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“Fue el gran renovador de la lengua española”

La autora de Borges. Esplendor y derrota, conoció al autor en su juventud y compartió con él años de trabajo y amistad. Así lo recuerda, a treinta años de su muerte.

Por Juan Pablo Csipka
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Borges y María Esther Vázquez (8)
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María Esther Vázquez es palabra autorizada para hablar de Borges. Lo conoció de joven y más tarde trabajó con él en la Biblioteca Nacional. Años de amistad y viajes la nutrieron para escribir Borges. Esplendor y derrota, una biografía publicada en 1996, considerada entre las mejores que se hayan hecho del autor de El Aleph.

¿Cómo fue su encuentro con Borges?

A Borges lo conocí con compañeras de facultad, fuimos a su casa, yo ya lo había leído; la madre ofreció un té que no podía tragar por la emoción de conocerlo. Más tarde se abrió una vacante en la Biblioteca Nacional y ahí trabajé con él. Nos hicimos amigos, al punto que me preguntó cuál poema suyo me gustaría que me dedicase. Le dije que el poema de los dones, que es muy triste, habla de la ceguera.

¿Por qué se lo sigue leyendo?

Porque hay un antes y un después de él. Fue el gran renovador de la lengua española en el siglo XX. No es que haya sido original en sus temas. Salvo en La memoria de Shakespeare, trató temas que ya habían sido abordados. La novedad pasa por su escritura, que es única. Se habla de sus cuentos, pero los poemas y los ensayos también son importantes. Para mí, toda su obra está prefigurada en sus tres primeros libros de poesía. En Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno San Martín se condensa toda su obra. Borges renovó el idioma, ese es su mérito, no hay una coma de más, su poder de síntesis es infinito. “La noche era olorosa como un mate curado”, un verso de Fervor de Buenos Aires, es una metáfora que a nadie se le había ocurrido. Él descubre el idioma y se acerca con mucho rigor. Creo que influyó su estudio del latín en Ginebra, fue un muy buen latinista. Es un idioma muy sintético, y eso lo marcó.

¿Cuál es su texto favorito de Borges?

La memoria de Shakespeare, que es su último cuento, publicado en 1983. Le dediqué un estudio y lo publicaron en la India. Ahí da una vuelta de 180 grados a lo que pensó. En el soneto Everness escribió: “Sólo una cosa no hay, es el olvido”.  Como que la memoria se condensa al mismo tiempo en presente, pasado y futuro, ¿no? Y en su último cuento reniega de eso. En el cuento le ofrecen la memoria de Shakespeare y cree poder sentir el momento glorioso en que a Shakespeare se le ocurrieron sus grandes obras, y en verdad recuerda cosas pequeñas, anecdóticas. Borges abjura de la memoria y se confunden ambas memorias por nimiedades, es como si se diese cuenta que la memoria no es lo esencial, no existe, que uno olvida muchas cosas. Cuando volvés sobre tu vida y hay cosas que olvidaste.

Beatriz Sarlo dijo que sin Borges, gran parte de la centralidad de la literatura argentina hubiera pasado por Oliverio Girondo…

Sarlo es una gran intelectual, de ideas brillantes, pero no coincido con esa apreciación. Nunca me puse a pensar en cómo hubiera sido nuestra literatura sin Borges. Es difícil decirlo. Tal vez tendrían mucha mayor relevancia Bioy Casares y Cortázar. Pasa que los dos, sobre todo Cortázar, son hijos literarios de Borges.

¿Cuánto influyó Victoria Ocampo en la vida de Borges?

Fue importantísima. Borges tuvo ocho operaciones en la vista antes de quedarse ciego. Las primeras las pagó ella, sin que él lo supiera. Después pagó sus primeras conferencias cuando pierde el cargo en la Biblioteca Miguel Cané, y fue quien lo recomendó para director de la Biblioteca Nacional. El vínculo con Bioy Casares empieza porque ella los presentó. Borges tuvo palabras de agradecimiento después de la muerte de Victoria, en vida de ella  no se portó muy bien.

El despido de la Biblioteca Miguel Cané quedó envuelto en la polémica.

Borges llegó a esa biblioteca gracias a una vacante. Francisco Luis Bernárdez, un escritor amigo, fue quien lo recomendó. Era una biblioteca que funcionaba con 15 empleados y había 50. Era en la calle Carlos Calvo, tenía una hora de viaje en tranvía, la zona era triste en esa época, y se la pasaba encerrado leyendo. Yo pude hablar con el superior que lo echó. No hubo trasfondo político: lo consideraba un inútil. Llegó el traslado a un instituto de apicultura y ahí Borges dijo que era como que lo mandaban a cuidar aves y gallinas. Tenía esas salidas, como cuando Victoria le dijo que lo había recomendando para la Biblioteca Nacional. Borges respondió que le gustaba más la biblioteca de Adrogué. “No hay caso, usted es un idiota”, le contestó ella.

¿Cuándo se produce el salto de Borges a nivel mundial?

Ese fue otro mérito de Victoria. En vísperas de la Segunda Guerra invitó al francés Roger Callois a Buenos Aires, que quedó varado por el conflicto en Europa. Victoria se encargó de traer a la esposa y al hijo, y los acomodó en Buenos Aires. Ella le encargó que tradujera a Borges al francés. Cuando termina la guerra, esas traducciones llegan a Francia. Julián Marías, el filósofo español, tenía una frase muy linda. “Cuando París aspira rapé, Francia estornuda y Europa se resfría”. París era una usina de arte muy importante. Eso, y luego el Premio Formentor en 1961, que hizo que lo tradujeran a todos los idiomas, lo posicionó en el mundo.

¿Coincide en que no le dieron el Premio Nobel por sus posturas políticas?

Creo que las posiciones políticas de Borges son anecdóticas. Más pasa el tiempo y más se admira su obra. Tomemos el caso de Quevedo. Se sabe que no era un modelo de buena persona en la España del Siglo de Oro, pero admiramos su obra. Con Borges pasa algo parecido. Aparte que de política no entendía nada, sólo le interesaba la literatura. Lo del Nobel no fue tanto por política. Él se burló de un poema de un académico sueco, que además era su traductor. El académico luego llegó a tener un cargo importantísimo y se encargó de que no ganara el Nobel..

¿Qué imagen queda de Borges?

Sólo le interesó en su vida una cosa: la literatura. Ensayó acercamientos a distintas filosofías en sus cuentos, leyó todo. Fue un lector formidable, único. Ya excede la cuestión de la argentinidad. Es universal. Cada siglo tiene una cumbre, y él es la cumbre del siglo XX.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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