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TEMAS DE LA SEMANA

Boca-River: Un límite que no existió

El análisis del superclásco de ayer por Alejandro Fabbri.

Por Alejandro Fabbri
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Marcelo Gallardo debe haber insistido muchísimo en la presión sobre la salida de Boca, en la lucha para pelear y recuperar cada pelota, en dejar atrás la amargura del último partido, que sus jugadores le respondieron con creces. River se quedó con la victoria por 1-0 en la primera mitad del duelo entre los gigantes argentinos de la Copa Libertadores y lo hizo con justicia, pero con la complicidad de un arbitraje impropio para semejante choque.

Lamentablemente, Germán Delfino no estuvo a la altura de la exigencia, porque toleró una suma de infracciones violentas que cometieron tres jugadores riverplatenses. No hay ninguna duda de que Vangioni o Funes Mori o Carlos Sánchez debieron irse expulsados por sus acciones peligrosas para el físico del adversario. O quizá dos, o los tres, incluso.

River necesitaba cambiar la actitud de la Bombonera, jugar al límite para amedrentar a un rival con más fútbol, más fresco y con un banco lujoso y numeroso. Lo consiguió, pero pudo haber pagado un precio muy duro si Delfino se decidía a sancionar con el rigor que correspondía. Los golpes de Vangioni y Funes Mori demuestran cierto desequilibrio emocional en ambos jugadores, porque no es la primera vez que lo hacen, ni parece que será la última. Irresponsables, debieron irse a las duchas mucho antes del final del juego.

El técnico Arruabarrena dudó hasta horas antes del choque si incluir o no al uruguayo Lodeiro: cuando se enteró del ingreso de Ponzio para reforzar el mediocampo local, lo quitó y fue su mejor idea, porque Lodeiro iba a estar listo para entrar en el segundo tiempo. Al final, creyó que la pausa del uruguayo jugando más adelante sería más útil, pero el tiro le salió por la culata. Quitó a Carrizo de los titulares y lo sentó afuera. Su decisión privó a Boca de tener más velocidad y potencia adelante.

Encima, fue muy flojo el aporte de Fernando Gago. Presionado por los mediocampistas de River, perdió la compostura muy rápido y nunca sintonizó la onda del partido. Su aporte se devaluó aún más cuando complicó a Marín y éste le hizo penal a Martínez, transformado en gol por el uruguayo Sánchez. El partido se encaminaba a un empate altamente posible, River no había generado lo suficiente y Boca desperdició su buen inicio de segundo tiempo.

Esa pelea, la del mediocampo, la ganó la dupla Kranevitter-Ponzio, un acierto de Gallardo al ponerlos juntos después de tanto tiempo. River se hizo fuerte ahí, pese a que Driussi fue superado por el clima de final del mundo que envolvió al Monumental y la dupla Teo-Mora tuvo pocos aciertos. El colombiano dilapidó dos chances y se hizo echar tontamente, quedando fuera de la revancha y demostrando su poco compromiso con partidos decisivos. Nadie lo puede cambiar, a esta altura de su carrera.

River cumplió su objetivo central: que Boca no le hiciera goles en el Monumental y llegar con el arco invicto a la Bombonera. De yapa, encontró el triunfo en ese error de Gago, el penal y la conversión. Mostró mucha vehemencia en su juego, algo impropio de su historia, pero está visto que a veces se puede cambiar un estilo ante un rival que pintaba para más en la teoría y no supo cómo agredirlo. La mala aplicación de las tarjetas que hizo Delfino lo favoreció claramente, porque no se explica cómo no hubo ninguna roja antes de que se fuera Teo Gutiérrez.
Seguramente, la historia en la Bombonera será bien distinta. A un River sacado, casi jugando enfurecido por momentos, le corresponderá un Boca equivalente, debiendo esperarse que el libreto elemental de violencia de algunos jugadores no se generalice y con un arbitraje menos permisivo y más decidido a aplicar el reglamento se encauce un juego fuerte, pero sin esa dosis de mala intención que siempre sobrevuela el fútbol criollo.

El Vasco tiene tiempo y plantel para cambiar piezas, buscar la manera de recuperar al Cata Díaz, su mejor pieza defensiva y armar un medio juego más aguerrido y con más fútbol. Seguro que Daniel Osvaldo será titular, que Lodeiro irá a su puesto real unos metros más atrás, que Meli no se comerá el banco de los nervios otra vez. Los nervios de no haber convertido afuera, serán también una carga.

En suma: nada está definido. River tiene ventaja, pero exigua. Boca cree en su potencial, que es mayor al de su archirrival. Se verá si con eso alcanza. Los clásicos, como todos sabemos, pueden ser bien distintos a todo. Ahí está la historia, que lo demuestra a cada rato.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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Enrique Alejandro Fabbri (Caballito, Argentina, 1956) es un periodista deportivo especializado en fútbol, de larga trayectoria en los medios especialmente en la TV. Es uno de los periodistas con...