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Bisturíes públicos al servicio de la belleza

Pacientes de los hospitales porteños pueden acceder a cirugías estéticas.

Por helena-segat
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Lipoesculturas, cirugías para aumentar talles de corpiño o para bo­rrar bolsas de los ojos: según un estudio de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica, la Argentina ocupa el tercer lugar entre los países con mayor núme­ro de cirugías estéticas, detrás de los Estados Unidos y de México. En Buenos Aires, el fenómeno se extiende a la salud pública: en al­gunos hospitales porteños se rea­lizan este tipo de intervenciones a precios más accesibles que los del sector privado, y cada vez son más quienes recurren a la alterna­tiva pública. Si bien la mayoría de las interesadas son mujeres, los hombres también consultan, en general por rinoplastías. Los tur­nos se obtienen por la mañana y para iniciar los exámenes prequi­rúrgicos es necesario presentar el DNIy, en caso de contar con ella, el carnet de obra social. Aunque el pago no es obligatorio, a los pacientes se les pide que apor­ten entre $ 500 y $ 900, como mínimo, para la cooperadora de la institución. Esas operaciones, en una clínica privada, rondan los $ 9.000.
La gran diferencia entre un quirófano público y uno priva­do es el tiempo que transcurre entre que se solicita el turno y el momento de la cirugía; en el hospital público hay que esperar hasta un año y medio. Y siem­pre puede suceder que se cam­bie la fecha de la operación. «En el hospital hacemos operaciones de cirugía plástica reparadora: párpados en pacientes añosos, narices con deformaciones es­téticas o pabellones auriculares asimétricos. La operación más común en nuestro servicio es la corrección de párpados (blefaro­plastia)», cuenta Jorge Patané, jefe de Cirugía Plástica del hos­pital Fernández. De todos mo­dos, la `prioridad la tienen las cirugías plásticas reparadoras y reconstructivas: cánceres y tu­mores de piel, secuelas de ac­cidentes y quemaduras, defor­maciones faciales y corporales, reconstrucciones mamarias. «Como el hospital está ubica­do en Palermo, tenemos un por­centaje importante de pacientes de clase media, aunque también se ha incrementado la demanda proveniente de la provincia de Buenos Aires, del interior y de países limítrofes», dice el doctor Patané, que trabaja en el hos­pital desde 1977. El equipo del Fernández practica entre ocho y diez intervenciones por semana; está integrado por un jefe, cinco médicos de planta y 10 concu­rrentes, pasantes o profesiona­les que realizan un posgrado.
«La atención me pareció bas­tante buena. Me hicieron venir a las 7 de la mañana, me anota­ron en una lista y comenzaron a atender a las 8. Los turnos pa­san rapidísimo, de a cinco perso­nas. Hay varios médicos y todos responden inquietudes; lo im­portante es preguntar todo, por­que si te olvidás algo, hay que esperar hasta la próxima consul­ta», cuenta Sofía, que en abril se hará un implante mamario en el hospital Argerich. Para operarse, Sofía tendrá que contribuir con mil pesos para la cooperadora y comprar las prótesis de silicona indicadas por los médicos, que rondan los US$ 900. «Me quiero operar desde hace años pero me resultaba imposible pagar la in­tervención privada. En enero me enteré que la hacían en el Arge­rich, que es un excelente hospital. Tengo muy buenas referencias de otras chicas que ya se operaron», cuenta Sofía, que prefiere reser­var su apellido. En el Argerich se practican alrededor de 120 ope­raciones mensuales. La mayoría son implantes de mamas en mu­jeres entre los 25 y los 30 años. A partir d esa edad, comienzan los pedidos de lifting y lipoaspira­ción. No sólo se acercan pacien­tes de clase media baja, sino mu­chos que cuentan con medicina prepaga pero que eligen la alta calidad mé­dica del hospi­tal.
El servicio de Cirugía Plásti­ca del Hospital de Clínicas hace unas 500 cirugías anuales. Su jefe, el doctor Oscar Zimman, afirma que las operaciones más pedidas son aumentos mamarios y abdominoplastías, y que esta­rían en condiciones de hacer mu­chas más si dispusieran de más quirófanos y anestesistas. «Tra­bajamos con los mejores están­dares, los mismos que se usan en las clínicas privadas de excelen­cia», se enorgullece Zimman. De este modo, las cirugías plásticas, que comenzaron siendo un lujo estético para pocos, se vuelven un hábito accesible para cada vez más cuerpos insatisfechos

Fuente Redacción Z
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