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TEMAS DE LA SEMANA

Bernardo de Monteagudo, un libertador americano

El Bicentenario invita a revisitar la historia de nuestro país.

Por victoria-camarasa
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Este tucumano, nacido en 1789, fue un hombre clave no sólo de la independencia argentina sino americana. Estudió en Córdoba y luego, como Mariano Moreno y Juan José Castelli, en la Universidad de Chuquisaca. Allí se graduó como abogado, con una te­sis titulada «Sobre el origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento». Aunque sus ideas parecían más bien conservadoras, los acontecimientos europeos y la repercu­sión de éstos en América fueron radicali­zando su ideología.

Monteagudo fue uno de los artífices de la rebelión de Chuquisaca de 1809. En esa ocasión se manifestó abiertamente en con­tra de los abusos de la administración vi­rreinal y sugirió la necesidad de conformar un gobierno propio. Por ese levantamiento, que se adelantó un año a la Revolución de Mayo, fue encontrado culpable de desleal­tad al rey y hecho prisionero en la Real Cár­cel de la Corte de Chuquisaca. Liberado a fines de 1810, partió hacia Po­tosí y se puso a disposición del ejército expediciona­rio al mando de Caste­lli. Ideológicamente cer­cano al pensamiento de Moreno y admirador de la Revolución Francesa, las medidas libertarias e igualitarias impuestas por Monteagudo y Castelli enervaron no sólo a los realistas sino al ala saave­drista de la Primera Junta.

Monteagudo, que di­rigió la Gazeta de Bue­nos Ayres, a lo largo de su vida participó y fun­dó numerosos periódicos, cuyos tí­tulos ha­blan por sí mis­mos: Mártir o Libre, El Grito del Sud, El Inde­pendiente, El Censor de la Re­volución. El periodismo fue un factor determinante de su importantísimo rol de ideólogo de las revolucio­nes americanas.

Sus posiciones polí­ticas y el incondicional apoyo a Carlos María de Alvear le costó el destie­rro, y recién pudo regre­sar en 1817, convocado por José de San Martín. Tuvo una activa participación en la elaboración del Acta de Independencia de Chile y ayudó al Libertador con los preparativos para la expedición a Lima, que buscaba la caída del úl­timo reduc­to realista.

Los sec­tores criollos más conservadores de la so­ciedad peruana no toleraron la presencia de Monteagudo y en julio de 1822 se pro­dujo un golpe en su contra. Radicado en Quito, tras la célebre entrevista de Guaya­quil (donde San Martín cedió a Simón Bo­lívar la segunda campaña de independen­cia americana) fue incorporado al círculo íntimo del libertador venezolano. Bolívar le confió la tarea de preparar el Congreso Anfictiónico, que debía reunirse en Pana­má para concretar la tan ansiada unidad la­tinoamericana.

El brillante Monteagudo también co­sechó enemigos entre los colaborado­res de Bolívar. La noche del 28 de ene­ro de 1825 fue sorprendido frente al convento de San Juan de Dios de Lima cuando iba a visitar a su amante, Juani­ta Salguero. Candelario Espinosa lo ase­sinó de una puñalada en el pecho. Dos si­glos después, el ideario de Monteagudo sigue vigente: «Todos aman a su patria y muy pocos tienen patriotismo: el amor a la patria es un sentimiento natural, el patriotismo es una virtud: aquél procede de la inclinación al suelo donde nacemos y el patriotismo es un hábito producido por la combinación de muchas virtudes, que derivan de la justicia. Para amar a la patria basta ser hombre, para ser patrio­ta es preciso ser ciudadano, es decir te­ner virtudes de tal».

 

Fuente Redacción Z
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