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TEMAS DE LA SEMANA

Boedo: siempre está de moda

Tango, cafés, teatros, amas de casa, pastores evangélicos y porteños de a pie.

Por Paula Jiménez España
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Barrio sensible si los hay: entre Independencia y San Juan, sobre el antiguo Boedo que más allá desembocará en Pompeya, son cada vez más los teatros, centros culturales y bares –sobre todo bares– que mantienen intacto su tradicional espíritu. Algunos de ellos ya llevan más de un siglo en pie.

En la esquina de Boedo y pasaje San Ignacio, por ejemplo, se yergue Margot, orgulloso inventor del sándwich de pavita y sus derivados. Sobre una de sus mesas puede leerse una placa de bronce que recuerda la magia: “La mesa de soñar. Aquí nacieron Realizaciones culturales Boedo XXI, Ediciones Papeles de Boedo, Periódico de Boedo, Grupo Baires Popular”.

Margot, que nunca se llamó Margarita, en realidad abrió sus puertas en 2003 y es la firma que suplantó a Trianon, el ahora bar vecino, que fue inaugurado en esta histórica esquina en 1904. A pocas cuadras, en el emblemático cruce con San Juan, el enorme Café Homero reafirma, ya desde su nombre, la pertenencia barrial al dos por cuatro, eternizada en “Sur”, el clásico de Manzi y Troilo.

Las noches tangueras del Homero, con sus cenas shows y sus afamados cantores y bailarines sobre el lujoso escenario, contrastan con las que hacen los músicos jóvenes y aficionados que, guitarrita en mano, en la puerta del Centro Cultural El Surco, le ponen voz a “Malena” o a “Naranjo en flor” bajo la luna veraniega.

En esos momentos, ese sector de la avenida es una fiesta, un encuentro vecinal: unos caminan, otros charlan sentados en la plataforma que rodea el altísimo mástil en la puerta del Banco Ciudad y cerca, de un piano arrabalero sale música ejecutada en vivo en  Pan y Arte (este teatro-bar congrega en sus veredas una clientela que se viene de todas partes para ver sus obras, probar sus picadas, sus vinos mendocinos, sus cervezas artesanales). En cambio, en los inviernos, la diversión está adentro y por eso, idealmente para los días fríos (aunque para cualquier otro día también), a Boedo no le vendría mal recuperar el cine que perdió cuando la inmensa sala ubicada al 860 fue suplantada por Visión de Futuro.

Esta iglesia, fundada por el reverendo Omar Cabrera –en 1992 fue el primero en transmitir el cristianismo evangélico por TV–, cuenta con una buena cantidad de seguidores que los domingos a la mañana son prácticamente los únicos en el barrio en estar despiertos. En general, prolijos y esmerados, se diferencian de los remolones vecinos que de a poco asomando sus narices. Jóvenes, adultos, ancianos –porque Boedo está de moda para todas las generaciones–, suelen pasear despreocupados, ir a desayunar o salir con sus perros (cuando no con su gato atado o montado sobre un hombro, como se ha visto en estas calles más de una vez). En esas mañanas se descubre una avenida distinta; el silencio deja paso a la visión de lo que el murmullo cotidiano oculta porque la percepción se distiende y entonces entran, por ejemplo, las antiguas y bellísimas casas o PH de ampulosas ventanas y balcones franceses que todavía se conservan, construidos en los primeros pisos. Son elegantísimas fachadas visitadas por las palomas y rayadas por el negro de los cables, que muestran la herencia de una arquitectura europea despojada, opuesta al barroco panorama comercial que se impone debajo  (casas de ropa,  kioscos de revistas –uno por cuadra en cada mano de la avenida–, florerías, perfumerías, bancos, supermercados, veterinarias, panaderías, ópticas y una larguísima lista).

Aun así, si algo define a esta parte del sur no son sus negocios, sino su bohemia. Más que en muchos barrios de la ciudad, en éste aplica aquel famoso verso de Horacio Ferrer sobre ese qué sé yo que tienen las callecitas de Buenos Aires. Aunque, en verdad, Boedo no es una callecita sino una gran avenida, pero grande no en el sentido del tamaño, como lo son Rivadavia o 9 de Julio (aunque a ésta la corte el subte dos veces y sus veredas sean las más anchas de la capital), sino en el sentido de una mística y una historia riquísima que en parte es también la de nuestra poesía y la de nuestra música popular.

Fuente Redacción Z
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