Humedad: 46%
Viento: Sureste 32km/h
  • Sábado 5 de Diciembre
    Despejado15°   22°
  • Domingo 6 de Diciembre
    Despejado17°   23°
  • Lunes 7 de Diciembre
    Despejado18°   24°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Boxeo: segundos afuera, primer round

Un cronista relata una velada como las de antes en el Luna Park. Un nocaut memorable.

Por Federico Raggio
Email This Page
8449728-luinapark390.JPG

Son las 20.30 del sábado 20 de octubre. El Luna Park vive su segunda velada boxística del año. Hace un mes, el 22 de septiembre, peleó Diego «La Joya» Chávez contra el panameño José Miranda. Podrán realizarse distintos shows artísticos o deportivos, disímiles, extraordinarios, pero el Luna es -y siempre será- el templo del box, por más que no se pueda volver a las grandes noches de los sábados de las décadas del 50, 60 e incluso de los años 70. Y esta noche es adecuada: pelea Omar Narváez contra el mexicano Johnny García por el título supermosca de la OMB (Organización Mundial de Boxeo).
Por la entrada de Bouchard 465, poco a poco y de forma ordenada ingresan los espectadores que se dirigen a las ubicaciones del ring side. En el hall hay un ex campeón del mundo, Marcelo Domínguez. También aparece por allí Marcela «La Tigresa» Acuña. Esteban Livera, coordinador general del Luna Park -y sobrino del fallecido Juan Carlos «Tito» Lectoure, ex dueño del templo del box durante las inolvidables veladas pugilísticas- da la bienvenida. «Espero que la gente se porte bien y se vaya conforme de haber visto un buen espectáculo», expresa.

Osvaldo Principi se ubica en su lugar de prensa. Sostiene que Narváez es hoy en día el pilar del boxeo del Luna Park. Y añade: «Buenos Aires tiene cultura de boxeo y un público habituado. Hace falta el boxeador ideal que determine el movimiento, que puede aparecer de una pelea a otra. Marcos ‘El Chino’ Maidana, Sergio ‘Maravilla’ Martínez, Lucas Matthysse, los más convocantes, pelean en otro circuito que está ajeno a las posibilidades de contratación de este estadio. Pero el boxeo es el momento: una pelea, algún resultado, alguna actuación, que puedan determinar la moda del momento».

Es el momento de las peleas de fondo. En las gradas hay poco más de tres mil personas. Cerca del cuadrilátero se escucha la voz inconfundible del periodista Carlos Irusta, de vasta trayectoria en el mundo de los puños y actual encargado de prensa del Luna Park. Jorge «Locomotora» Castro firma autógrafos. Es el momento de una de las preliminares más esperadas.

«Combate encuadrado dentro de la categoría super welter. Aquí se presenta, de Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires… ¡Brian Castaño!» Luego de la introducción del locutor, baja de las gradas el aplauso para Castaño, una de las promesas del boxeo nacional, de pantalón blanco y azul. Enfrente de él, con la mirada fija, está de pantalón negro el cordobés José Carlos Paz. «Segundos afuera, ¡primer round!», acomete con su voz el locutor Néstor Gambini. Cuando los dos retadores van al choque en un cruce, la transpiración salpica a los fotógrafos ubicados alrededor del cuadrilátero.

El púgil de Casanova no defrauda. Primero con la derecha y luego un cross de izquierda al mentón de Paz. Es nocaut en el quinto round. Su velocidad y su técnica ilusionan al público porteño. Ahora es momento de una pausa. Algunos salen a fumar un cigarrillo antes del combate de semifondo de la noche: Sergio Sanders versus Billi Godoy.

Ya hay poco más de cinco mil personas ubicadas en las gradas. En la pantalla aparece la imagen del «Huracán» Narváez haciendo el precalentamiento en el vestuario. El «dale campeón» retumba por los cuatro costados. El combate de Sanders y Godoy gana en dramatismo cuando este último efectúa dos golpes antirreglamentarios. De forma categórica, el público se pone del lado de Sanders y abuchea a su retador. Se escuchan insultos. Cuando se emite el fallo de la pelea, la gente se levanta de sus asientos para vitorear a Sanders, que gana por puntos en decisión dividida gracias a su guapeza, por apenas medio punto en la última tarjeta.

23.45. Llega el momento esperado de la velada. Narváez camina lentamente hacia el ring. Se muestra impávido, imperturbable. En el cuadrilátero lo espera Johnny «El Laberinto» García, que se muestra serio y relajado al mismo tiempo. Los aplausos y el «dale campeón» no lo desencajan. En el ring lo esperan cuatro campeones del mundo: Juan Carlos Reveco, Marcela Acuña, Yesica Bopp y Érica Farías. Suenan chiflidos y piropos para las boxeadoras. Después, el himno mexicano y se oye un aplauso respetuoso. Y llega el momento del Himno Nacional argentino y Narváez se lleva la mano al pecho. Ahora el «¡Huracán, Huracán!» baja de los cuatro costados. Y otra vez, el mismo ritual del presentador cuando el chubutense y el púgil mexicano están frente a frente: «¡Ahooora sí! El combate estelar de esta noche. Por el título supermosca de la Organización Mundial de Boxeo, aquí se presenta el campeón del mundo, de Trelew, Argentina, Omar Narváez. 52 kilos, 5, 2, enfrentando al nativo de Ciudad Neza, de Estados de México, aquí está: ¡Johnny García!».

El árbitro Roberto Ramírez Jr., de Puerto Rico, llama a ambos retadores al centro del ring. «Choquen los guantes y que Dios los bendiga» les dice. Se escucha el «segundos afuera, ¡primer round!». El chubutense, zurdo, entra un poco contenido en los primeros minutos y no complica a la guardia diestra del contrincante. Quien ataca es García, aunque de forma desordenada. Hasta que en el segundo round un gancho que no entra tan claro, a la altura del hígado, lo dobla un poco al chubutense. Hace una pequeña muesca de dolor, casi imperceptible, e inhala oxígeno. De nuevo en guardia. Se escucha un silencio incómodo en el Luna. La pelea es un poco complicada para Narváez, no tanto por la capacidad del mexicano sino por sus vericuetos técnicos.

Continúa García con su libreto: tirar manos para ver si entra alguna. «Dale, Huracán» gritan algunos. Omar Narváez lo busca pero no lo encuentra. La otra parte de su plan: defender y esperar a que se desgaste, hasta que llegue la oportunidad, aunque los espectadores estén preocupados. Así ocurre cuando contraataca un jab de izquierda, pero luego vuelve a tomar las riendas el mexicano. Pero en el séptimo round, Narváez toma mejor el centro del ring y conecta un par de combinaciones rápidas que envían a García a la lona. El conteo del árbitro puertorriqueño es demasiado largo. El «¡Huracán, Huracán!» retruena desde las gradas. García apela a enmarañar el desarrollo, como el cabezazo que le inflige al chubutense y le deja una marca sobre el arco superciliar izquierdo en el octavo. Le descuentan un punto.

En el décimo round, un gancho de izquierda y una sucesión de golpes combinados que terminan con un gancho al páncreas mandan al «Laberinto» al suelo. Los asistentes comienzan a gritar desenfrenadamente y se levantan de sus butacas. Se endereza con guapeza el mexicano. Luego del conteo, otra vez: cross de derecha-izquierda-derecha. Se levanta de otra vez. Vuelve a mirar hacia su rincón con la vista desorientada. Intenta aprisionar oxígeno, se le escapa como agua de los dedos. Quedan poco más de diez segundos. Otra derecha en pleno rostro de García y no va más. Es «KOT 11» (nocaut técnico en el decimoprimer round).

Los espectadores del ring side se amontonan al costado del cuadrilátero. Aclaman al chubutense y el aplauso dura varios minutos. Llegará el momento de la entrega del cinturón al retener el título supermosca de la OMB. Y volverá la nostalgia por este tipo de noches.

Éste iba a ser un año sin boxeo en el Luna, según Esteban Livera. «No estaban en nuestros planes y por suerte tuvimos estas dos fechas». Y adelanta algo de lo que puede ser el próximo festival boxístico: «Ahora estamos negociando para ver si podemos tener el miércoles 12 de diciembre al ‘Chino’ Marcos Maidana. Ésa es la intención. Están avanzadas las negociaciones, pero todavía no hay nada confirmado». A su lado, van saliendo los testigos de la última cita hacia la calle. Es que una noche la catedral del deporte de los puños emuló en cierta manera aquellos sábados gloriosos. Luna Park-noche-sábado-boxeo: sinónimos de hazañas y pasión.

 

DZ/sc

Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario