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TEMAS DE LA SEMANA

Basura Cero es sólo un eslogan

Los residuos que el gobierno porteño envía a relleno excenden los estipulados por la ley.

Por Cecilia Alemano
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Basura cero» está más cerca de ser un eslogan sin contenido -y menos efectivo que su inspira­dor, el famoso «tolerancia cero» del ex alcalde de Nueva York, Ru­dolph Giuliani- que una realidad en la ciudad de Buenos Aires.
De acuerdo con un informe de Green­peace, basado en datos proporcio­nados por la Coordinación Ecoló­gica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), la Ley 1.854 implementada en 2007 está lejos de cumplirse. Por el contrario, los dos últimos años fueron los de ma­yor enterramiento de residuos de la última década.

La Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) prevé un conjunto de acciones con las que el gobierno porteño debe asegurar la reducción pro­gresiva de desechos a través de su reciclado, recuperación y minimi­zación. Esas metas establecían un 30 por ciento menos para 2010, 50 por ciento para 2012 y un 75 por ciento para 2017. Pero, ni cer­ca de ese cometido, durante 2009 la Ciudad envió a rellenos sanita­rios 1.847.748 toneladas de resi­duos, aumentando la cantidad en un 0,2 por ciento, unas 3.730 to­neladas más que en 2008. El por­centaje, que puede parecer de es­casa relevancia, es alarmante ya que 2008 había sido un año de fuerte incremento de rellenos sa­nitarios (14 por ciento más de to­neladas que en 2007).

El aumento del enterramiento de residuos domiciliarios es grave por varios motivos. En primer lu­gar, por los riesgos sanitarios que comporta (ver aparte); en segun­do lugar, porque se produjo en un contexto de retracción de los há­bitos de consumo por parte de la población porteña. Además, en esta fracción se encuentra la ma­yor parte de los residuos secos y húmedos, que representan el 70 por ciento de los desechos gene­rados en la y que son los que podrían reciclarse.

Justamente, el principal re­troceso, de acuerdo con el in­forme de Greenpeace, tiene que ver con la recolección diferencia­da de residuos para su posterior aprovechamiento. El sistema se está pagando, pero no funciona. Las empresas recolectoras -Cliba, AESABs. As., Urbasur, Nittida e In­tegra cobran alrededor de $ 100 millones por año por un servicio que ya no prestan. Por eso, desde hace casi dos años, los centros ver­des de reciclado sólo son abaste­cidos por los recuperadores urba­nos, que llevan únicamente papel y cartón y que, en su mayoría, tra­bajan en la informalidad.

Sí en cambio, la gestión de Mauricio Macri avanzó con lo que el informe de Greenpeace denomi­na «paradigma higienista», es decir, la limpieza de la Ciudad, promovi­da a través de las campañas «Jugá limpio» y «Ey». Pero según los ex­pertos, el problema continúa bajo la superficie: «Estamos producien­do más de cinco mil toneladas de basura por día. Podríamos producir el doble y seguir con la Ciudad lim­pia, porque los rellenos contaminan gigantescas zonas de la provincia», explica Lorena Pujó, de Greenpea­ce, integrante de la campaña contra la contaminación. En este sentido, y en medio de la polémica desatada entre Mauricio Macri y Daniel Scioli por los rellenos en territorio bonae­rense, en que el gobernador asegu­ró estar «podrido» de que Macri no cumpla con el plan de Basura Cero y que cada vez sea más el tonela­je que la Capital descarga sobre la provincia, el gobierno porteño in­tenta buscar soluciones provisorias.

Diario Z pudo saber que el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, viajará la próxima semana a Londres para asesorarse sobre dos nuevos sis­temas de incineración de basura, actualmente prohibidos por la Ley de Basura Cero. «Todos los siste­mas de combustión de residuos, por más modernos que sean, con­taminan», advierte Pujó. «Ave­ces se presenta como argumento que hay países desarrollados que los utilizan, pero lo que se oculta con ese dato es que esos Estados tienen tasas altísimas de recicla­do, del 40 por ciento o más. El ac­tual sistema es insensato desde el punto de vista social, económico y ambiental porque se están ente­rrando materiales que son irrecu­perables, se está pagando por eso y hay mayor presión ecológica por generar nuevos bienes que van a ser desechados y enterrados.»

 

Fuente Redacción Z
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