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Boca campeón, una verdad indiscutible

Por Alejandro Fabbri. Los sorprendentes números del xeneize, que se consagró anticipadamente.

Por Alejandro Fabbri
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A su modo, este equipo de Boca armado por Julio Falcioni ha sido un campeón sin defectos. O, en todo caso, con muchísimas más virtudes que los restantes diecinueve equipos participantes del torneo Apertura. Incluso, permite una comparación con aquel cuadro xeneize que dirigió Carlos Bianchi en 1998 y que conmocionó a todos por su gran campaña.

Un paralelo que nos puede remitir a este equipo moldeado por Falcioni que ha hecho de la defensa de su propio arco una cuestión de Estado. Los goles recibidos (4 en 17 partidos) lo ponen en la antesala de la mejor marca histórica en los torneos cortos, que están cumpliendo veinte años de vigencia, o sea que son 40 campeonatos de 19 jornadas cada uno.

Para conseguir esto, Boca modificó radicalmente su defensa anterior. Orión reemplazó a Javier García y a Cristian Lucchetti, quienes habían alternado en el arco boquense. Volvió Roncaglia de su préstamo en Estudiantes y el entrenador lo ubicó como lateral derecho. Iba a ser suplente de Franco Sosa, pero la lesión del tucumano lo marginó y Roncaglia rindió lo suficiente como para conformar a Falcioni. Llegó el veterano Rolando Schiavi, de una floja temporada en Newell’s. Sin embargo, su desempeño fue clave para fortalecer a sus compañeros e inyectarles esa mística boquense que estaba faltando.

Schiavi cumplirá 39 años en enero y juega como un futbolista quince años menor. Su sintonía con el chaqueño Insaurralde fue crucial para la seguridad en el fondo, tomando en cuenta que ambos habían sido compañeros y formado una dupla rocosa en Newell’s anteriormente. Como si fuera poco, Clemente Rodríguez pasó a marcar el costado izquierdo de la defensa y no tuvo problemas ni wines con quienes lidiar. Fue figura en varios partidos y no faltó nunca, coronando su resurrección con un gol a Estudiantes en la Bombonera. Delante de ellos, Leandro Somoza retomó el nivel que había tenido varias temporadas en Vélez y fue el mediocampista central que Falcioni quería y conocía desde pibe.
Con semejante andamiaje defensivo más el equilibrio y ayuda que significaron Diego Rivero por el costado derecho (un jugador que parecería nacido para ponerse la camiseta auriazul) y Walter Erviti por la zona central izquierda (volviendo a su labor de aquel Banfield campeón años atrás) hicieron una formación insuperable para cualquiera de los rivales que lo enfrentaron.

Una prueba más: Boca recibió 4 goles, de los cuales dos fueron de tiro libre (zurdazo de Méndez, en el empate con San Lorenzo y derechazo de Nicolás Castro, de Rafaela), el propio Insaurralde venció a su arquero en la cancha de Lanús y el cuarto fue el único ‘en serio’: tremendo zurdazo desde fuera del área despachó Ariel Rojas, el buen volante de Godoy Cruz, cuando ya la victoria de Boca no peligraba. En suma, una defensa colosal.

Para generar fútbol, Falcioni confió en Juan Román Riquelme, después de desconfianzas mutuas y de la placidez de un vestuario aliviado por el retiro de Martín Palermo, no porque el gran goleador fuera complicado sino porque compartía liderazgos distintos con Riquelme y eso causaba ciertos inconvenientes. Riquelme hizo una buena pretemporada y jugó hasta donde su físico se lo permitió: brilló en varios encuentros (contra Unión, Lanús y Estudiantes) y demostró su condición de líder. Mantuvo buena relación con el entrenador y el mutuo respeto se tradujo en varias declaraciones en los medios de prensa.

Desgraciadamente, el último partido de Riquelme (ante Belgrano, empate sin goles en la Bombonera) coincidió con la grave lesión de Lucas Viatri, que fue muy bien reemplazado por Nicolás Blandi en el encuentro siguiente: Blandi, producto genuino de inferiores, metió los dos goles de cabeza para el triunfo boquense en Santa Fe. Repitió con otro doblete ante Atlético de Rafaela y el campeonato se terminó para los supuestos perseguidores de Boca, cuando Racing no pasó del empate en un partido donde su propio arquero, Sebastián Saja, fue la gran figura.

Por si hacía falta, la vuelta de Darío Cvitanich le aportó el plus de gol que se reclamaba, lesionado Blandi también. Fueron 22 goles en 17 fechas, poco si se compara con el Boca demoledor de Carlos Bianchi en 1998/2003, pero los suficientes para ganar el torneo a tres fechas del final. Ni la Academia de Simeone, ni el tímido Lanús, ni un Vélez disminuido por el alejamiento sorpresivo de sus mejores figuras, ni River jugando en segunda división, ni Estudiantes desconocido, ni San Lorenzo e Independiente, preocupados en otros menesteres. Todos se fueron quedando, dándole más argumentos y facilidades al Boca hecho por Falcioni.

Por eso, a la hora de discutir y buscar razones de tamaña ventaja, hay elementos imposibles de olvidar. Dureza defensiva, funcionamiento aceitado, piezas bien ubicadas por el entrenador, la suficiente capacidad de gol para definir un encuentro y un grupo hecho y derecho. Dentro y fuera de la cancha. Entonces, no hay nada para discutirle a este Boca, versión Falcioni.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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